
Reportaje a Berni ¿ADÓNDE VA LA PINTURA?
1- ¿Cuál cree usted que es el
porvenir material (en el sentido de su difusión, su
apogeo social, etc.) de la pintura?
2- ¿Cree usted que la pintura evoluciona hacia lo "real"
(contenido, tema, expresión, etc.) o hacia lo "abstracto"
(elementos formales puros, ausencia de significación
figurativa, etc.)?3- ¿Comparte usted como pintor la
frase de Renoir: "En Arte me conformo con gozar",
o cree usted que le es necesario expresar además algo
que excede el puro goce estético?
4- Si no busca usted solamente un goce estético, ¿puede
intentar una explicación general -eludiendo el detalle-
de esa otra necesidad expresiva? ¿Considera usted ambos
propósitos contradictorios?
5- Si no se conforma con el goce estético, ¿eso
obedece a que en ese goce siente que va implícita toda
su realidad, o, si tal cosa no sucede, a que el saldo de usted
mismo que queda desatendido -vida cotidiana, problemas del
hombre, del mundo, etc.- no le interesa? En cualquiera de
los dos casos: ¿puede intentar explicarnos el porqué?
Contesta Antonio Berni
1- El porvenir material de la pintura no puede desligarse
del porvenir económico, político y cultural
de la ciudad o país donde se desenvuelve. De no tener
en cuenta el origen social de la cultura es imposible llegar
a una visión científica y real de ese futuro,
para quedarnos limitados a un planteo o un acertijo sin valor
alguno.
En la Argentina no se ha disfrutado del momento feliz para
el vuelo estético trascendente de una generación
de artistas. Mientras el arte argentino busque su solución
material -y esto no está desligado de la postura estética-,
esperando la formación de un ambiente interesado por
su tipo de pintura, como existe en París o Nueva York,
nunca saldrá de su condición menor y paupérrima.
Un arte de valores colectivos nos traerá la participación
amplia de un nuevo público, romperá el cerco
cerrado que hace alrededor de nuestra pintura la "elite"
snob y el pituquismo intelectual de la calle Florida. Sólo
un arte que registre las nuevas vibraciones dramáticas
y el tremendo momento que viven los pueblos, es decir, un
nuevo realismo o un nuevo humanismo monumental y colectivo,
puede ser lo básico, esto materialmente pensado para
ganarse las condiciones necesarias y únicas posibles
a un arte creativo y libre en todos sus alcances.
2- La sensibilidad se ha transformado, surgiendo
de esta renovación nuevas exigencias que el artista
de hondura y de intensidad debe compartir unitariamente si
no quiere situarse fuera del fenómeno actual.
El arte será de nuevo realista, mal que pese a los
boicoteadores reaccionarios de este término. Es una
nueva etapa de la ansiedad del artista para aclarar los nuevos
misterios que anidan en la mente y en la sensibilidad del
ser. Ucello y Masaccio con la perspectiva y el claroscuro,
son etapas sucesivas del investigar obsesionante del arte.
3- La frase de Renoir encierra una verdad. Existe
un goce medioeval y un goce renacentista. Ucello soñaba
con la perspectiva. Ella era un goce y valía para el
pintor en la exploración de su mundo tanto como el
viaje de Colón para el suyo. Giotto, con sus ojos de
cristiano, sentía la fruición de descubrir mayor
realismo para sus imágenes. En Renoir el goce es de
valor trascendental. Realizaba nada menos que el descubrimiento
de la luz verdadera, físicamente hablando, que tiene
la tierra; es decir que de la penumbra de la realidad pasamos
después del impresionismo al disfrute de la claridad
meridiana para la pintura. En el Nuevo Realismo la significación
social enriquece ese goce y en ningún momento está
reñido con las auténticas funciones puras y
sublimes del arte.
"Antonio Berni"
(...) En su obra general es evidente que cultiva con preferencia
la figura. ¿No le interesa el paisaje?
Yo cultivo la figura, el paisaje y hasta la no figuración
no sólo separadamente sino ensamblados en mis grandes
composiciones, donde obligatoriamente las imágenes
vivas, hombres y animales se integran a los ambientes en que
se desenvuelven: interiores, calles, campos abiertos y hasta
mundos imaginarios.
¿Qué papel desempeñó
usted en la pintura moderna argentina?
Recuerdo que en 1929 se hizo la primera exposición
de pintura, realizada por el llamado "Grupo de París"
en los salones de "Amigos del Arte", hoy Van Riel.
Éramos cinco artistas, con Baldi, Basaldúa,
Butler, Spilimbergo. Esta muestra provocó las más
contradictorias reacciones, pero lo cierto es que fue ése
el paso inicial de conjunto en la pintura que hoy se practica
en gran escala entre nosotros. Dos o tres años más
tarde en el mismo salón se realizaba otra muestra de
los mismos con la contribución de Gómez Cornet
y Pettoruti. También presenté en muestra personal,
y en las mismas salas, por el año 1932, un conjunto
de cuadros surrealistas que, desde luego, fueron aceptados
por unos pocos y comprendidos por menos. La verdadera historia
del arte argentino del presente siglo, sin compromisos ideológicos,
todavía tiene que escribirse.
Aparte del mensaje emocional, estético,
¿cree que la pintura debe justificarse como función
social?
La pintura siempre ejerce una función social; eso sí,
siempre que sea buena. Por ejemplo: el arte árabe no
figurativo obedeció a razones religiosas tan profundas
como las que provocaron el desarrollo de todo el arte figurativo
cristiano, pero aquel se quedó exclusivamente en la
decoración, mientras que el cristiano fue grande tanto
en lo decorativo como en la pintura representativa.
¿Qué pintor extranjero actual
prefiere?
Son muchos los artistas contemporáneos que me interesan.
Al mismo tiempo, no creo en la personalidad única;
el arte lo hacen muchos; desde luego, los más capaces,
en épocas y lugares determinados, favorecidos por circunstancias
propicias. Me interesan los que hacen de su arte una máquina
potente, como Léger o Diego Rivera, y no aquellos que
pasan toda su vida perfeccionando un tornillo o una rueda,
a veces tomados de aparato ajeno.
Como usted sabe, acaba de inaugurarse un Salón
de Arte Moderno, que constituye una división de los
pintores argentinos. ¿Era necesaria esa separación?
El Salón Nacional debe ser uno y nada más, con
cabida para todas las tendencias, sin discriminación,
porque con el criterio con que se ha organizado el salón
llamado de "Arte moderno", y que está destinado,
como se ha visto, a favorecer a los cultores de una sola manera
de pintar, cada grupo embarcado en una tendencia podría
exigir entonces, con equidad, su salón aparte, con
premios, adquisiciones y todo. Así tendríamos
Salón de Surrealistas, de Concretos, de Manchistas,
de Nuevorrealistas, etcétera.
"Berni o el milagro de una incesante
juventud"
La masacre de los inocentes es una obra que incluye elementos
corpóreos con un fondo sonoro y un juego de luces de
colores. Así traté de darle toda la sugestión
realista, dramática que yo buscaba. Me inspiré,
digamos, en el nacimiento de Cristo tal como se lo evoca para
Navidad, con muñecos, desde la Edad Media. En el "nacimiento"
o pesebre, está todavía presente uno de los
aspectos del arte popular que se viene perdiendo desde el
siglo XIX. Pero esta forma de expresión puede hervir
actualmente con una nueva significación, pasando de
lo religioso a la representación política, de
lo sagrado a lo cotidiano. En este sentido, me inspiro en
ese arte popular, perpetúo la tradición, presentando
imágenes corporales que miman uno de los dramas más
crueles de la sociedad contemporánea; mis muñecos,
simbólicos o realistas, realizados con materiales que
pertenecen a nuestra sociedad industrial de consumo, son una
armada de robots agresivos compuestos por piezas mecánicas
-por ejemplo los aviones son en forma de insectos de material
plástico-, todos confundidos o puestos en relieve por
un juego de luces y acompañados por una banda sonora
grabada por Aníbal Libenson.
¿Usted cree que el público lo
siente como mostrando una realidad social muy patética,
pero manteniéndose íntegramente pintor, antes
que militante político que se serviría de la
pintura como arma?
Yo soy antes que nada pintor, y creo que así me siente
el público, aunque a veces mis figuras o personajes
salgan de los cuadros convirtiéndose en objetos. Puedo
obtener un marrón con pintura al óleo sobre
una superficie plana, pero también encontrar el equivalente
a ese color en un pedazo de lata herrumbrada, y trato ese
pedazo de lata moldeándolo o recortándolo como
dibujante, habiéndolo elegido como colorista. Le explicaré
luego cómo siento mi compromiso políticamente,
pero antes quería decirle que también el collage,
por supuesto, lo utilizo como pintor. No tengo el narcisismo
del collage: lo uso, lo aplico como medio de expresión,
como los colores, y el collage que utilizo para Juanito Laguna
no es el mismo que el de Ramona. Yo elijo los elementos que
corresponden a la personalidad, a la sensibilidad de mi personaje,
al medio que pertenece, y con ellos trato de darle vida, como
podría dársela únicamente con el óleo.
Le voy a contar, por ejemplo, cómo sentí que
Juanito Laguna cobraba vida para el público. Cuando
lo presenté por primera vez en Buenos Aires, en el
año '61, en la Galería Witcomb, chocó
a cierta crítica convencional. Sin embargo, el público
lo entendió mucho más de lo que yo esperaba,
o por lo menos más rápido; tan es así
que el cuadro Juanito Laguna aprende a leer, presentado en
esa muestra y adquirido luego por el Museo Nacional de Bellas
Artes, fue una obra, según me contaba una guía
del museo, que no necesitaba explicación para los chicos
que se acercaban a ella. Más aún, se han hecho
unas diez canciones acerca de Juanito; y una cosa curiosa
también, que me contaron, fue que en un campamento
de gente joven en Bariloche, una carpa se llamaba "Juanito
Laguna". Esto me da una gran satisfacción porque,
aparte de la crítica especializada, aparte del público
que se interesa en la pintura, hay otro público para
el cual Juantio se convirtió en un personaje popular.
También vi una vez, en Buenos Aires, pasar un camión
con la inscripción "Juanito Laguna".
¿Cómo nació su personaje?
Hace mucho tiempo, en una de mis caminatas de solitario observador,
llegué a una de esas tristes barriadas de los suburbios
de Buenos Aires. Así me encontré en medio de
una villa miseria, que esa tarde, quizá por un estado
anímico especial, me impresionó más profundamente
que otras. Volví a casa y empecé a dibujar.
Cuando quise llevar mis apuntes a la tela, me di cuenta de
que ni los óleos, ni la témpera, me alcanzaban.
No me satisfacían para expresar ese hiperrealismo que
me interesaba tratar. Fue así como descubrí
que en los baldíos, en las calles pobres, estaba diseminado,
como un decorado patético, todo el material que componía
ese mundo. Allí estaban aquellos pedazos de lata herrumbrada,
cajones de madera rotos, escobas viejas, chapas alquitranadas...
Antes de elegir esos materiales, los sentí, testimonios
mudos y aparentemente sin importancia de una terrible realidad.
Incorporándolos a las telas, conseguí darle
a mi pintura el realismo incisivo que yo me proponía
dar, que necesitaba expresar.
¿Cómo ubica los actuales movimientos
artísticos de protesta, el disconformismo de las nuevas
promociones?
Voy a ser sincero. En este disconformismo actual sólo
veo una especie de catarsis de cierta burguesía mediana
que busca aliviar su conciencia. Es como una limosna que se
tira a los mendigos... El asunto es saber llevar el arte al
plano de la eficacia, de la contundencia. Es entonces cuando
la protesta se vuelve peligrosa y es creada por el silencio
o, ¿por qué no?, también por la represión.
En 1933 hice para un sindicato de oficios varios de Rosario
dos pinturas grandes. Recuerdo que un día cayó
por ahí la policía y puso fin a tanta plástica.
Y no me lamento de eso. Forma parte de las reglas del juego.
Sin embargo hay una cierta frontera del compromiso
que, al transgredirla, la obra de arte misma resulta comprometida
negativamente.
Ya sé, dice que no hay que caer en el panfleto. Pero
yo creo que, en un momento dado, el mismo panfleto puede ser
una obra de arte. Cuando Maiakovsky escribía muchos
de sus poemas, ¿no hacía panfletos? Pero se
mantenían como obra de arte. Establecer el límite
entre una obra de arte realiza realmente una obra de arte.
La Marsellesa fue un panfleto y El Fusilamiento, de Goya,
¿qué fue? Si hasta lo pintó en dos días...
lo que pasa es que ciertos ortodoxos creen que todo debe ser
panfletario. Ese es un error... es que no se puede establecer
ninguna regla previa...
En su trayectoria, pese a múltiples idas
y venidas, incursiones en el collage o recurrencia al surrealismo,
¿siempre estuvieron sustentadas por la misma concepción
del arte?
Cuando me hice compañero de "Juanito Laguna"
recurrí al collage después de haberlo dejado
desde mi época surrealista, allá por 1932. En
esa época usé mucho el collage en base al fotomontaje
principalmente en trabajos que hice para algunas instituciones
políticas que ya han desaparecido, tanto las instituciones
como mis obras. Esta última pérdida no me duele,
porque nunca tuve alma de propietario, así que nunca
me importó especialmente conservar mis creaciones.
Con "Juanito" fue volver al collage pero totalmente
determinado por mi interés expresivo. Buscaba cierta
densidad en la obra relacionada directamente con ese personaje
y el ámbito de ese personaje. Justamente, la idea de
emplear materiales de rezago vino de que estando yo en las
barriadas, en las villas, veía toda esa gente ahí,
en la miseria.
¿Cómo surgió la idea de
"Berni y la música popular", su próxima
muestra?
Todo fue muy espontáneo y natural. Hace años
ya había comenzado La orquesta típica. Déjeme
hacer cuentas... Sí, hace veinte años... Después,
estando en París, lo pinté a Atahualpa Yupanqui.
En Europa también lo dibujé a Astor Piazzola.
Tenía también un dibujo hecho de Eduardo Falú.
Me planteé entonces que todo esto tuviera alguna unidad
y que se recuperara. Además es una retribución
mía hacia muchos de esos artistas que con música
y letras han recreado el mundo de Juanito Laguna. Lima Quintana,
posando la otra vez en este estudio, me contó que "Juanito
remontando un barrilete", su propia creación de
mi "Juanito", había sido cantado en Japón
e Italia. Muchos de estos artistas populares han sacado a
Juanito de la villa y lo han llevado a pasear por el mundo.
Por eso, esta muestra es también un agradecimiento
de Antonio Berni y también de Juanito Laguna, mi amigo
y compañero.
"Palabra e imagen"
Propaganda
José Viñals: ¿No te preocupó nunca
que tu arte y las propuestas de un arte político involucrado
en la doctrina del Nuevo Realismo fueran tomadas como meramente
propagandísticos, como arte afichesco o de pancarta?
Berni: No, en absoluto, porque si vamos a hacer un recuento
de la pintura mural y no mural de todos los tiempos, vista
a cierta luz podría ser también considerada
arte de pancarta. Todo puede ser sublimado si se le inyecta
arte. Si hay arte, no hay pancarta; si no hay arte, la pancarta
es burda y no sirve para nada; mejor dicho, llega a servir
a lo contrario de lo que se propone. Las obras que reproducen
episodios de la vida de los santos, del cristianismo, como
por ejemplo las pinturas sobre tela que yo mismo he visto
en Perú, en el Cuzco, en el claustro del Convento Dominicano
y en el de San Francisco, son como series, como un relato
cuya continuidad narrativa se puede seguir sin dificultad
ninguna. ¿Y eso qué es? Eso también podría
tomarse como arte afichesco, si se quiere; como arte publicitario.
Si uno lleva esa ley hasta sus últimos extremos, cuando
Fra Angélico pinta una Anunciación, le está
haciendo la publicidad al Mesías, ¿no te parece?
Y si tomamos como ejemplo el famoso cuadro de Goya, el 2 de
Mayo, que Goya pintó en 24 horas, bueno, esa obra tenía
una función netamente afichesca, era casi un cartel
en su momento, pero es una de las grandes obras maestras de
la humanidad. El propio tema religioso del Cristo puede dar
lugar a la imagen del Greco; una cosa y la otra. Entonces,
está el artista que sublima el hecho, que lo dignifica
y lo transforma y lo eleva a la categoría de arte;
eso es todo. Y podría agregar más, en la Edad
Media, en el Renacimiento, en el Prerrenacimiento sobre todo
el arte religioso obedecía realmente a una vocación
religiosa en el artista. ¿Por qué, entonces,
la vocación humanística, como la vocación
política y social no van a tener una representación
equivalente? Lo malo es cuando el arte se vacía de
verdades; ahí tenés como ejemplo los fetiches
que hacen hoy los africanos: son una grosera imitación
de los fetiches auténticos que hicieron sus antepasados,
los que creían en las ánimas; eran verdaderos
los mitos que ellos tenían y los fetiches estaban cargados
de sentido; ahora son nada más que objetos bastardos
para el consumo turístico. Así se distorsionó
ese antiguo arte popular, porque se perdió el fondo
creativo que determinaba la creación de formas.
Definiciones
V: ¿Vos sos un artista provocativo y revolucionario?
B: Mirá, yo estoy haciendo una pintura inconformista
y que cuestiona un mundo, una realidad. Ahora, que sea yo
un artista revolucionario, no es un juicio que a mí
me corresponda hacer. Yo estoy haciendo naturalmente, lo que
hago, sin detenerme a pensar si soy o no revolucionario. Eso
ya lo decidirán otros, la historia misma, en último
caso.
V: ¿Al menos te considerás libre
y verdadero, no?
B: Desde luego que sí; eso no me presenta dudas aunque
uno nunca se vea con demasiada claridad a sí mismo.
Ahora yo, frente a lo que me impresiona, frente a lo que tengo
interés en transmitir, frente a los medios estéticos
y formales, me siento libre, siento que domino esos medios
y, al sentir que los domino y que estoy haciendo lo que se
me da la gana, me siento libre, verdadero y cumplido. Y estoy
cumplido porque estoy haciendo obra con todo lo que recibí,
con todo lo que leí, con todo lo que viví, con
todo lo que me formó, con todo el arte del pasado y
del presente que me alimentó, con todo lo que soy,
en suma, y con toda la lucidez de que soy capaz.
V: ¿Hay moral en tu obra?
B: Sí, una ética, una moral; porque cuando mi
interés humanístico se pone de manifiesto, ya
eso sólo es una posición moral, de hecho. Para
mí, el concepto fraternidad, por ejemplo, es concepto
moral; si no hubiera fraternidad, los hombres serían
enemigos entre sí; entonces, cuando yo, en mi obra,
expreso mi sentimiento fraternal, hago un arte moral.
El erotismo
V: ¿No has caído nunca en la tentación
de hacer una pintura no irritativa sino profundamente grata
a los sentidos, manifiestamente hedonista?
B: Agradables a los sentidos pueden ser mi pintura y mis dibujos
eróticos, por ejemplo, y yo los hago con placer cuando
siento la necesidad de hacerlos.
V: No encuentro tan erótica a lo que
vos llamás pintura erótica; no veo una exaltación
jubilosa, nada dionisíaco en ella; en cambio, a menudo,
veo el sexo y la sexualidad juzgados y hasta sojuzgados; creo
que es otra variante de tu condenación global de la
sociedad burguesa y del erotismo como trampa o estupefaciente.
B: Puede ser, puede ser... En ocasiones es eso, sin duda,
pero en otras yo sé que hago una exaltación
del erotismo por el erotismo mismo. (...) Pero no los puedo
mostrar (a los cuadros).
V: ¿Por qué? ¿No mostraste
cosas parecidas en tu última muestra en París?
B: En Francia, en Europa, sí; allí tienen una
concepción menos pacata e hipócrita y mucha
mayor libertad. Aquí no, aquí los podría
mostrar solamente en carpetas privadas. En público
no podés; las leyes te lo prohíben y te meterían
preso. Ninguna galería los expondría tampoco;
no se animan a hacerlo. Puedo hacer con ellos una carpeta
especial para que se los tenga en una trastienda y se los
muestre en privado. No los puedo colgar así como así,
porque sociedad habrá algún cretino que se sienta
ofendido y te denuncie; a lo mejor se satisface enormemente
viéndolos, pero los oculta y opta por la inmoralidad
de ser tu verdugo en defensa de los "sagrados" valores
morales. En realidad, la mayoría de esos tipos son
depravados; en el orden sexual o en otros órdenes.
El sexo es una cosa natural, simple, biológica, bella
e inocente en sí misma; el acto sexual es siempre hermoso,
pero los corrompidos no ven más que malicia y morbosidad
en él. Yo no digo que no haya artistas también
corruptos que vean el sexo y lo muestren morbosamente, claro
que los hay; pero yo no soy de esos, por la simple razón
de que amo a la vida y a la gente.
V: Y seguramente es mucho lo que guardás,
porque es mucho lo que hacés; estás trabajando
siempre...
B: Eso sí; trabajar, trabajo mucho; pero nunca he hecho
cómputos o contabilizado mi obra. Los apuntes, los
estudios, los dibujos mismos y hasta los monstruos que hago
son muchas veces para mí como los ejercicios de digitación
para el pianista. La constante diaria, mi digitación,
es el dibujo. Todo sirve, porque cuando yo voy y me meto en
la gran composición, gobierno todos los elementos,
estoy ágil y entrenado y puedo hacer lo que tengo ganas.
Uno mismo es más un instrumento que un instrumentista.
Mirá, una vez fui a una casa de venta de materiales
para artistas; entonces me presentan una espátula muy
buena, de un precio muy alto; y me presentan otra semejante
pero mucho más barata; yo pregunto: "¿Por
qué tanta diferencia?" Y el vendedor me contesta:
"Vea, la diferencia está en que con esta espátula
de precio, usted va a hacer lo que usted quiere; y con esta
otra, lo que quiera la espátula".
El trabajo de taller
V: ¿Trabajás todos los días?
B: Sí, se puede decir que trabajo todos los días;
hasta los domingos y feriados, a veces; a veces trabajo tres
o cuatro horas, a veces diez o doce; depende.
V: ¿Bocetás antes de realizar
una obra o hacés un trabajo directo?
B: No boceto demasiado; hago apuntes parciales y estudios
de detalle muchas veces, pero casi no boceto una obra total;
todo lo más, hago una cosa muy esquemática y
la voy resolviendo directamente en la tela. Porque el boceto
que uno hace, por más ajustado que sea, cuando uno
lo pasa a tamaños, diez, veinte, treinta, cuarenta
veces mayor, pierde vigencia; las relaciones de formas y de
imágenes no actúan como en el boceto previo.
La pintura pública
V: ¿No hay otras razones que te lleven hacia las grandes
composiciones, las que mencionaste hace un momento? Observo
el valor que les atribuís, te escucho referirte a ellas
a cada rato, veo el lugar que ocupan en tu obra, y no encuentro
del todo satisfactoria tu explicación anterior; me
parece que hay, que debe haber otra razón superior...
B: Bueno, la gran composición es, para mí, la
pintura pública por excelencia; es la primera con funciones
masivas. Tomá el caso de Picasso antes del Guernica;
todo lo que él había hecho hasta ese momento
era pintura de caballete, como se dice vulgarmente, cuadros
de mediano tamaño. ¿Qué lo llevó
a plantearse una composición de casi diez metros? Fue
nada más que la situación de España,
la guerra civil que lo conmovía todo. Picasso ya no
se contentaba con lo hecho; necesitaba ahora un megáfono
para decir lo que tenía ganas. En esto hay que reconocer,
como yo lo he sostenido públicamente, la influencia
del muralismo mexicano sobre la pintura europea, al menos
en algunos aspectos. Porque a Picasso no se le había
ocurrido hasta entonces, ni a ningún otro pintor europeo
contemporáneo, hacer pintura monumental. Que el estilo
sea distinto, que Picasso no se parezca a ninguno de los mexicanos,
no invalida lo dicho; el caso es que él, con el Guernica;
quiso hacer una pintura política, pública y
monumental. ¿Y por qué razón práctica,
por calificarla de alguna manera? Porque la obra estaba destinada
a un gigantesco pabellón de exposición para
grandes masas de público. Y es una de las obras maestras
de Picasso y un enorme afiche, un cartelón, para volver
a lo que hablábamos antes.
Reconocimientos
V: Así como vos advertís esa influencia de la
pintura mexicana sobre la europea, ¿qué influencias
grandes, terminantes, reconocés en vos durante tu formación?
No me refiero a movimientos como el surrealismo, por ejemplo,
sino a los artistas, a gente cuya obra y cuya trayectoria
fueron modelos para vos.
B: Bueno, pintores como Picasso, Braque, también De
Chirico en algunos aspectos.
V: ¿Y a quiénes considerás
tus hermanos, tus pares, Antonio?
Amigos, camaradas, gente que ha estado en las mismas luchas
que yo, intelectuales que me ayudaron en mi propio esclarecimiento
y con quienes nos enriquecimos mutuamente por el intercambio
de ideas, bien, sí, muchos; entre los del grupo de
París, Aragon y Lefebvre, especialmente; fui, además,
bastante amigo de un poeta como Jacobo Fijman, de escritores
como Marechal y Elías Castelnuovo.
V: Todos los que has mencionado son gente del
pensamiento o gente de letras. ¿Los pintores no son
tus pares?
B: Claro, ¿cómo no? Spilimbergo, Castagnino,
han sido buenos amigos; muchachos jóvenes también,
como Grela y Gambartes en Rosario, gente con la que nos veíamos
cotidianamente y compartíamos los mismos o parecidos
intereses.
El artista
V: ¿Qué es para vos ser artista?
B: Ser artista, en el verdadero sentido de la palabra, con
todas las consecuencias que implica emprender esa riesgosa
manera de vivir, ser artista es una de las mayores formas
de ser libre.
V: ¿No te parece demasiado resignada y demasiado mínima
esa especie de libertad de alcoba?
B: No; tal vez me parezca aberrante; pero no es una aberración
del artista sino una aberración de la sociedad en que
al artista le toca vivir. El artista no es culpable de la
conducta represiva, censora o policíaca del sistema
social. Y lo padece como cualquier otro ciudadano, ni más
ni menos. Para el artista, esa mínima libertad de alcoba,
como vos decís, no es refugio sino una conquista. Lo
malo, lo terrible para un artista, no es tanto la censura,
es la autocensura, es mucho más eficaz, que se le mete
hasta en los huesos y termina con el artista y con el hombre.
V: ¿Qué le aconsejarías hoy a un artista
joven? ¿Qué entrara o que no entrara en el juego?
B: Si es un temerario, le diría: "Tenés
que tener en cuenta la perdurabilidad de tu quehacer artístico;
si lo quemás inmediatamente, no te queda porvenir;
entonces, como la vida es una estrategia, un estratagema también,
como, según fue dicho ya por otros, 'el camino más
corto entre dos puntos no es, a veces, la línea recta',
no te hagás autosabotaje; luchá correctamente,
empleá las mejores armas, las más eficaces,
porque es difícil, muy difícil, pero no imposible
llegar a ser".
En lo íntimo
V: ¿Estás satisfecho Antonio? ¿Sos feliz?
B: Estoy satisfecho en la medida que hice todo lo que pude
y lo mejor que supe hacerlo; pero sé que me queda mucho
por hacer todavía, que tengo cuerda para rato, como
se dice vulgarmente. Y en ese sentido soy feliz. Ahora, claro,
la felicidad absoluta no existe, ya se sabe. Pero me siento
bien, porque me siento tan creativo como en los comienzos
de mi carrera, porque siento que esa cuerda no se me ha aflojado
todavía. Eso me pone muy feliz.
V: ¿Te quedan cosas por aprender?
B: Muchas, muchísimas cosas. Ahí sí,
¿ves? Ese es un motivo de preocupación para
mí; siento que no me queda tiempo para aprender todo
lo que quisiera.
V: (...) Si no amaras, ¿podrías pintar?
B: La pintura es una forma del amor. Una forma de transmitir
el amor a través del arte. Es también amor por
el arte, independientemente del amor personal que uno pueda
o no tener. En mi caso, por ejemplo, tengo el amor que cotidianamente
vivo con Sunula. Pero a través del arte manifiesto
otro amor, del que también forma parte seguramente
el amor por mi mujer. El amor a la justicia, el amor a la
libertad, son otras formas del amor. Si no hay amor que transmitir,
no hay pintura, no hay arte, no hay nada.
Homenaje
V: Ahora la pregunta final, Antonio: si tuvieras que hacer
un gran homenaje, tal vez el mayor homenaje de tu vida, ¿a
quién o a quiénes homenajearías con tu
obra? ¿A quién le entregarías tu obra?
B: A una persona, no. Entregaría mi obra al pueblo;
al pueblo trabajador, específicamente; primero al pueblo
de mi país, después al de todo el mundo. La
obra de arte no puede ser patrimonio de nadie, ni entregada
a nadie en particular, porque el arte es universal. Esa es
su esencia y así debe ser entendido.
¿Qué pasa en los Estados Unidos?
V: También anduvo, hasta hace pocos días, en
los Estados Unidos. ¿Qué anda pasando por allí
en materia de artes plásticas?
B: Estados Unidos, como país joven en relación
con Europa, no tiene pasado histórico extenso. Esa
es una característica que comparte, que lo asemeja
con Latinoamérica. En lo que respecta a la cultura,
esa falta de pasado despierta en ellos, en una gran parte
de su población, apetencia por lograr todo lo que,
en dicho campo, Europa tiene en abundancia. Es así
que los museos de Nueva York, Filadelfia y Washington son
muy concurridos por los norteamericanos. A lo mejor, proporcionalmente,
son más visitados los museos norteamericanos que los
museos europeos por los europeos. Es como si quisieran alcanzar
la gran cultura europea en el menor tiempo posible. En Europa,
el público muestra una especie de saturación
por las cosas de la cultura, proporcionalmente hablando. Por
ejemplo: el Museo Metropolitano, como el Museo Nacional de
Washington, se han enriquecido de obras maestras de todos
los tiempos y de la más alta calidad. En el Museo Metropolitano,
en un amplio subsuelo, hay toda una demostración, para
niños y adultos, de cómo ha sido la evolución
de las artes figurativas a través de los tiempos; cómo
se pintaba al fresco, o a la cera, con las herramientas y
materiales a la vista. Cómo se hacía y decoraba
el mosaico en la Edad Media; cómo pintaban los egipcios
y hasta hacen una demostración práctica de cómo
es la textura en la pintura de los impresionistas. De manera
tal que para un pueblo que recién entra masivamente
al mundo del arte hay todo un sistema didáctico muy
eficaz. Lo significativo es que nada de esto cae en saco roto
y todo es absorbido gustosamente por el público. El
europeo, en cambio, tiene otra relación con las cosas
del arte.
La vocación y los zapatillazos
V: En el Rosario en el que usted nació debe haber sido
difícil elegir la vida de artista pintor.
B: Siempre digo que la vocación no nace con uno (...).
Ahora, aquí, en Almagro, yo tengo chicos que llegan
hasta el taller trayendo mandados y viéndome dibujar
me piden papeles y colores. Les viene la tentación
y yo les doy todo para que la desarrollen. De esa manera empecé
yo a dibujar. Le mostraba mis trabajos y él encontraba
que yo tenía muchas condiciones para el dibujo. (...)
Los tres dibujos
V: ¿Qué dejó cada etapa plástica
en el Berni de hoy?
B: En la primera etapa fue un naturalista influenciado por
el postimpresionismo. Era lo que podía ver en Rosario.
Por aquel entonces, los medios de comunicación no habían
alcanzado el desarrollo y la eficiencia de la actualidad.
A los veinte años me fui a Europa, becado. Llegué
a España y empecé a detectar el quietismo ya
conocido por mí, en gran parte por las exposiciones
que había visto en Buenos Aires y Rosario, donde los
pintores españoles llegaban a menudo. A los tres meses
me fui a París. Allí me encontré con
todo lo que yo no conocía. Había expresiones
de un mundo convulsionado del que los pintores eran la manifestación
visible, casi rayana en la locura. Me enfrenté con
los fauvistas, los cubistas y los abstractos, que yo ignoraba
totalmente. De entrada, desde luego, no me fue fácil
familiarizarme con todas esas estéticas porque llevaba
en la mochila una serie de prejuicios. Pero me fui liberando
con bastante rapidez de ellos y es así que comencé
a hacer mis prácticas fauvistas y cubistas como forma
de compenetrarme hondamente de todos eso fenómenos.
V: Con el tiempo llegará a París el surrealismo,
¿no?
B: Sí. Al poco tiempo de estar en París comenzó
a surgir la pintura surrealista que me interesó vivamente.
El surrealismo
V: ¿Por qué?
B: Porque lo encontraba un lenguaje con trasfondo significativo
que tanto el fauvismo como el cubismo habían soslayado.
La preocupación fundamental de estas dos corrientes
era alcanzar la mayor depuración en el campo de la
pura plasticidad y, en ese campo, estaba todo dicho, y muy
bien dicho, desde hacía años. El surrealismo
ofreció otra salida en razón de ese movimiento
de péndulo histórico que siempre se produce
cuando algo ha llegado a su punto de saturación. La
gente que viene, generalmente los jóvenes, tratan de
encontrar su propio lenguaje que es, a la vez, el espíritu
de cada época. La evolución del arte se sucede
por el contacto de las vanguardias que, cada una a su turno,
se enlazan en la búsqueda de una nueva verdad. El artista,
en el fondo, es alguien que pugna siempre por una verdad determinada.
La del surrealismo fue una etapa intelectual pura. Pasé
en ella cinco años.
V: Un reducto de la créme de la créme de aquella
época. ¿Qué pasó con esa muestra
que aún muchos de los que la vieron comentan con algún
espanto?
B: La exposición surrealista de 1932 se realizó
por invitación de Amigos del Arte en la hoy Galería
Van Riel. Allí empleaba yo el collage, lo que para
Buenos Aires era escandaloso. Algunas imágenes -el
caso del tornillo y el botón- por su crudeza, también
promovieron críticas. Y no le cuento lo que pasó
con un tenedor y un objeto de la más cruda realidad,
como un bidet de baño. Todo aquello provocó
la irritación de la crítica y del público
independiente. Todos ellos se encontraron con una expresión
que consideraban irreverente, para el criterio convencional,
de lo que deberían ser las bellas artes. Hoy, en cambio,
tanto la crítica como el público han superado
ese terror y aceptan estas expresiones estéticas contemporáneas.
No hay que olvidarse que hablamos de algo que sucedió
hace cuarenta años, o más...
V: La última pregunta por esta vez. ¿Son compatibles
el arte y el compromiso?
B: Todo arte es arte comprometido. Aún el arte abstracto
es un arte comprometido, aunque su contenido filosófico
no es manifiesto. Mi intención es encontrar una verdad
que en el ambiente en que me encuentro responde al espíritu
y, en este caso, creo que es de grandeza porque en los países
como los nuestros -donde todo está en vías de
construcción- no podemos quedarnos enfrascados en una
tranquilidad absoluta del espíritu; cosa que es posible,
de alguna manera en naciones donde ha alcanzado, momentáneamente,
el desarrollo integral en lo económico, en lo político
y en lo social.
V: ¿Usted vive del arte?
B: Sí, yo vivo del arte; en este momento, después
de cincuenta años, soy de los pocos que viven del arte
en este país.
V: ¿Quién fue Ramona?
B: Ramona es un personaje creado por mí, un arquetipo;
no es una mujer en particular, yo le puse ese nombre. Como
en el caso de Juanito Laguna, un personaje importante en América
Latina... un cirujita, un chico pobre, no un pobre chico,
que es muy distinto; esa era mi intención.
Ramona es una mujer del interior que va a la ciudad a probar
fortuna; pasa por todas las situaciones de una mujer sola
que llega a la ciudad, con todas las formas de provocación
que puede recibir, dentro de un mundo dramático; por
momentos quiere aparecer como una gran mujer, una gran dama,
pero no tiene recursos...
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