Nuestra montaña en Buenos Aires
Por Andrés Cáceres
(Diario Los Andes Suplemento Cultura - 11/07/2004)

Ni la gran urbe ni su estancia en París le quitaron su aire distinguido ni la sencillez que siempre tuvo. Dice que suele pasar días sin hacer nada hasta que siente la necesidad imperiosa de pintar y espontáneamente aparecen los temas, relacionados con las propias vivencias, lo cotidiano, lo afectivo, lo social.

-¿Qué hubo de particular en tu última etapa?

-Pasé por una situación bastante difícil, me encerré a trabajar, empecé a despojarme de todo y en ese despojarme, comenzaron a salir cosas nuevas, como por ejemplo, la serie "Déjalos ir". Muchos me preguntan si me refiero a mis hijos, que ya son jóvenes, y les respondo que no, que es a todo. Para seguir avanzando hay que desprenderse de muchas cosas y en ese dejarlos ir están incluidos hasta los pensamientos, los reiterativos, por ejemplo. Entonces, es posible fluir.

-¿Te sirvió para un reencuentro con vos misma?

-Sí, totalmente, es un proceso de reencuentro y de mayor acercamiento a mí misma.

-¿Estilísticamente ha sido un volver a tus principios?

-Puede ser, porque uno cree que está haciendo cosas nuevas y de pronto cae en la cuenta de que es una continuación de algo y que siempre hay elementos que uno lleva consigo sin saberlo.

-¿Tuviste etapas de contrastes fuertes?

-Pocas veces, porque mi carácter no es de contrastes sino más bien de suavidad y no condice con momentos que he vivido en que debí pintar con mucho contraste, pero no lo hice. Lo puedo hacer si quiero y eso es lo importante, sólo que tengo una concepción estética que lo excluye. Es una cuestión de gusto personal.

-¿Están los colores de la montaña mendocina en tu obra?

-Totalmente. Sólo que recién ahora tomé conciencia, porque no me daba cuenta. He pasado unos pocos días en la montaña, la vi de cerca, la viví y descubrí que tiene los tonos pastel que yo utilizo casi con exclusividad: los rosas, los celestes, los violetas.

-¿Buenos Aires logró meterse en tus cuadros?

-Sí, también está. Lo que hice durante varios años, monocromático, en grises sobre grises, con fugaces apariciones de violetas, es el Buenos Aires que yo siento.

-¿Qué maestros han incidido más en tu trabajo?

-Acá estuve con Ducmelic y mucho con Fabián (Galdamez) porque me casé con él. Ambos me brindaron enseñanzas fundamentales. Después me fui formando sola porque lo tenía a Fabián todo el tiempo y para lograr mi estilo dibujé mucho. He tenido la ventaja de estar cerca, desde muy joven, de Santiago Cogorno y Leopoldo Presas. Además, viví en Europa. Creo que me he autoformado.

-¿Dirías que tu pintura es intimista?

-Sí, lo es. Por eso, justamente, no tengo colores vibrantes. La temática, el dibujo y el color son intimistas.

-¿Cómo caracterizarías el arte de los jóvenes en Buenos Aires?

-Como muy apurado (ríe). Tienen apuro por hacer cosas novedosas y les está faltando el apoyo conceptual.

-¿Qué opinás de las instalaciones?

-Me gustan cuando tienen un sentido. La base, siempre, es el concepto, la estética. Lo expresivo, lo que se quiera decir, es el motor pero no hay que sacrificar la estética. Eso es moda.

-¿Reconocés etapas en tu obra?

-Sí. Por ejemplo, empecé con bastante influencia del arte de Mendoza, con el tema de las transparencias, la abstracción, y luego me dediqué a dibujar mucho y fui haciendo como una abstracción que a la vez estaba geometrizada. Posteriormente, dejé las transparencias y la geometrización y pasé a una síntesis, que fue la etapa de París y a continuación me volví casi hiperrealista. Creo que eso fue lo que me sirvió para desandar el camino y que vendría a ser la última etapa.

-Dijiste que te llevaste de Mendoza transparencias, geometrización y abstracción. ¿Eso caracteriza a la pintura de Mendoza?

-No. Lo que pasa es que yo tomé esa parte, aunque también la figura. Me fui de acá dibujando y haciendo tanto figurativo como abstracto. La parte abstracta la recibí a través de Galdamez, porque lo conocí cuando estaba haciendo abstracto, y la figuración con Ducmelic y otros maestros.

-Vos, que has vivido tanto tiempo en la Capital y tres años en París, ¿qué opinás de nuestra plástica?

-La plástica de Mendoza es variada, valiosa, original, seria, importante.