Con la fuerza de un atavismo que depara emociones intensas al
imaginario del arte contemporáneo, la violencia que cruza la historia argentina pareciera resurgir en la obra de la artista Nicola
Costantino. La carne, producto simbólico y generador de riqueza por excelencia en un país donde los ritos se mantienen con devoción casi religiosa, lleva la marca de la violencia y es motivo central en
la obra de Costantino. La comida, el cuerpo usado como arma de seducción, el pelo y la piel humana y la carne de los animales, son
temas que esconden -de modo casi subversivo y bajo un pulido
lenguaje-, su especial arraigo en nuestras tradiciones bárbaras.
Nuestra artista no compra tubos de pintura Winsor & Newton, ni
finos pinceles con pelo de visón en las casas que frecuentan sus
colegas, el material para realizar sus obras lo busca en las carnicerías. De allí salen los animales que luego de un complicado proceso adquieren cualidades escultóricas o, en ocasiones, las de una joya. Atracción, revulsión y reflexión, en ese orden y en dosis
que varían de acuerdo: a la sensibilidad del observador, son las respuestas que suele cosechar la obra. Los Chancho Bola son esferas de metal plateado o de resina que reproducen la piel, cabeza y pezuñas de cerdos -en ocasiones nonatos- despellejados,
plegados e introducidos a presión en un molde esférico hasta lograr, con un proceso de vaciado, calcos exactos del animal. Con medidas variadas, las esferas ostentan un acabado de máximo refinamiento, lucen como un must de Cartier en los espacios
neutros de las salas de exhibición, y para penetrar su contenido violento es preciso observarlas en detalle. Recién entonces se pueden asociar a una de las "formas gauchas” de la muerte que desde Sarmiento, cuando señala (...)”Enchalecaban” a sus enemigos; esto es, los cosían dentro de un retobo de cuero fresco y los dejaban así abandonados en los campos". No cabe duda que el amplio y monótono territorio de La Pampa resultó
especialmente propicio para esparcir con criminal displicencia esos cuerpos comprimidos. Pequeños bultos en el paisaje que hoy evocan los impecables productos de Costantino.

"Lágrimas de cristal, al estilo Man Ray", 2006 - Collage fotografía en blanco y negro, cristal, 33 x 36 cm.
Bárbara, la faena de la artista adquiere una sofisticación estética
que envidiaban nuestros burdos antepasados. Es que no faltan
antecedentes documentando el afán por la elegancia en las
prácticas gauchas. Roberto Payró, en el cuento Poncho de verano,
establece un cruel paralelismo entre la confección de un modelo
de alta costura y el suplicio que consistía en colocarle a la víctima
un cuero de vacuno fresco con el pelo hacia adentro, para que se estrechara al secarse, y causara la muerte por asfixia. "¡Lindo poncho fresco… de verano!", exclama el verdugo, en un perverso coqueteo con la moda. En sus frisos, Costantino despliega la
violencia sin rodeos, deja al descubierto un holocausto que se desliza por las tuberías: potrillos, corderos y cerdos en estado fetal, que se acumulan en los recodos.
Los grupos escultóricos, calcos de animales muertos en tamaño natural, se constituyen -por su delicada apariencia y labilidad- en
metáfora de las víctimas humanas. René Girard observa que el
sacrificio cumple una función en la sociedad, dice que la protege de su propia violencia, la aplaca y la desvía al provocar una satisfacción parcial del instinto y, especifica: (...)”Todas las víctimas, incluso los animales, para ofrecer al apetito de violencia un alimento
que Ie apetezca, deben semejarse a aquellas que sustituyen”.
Costantino reflexiona sobre su trabajo y lo coteja con las labores
rutinarias del campo argentino, donde manipulan vísceras y carnes con naturalidad y habilidad carnicera. Y es Rodolfo Kusch, autor de La seducción de la barbarie, quien le asigna a ese sentimiento, la atracción que ejerce la barbarie, el poder de sacar
a luz una violencia que se vuelve negativa por ser clandestina.
Justamente, en el contenido de las cañerías que cruzan la superficie
de sus muros, la artista, con precisión quirúrgica, realiza cortes
transversales y pone en evidencia la rutina de desembarazarse de
aquello que resulta intolerable a una sociedad consumista y
vanidosa. Pero suturando distancias entre civilización y barbarie,
equilibra la brutalidad de la imagen con las líneas puras de Ia
arquitectura, Las elegantes curvas y el diseñio de los caños
destinados a proveer confort, otorgan a la obra una belleza ornamental que refleja la obsesión estetizante de nuestra época.
El color neutro de la pared coincide con el matiz de la muerte, es
pálido como los nonatos replegados unos junto a otros en su
tumba de resina sintética. La muerte está también presente en la
serie de máquinas que replican los movimientos de unos potrillos,
que se mueven como fantasmas. La carne ha desaparecido, sólo
queda el movimiento abstraído.
Lo aberrante, lo ominoso, enmascarado bajo una apariencia bella,
engendra formas que aúnan lo que se plantea como antagónico:
la civilización y la barbarie no se presentan en las obras como
una disyuntiva, sino que se resuelven en un todo.

"Nicola Narcisa (Al estilo Caravaggio)", 2009 - Impresión a chorro de tinta, cristal, 135 x 200 cm.
Sofisticación y barbarie
En los objetos e instalaciones coincide la atracción que provoca
la sofisticada elaboración y la repulsión que inspira el material que utiliza la artista: animales muertos, pelo humano y el calco de la piel humana. Elegantes vestidos, chaquetas, pantalones y
accesorios de silicona con impresiones en relieve, fascinan por su
valor ornamental y lucen como productos de consumo de alto
vuelo. Las modelos que visten su ropa transmiten cierta
excitación, exhiben el llamado "nervio del tiempo".
La mayor sensualidad la alcanza un pequeño corset con dos tetillas
impresas en el sitio exacto que corresponde a los pezones. La
ubicación de las tetillas tensa el limite entre el cuerpo que se adivina
y el vestido que lo revela, exalta la voluptuosidad de ambos y los
carga de erotismo. Es un trompe I'oeil, el juego de una hechicera.
En sus suntuosos embalajes para animales muertos, o en la
cadena de pollos, que insertando unos en otros dentro de sus
orificios naturales recrea un modelo de Gucci, se reitera la
trampa: el encanto de la apariencia encubre el contenido violento.
Pero a todo lo fatuo que ostenta esta obra se contrapone un
intenso significado: su sentido oscuro y oculto.
EI arte de Costantino se puede ver como una crítica al consumismo,
aunque de ser así, se trata de una crítica embozada. La artista participa
del sistema, construye su obra en las propias entrañas del sistema, utiliza las mismas herramientas y manipula la apariencia que suscita el deseo. Conoce los más íntimos secretos de la cultura del consumo. Savon de corp, una serie de 100 jabones con forma de torso dentro unas bonitas jaboneras, se presenta acompañada por el slogan
publicitario: "Prends ton bain avec moi", (Báñate conmigo). La
cuestión, más allá de las glamorosas imágenes que acompañan la
obra, es la aberración del contenido: los jabones están elaborados con un porcentaje de grasa humana, con el tejido adiposo de la artista, que se sometió a una cirugía plástica (liposucción) para realizarlos.
Al igual que Bret Easton Ellis, autor de la novela American Psycho, quien relata la historia de un asesino serial fanático de las marcas, Costantino establece una inquietante relación entre la desenfrenada incitación al consumo y la violencia, denuncia la esquizofrenia que provoca el doble mensaje de estetización y deshumanización. El escritor contribuye a interpretar el status de los objetos de Costantino, que por un lado bien pueden engrosar
la de productos que satisfacen a los consumidores top, pero que además son sustitutos de una satisfacción vital, honda y fatalmente enraizada en la barbarie.

"Nosferatu", 2009 - Impresión a chorro de tinta, cristal, 128 x 165 cm.
Teatralidad
En los últimos años, como una actriz consumada, Costantino ha encarnado
distintos persnonajes del mundo del arte y ha posado para sus autorretratos. Dueña de una versatilidad que la convierte en excelente interprete de diversos prototipos psicológicos, la artista se apropia de los personajes de Man Ray, se convierte en la misteriosa Gloria Swanson de Edward Steichen, en la Ofelia muerta y en la jovencita expectante que pinta el alemán Gerhard Richter. Es La mujer del sweater rojo, del argentino Antonio Berni, ensimismada y melancólica con la cabeza apoyada sobre su mano, ajena al mundo que la rodea, y, también, es Nicola, desdoblándose con su fantasía sangrienta en la trilogía que relata su muerte.
La cena es la fotografía y el video de una performance. La imagen, que se abre corno un retablo y descubre el cuerpo de Costantino sobre una bandeja, está llena de resonancias pictóricas del pasado. Esa figura yacente, iluminada como un Vermeer y utilizada como encarnación y metáfora del arte, se abre a las más diversas interpretaciones, desde el sacrificio hasta el halago de los sentidos.

"Trilogy of Nicola Death´s III", 2009 - Impresión a chorro de tinta, cristal, 100 x 141 cm.
"Nicola & Aquiles" (Al estilo Richard Avedon), 2009 -
Toma directa.
Impresión digital, 60 x 45 cm.
"Solsticio de Invierno", 21 de junio, 2009 -
Toma directa. Impresión digital, 90 x 122 cm.
Perfil
Nicola Costantino, nació en la ciudad de Rosario, Argentina, el 17 de Noviembre de 1964.
Ha expuesto su obra en los más importantes museos, bienales y
galerías de diversas partes del mundo, ha obtenido numerosos premios en el ámbito nacional e internacional y su obra forma parte de importantes colecciones (MoMA, Nueva York, EE.UU.; MOCA, Los Ángeles, EE.UU; Art Gallery, NSW, Sydney, Australia; Museo Municipal Juan B. Castagnino, Rosario, Argentina; Museo de Arte Moderno, Buenos Aires, Argentina; MALBA, Buenos Aires
Argentina; Danae Art, Internacional Inc., Suiza; Daros-Latinoamérica, Suiza; y otros). Reside en Buenos Aires.