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Información sobre su obra
Berni fotógrafo
(...) a mi regreso de Europa, después de mi primer
viaje, por el 31... me compré esa maquinita para mi
propio uso, no para trabajar como fotógrafo. Pero Puiggrós
la vio y me preguntó si yo podría hacer con
ella unas tomas en los quilombos, así, de contrabando,
y con la luz natural nomás.
Ramona Montiel viene un poco de ahí; lo mismo que otros
temas que pinté, como La Huelga, Los Desocupados
"Nuestro arte muralista"
Siqueiros, Castagnino, Spilimbergo y Berni.
Castagnino, Colmeiro, Spilimbergo, Urruchúa y Berni.
Las pinturas de la Galería Pacífico
fueron ejecutadas con todo el rigor técnico necesario
para una larga duración.
Obras surrealistas
Hace treinta y siete años el público no estaba
preparado para aceptar la forma y el espíritu de esas
obras [surrealistas], ni tampoco la crítica oficial
que las rechazó rotundamente. Por primer vez en Buenos
Aires se hacían y se mostraban collages como los de
Susana y el viejo o La tranquilidad de los barrios aristocráticos.
Años después de esta exposición surgieron
nuevos surrealistas, ortodoxos unos, meramente formales otros,
pero yo no los acompañé, estaba preocupado ya
por otras disciplinas estéticas.
Las obras de los años 1928/29, aunque no son específicamente
surrealistas, valen por esa insinuación de lo extraño
e insólito que más tarde se incorpora a todo
lo significativo de mi obra. Algunos óleos que sufrieron
deterioro fueron restaurados. Muchos años de indiferencia
del medio por la obra creada determinaron largos estados de
abandono de mi patrimonio surrealista.
En la nueva muestra que ahora hace Galería Imagen se
presenta, con las obras ya vistas en la Galería El
Taller, el óleo La siesta del año 1943, obra
alejada del surrealismo pero que deja ver todavía la
clara continuidad de ese pensamiento.
(...) El collage como estilo y medio formal de expresión
no sólo se manifiesta en las artes plásticas,
sino también en los dominios de la literatura, la cinematografía,
la música y otras disciplinas intelectuales.
La pintura argentina abre caminos
Juanito Laguna y Ramona Montiel
(...) Yo, a Juanito Laguna lo veo y lo siento como arquetipo
que es; arquetipo de una realidad argentina y latinoamericana;
lo siento como expresión de todos los Juanitos Laguna
que existen. Para mí no es un individuo, una persona:
es un personaje; y, (...), en él están fundidos
muchos chicos y adolescentes que yo he conocido, que han sido
mis amigos, con los que me he mezclado, con los que he jugado
en la calle. También es una parte de mí mismo;
no me identifico ni puedo identificarme totalmente con él,
porque yo no fui un niño de las villas miseria; aunque
fuera pobre en mi persona real y concreta [es] un símbolo
que yo agito para sacudir la conciencia de la gente.
Simpatía claro que le tengo (a Juanito Laguna); compasión,
nunca; y quererlo sí, lo quiero. (...) Juanito Laguna
no pide limosna, reclama justicia; en consecuencia pone a
la gente ante esa disyuntiva; los cretinos compadecerán
y harán beneficencia con los Juanitos Laguna; los hombres
y mujeres de bien, les harán justicia. De eso se trata.
(...) Los Juanitos Laguna han enriquecido a mucha gente y
también a mí; pero yo no los he explotado, yo
estoy reivindicándolos. ¿Quiénes han
hecho a la Argentina, eh? La masa trabajadora, todo ese pueblo
que ha puesto el hombro para hacer un país, con su
sacrificio y su trabajo; lo han hecho los Juanitos Laguna
que, apenas sus fuerzas se lo permiten, van a trabajar a las
fábricas, al campo, donde sea. He tratado de explicarlo
muchas veces y hasta he escrito sobre eso; (...).
(...) Ramona Montiel, el otro personaje de mi narrativa, motiva
el empleo de elementos muy diferentes a los del mundo de Juanito,
aunque el juego de mutación de objetos sea el mismo.
Ella es el símbolo de otra realidad social cargada
de miseria, ya no en el exclusivo plano material, como en
el caso de Juanito, sino también en el otro, en el
del espíritu, con sus desequilibrios neuróticos
propios de una mujer de su condición social, atrapada
por la telaraña de la sociedad de consumo. Ramona debe
jugar un rol social y hacer públicamente lo que a escondidas
practicaban muchas princesas, niñas del gran mundo
y del submundo. Debe llenar el vacío dejado por éstas
en el ámbito del erotismo. Lo hace como esclava, mimetizando
con sus gestos y su físico, lo estrógeno buscado
en el mercado de las promiscuas. En la apoteosis, el cuerpo
de Ramona, colgado en las gancheras de las revistas frívolas,
es ofrecido a la libido pública a tanto el kilo. Ya
no son las latitas y las maderas del rezago de los cuadros
con el tema de Juanito, sino los vestidos de utilería,
las falsas piedras preciosas y el brillo de los metales bañados
en oro. Sus aventuras comienzan en fábricas y oficinas,
su labor manual pierde importancia, sólo se destaca
por sus grandes ojos, sus piernas contorneadas y sus pantorrillas
moldeadas como botellas de champagne. Se inicia en su oficio
y descubre que en las relaciones con patrones y gerentes de
empresas su cuerpo puede serle mucho más rentable.
Se deja seducir, le atrae el placer fácil y los juicios
interesados sobre su belleza. La avidez sensual de los hombres
determina su último destino. Se hace actriz y se posesiona
de su rol en el espectáculo perverso de la urbe. Dos
realidades humanas: Juanito y Ramona, diferentes en su forma
pero semejantes en el contenido, porque ambos son víctimas
de un desequilibrio antiquísimo dentro de las sociedades
de los hombres. La mutación de los objetos en los cuadros
con el tema de Ramona es distinta, en cuanto a color y materia,
a la operada en el ciclo de Juanito Laguna. Las sedas chillonas,
las pasamanerías, el oropel, son incisivos en el sofisticado
ámbito de Ramona.
Ramona es la "milonguita", "la costurerita
que dio aquel mal paso", imágenes de Carriego
y también ciertos personajes de Borges. Ella ya ha
trascendido su barrio; está en Florida y en Corrientes
y Esmeralda... (...) Juanito Laguna es un personaje genérico;
la síntesis de la chiquilinada cirujita. Por eso es
el más importante para mí.
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