Antonio Berni    
 


Información sobre su obra
Berni fotógrafo
(...) a mi regreso de Europa, después de mi primer viaje, por el 31... me compré esa maquinita para mi propio uso, no para trabajar como fotógrafo. Pero Puiggrós la vio y me preguntó si yo podría hacer con ella unas tomas en los quilombos, así, de contrabando, y con la luz natural nomás.
Ramona Montiel viene un poco de ahí; lo mismo que otros temas que pinté, como La Huelga, Los Desocupados

"Nuestro arte muralista"
Siqueiros, Castagnino, Spilimbergo y Berni.
Castagnino, Colmeiro, Spilimbergo, Urruchúa y Berni.

Las pinturas de la Galería Pacífico fueron ejecutadas con todo el rigor técnico necesario para una larga duración.

Obras surrealistas
Hace treinta y siete años el público no estaba preparado para aceptar la forma y el espíritu de esas obras [surrealistas], ni tampoco la crítica oficial que las rechazó rotundamente. Por primer vez en Buenos Aires se hacían y se mostraban collages como los de Susana y el viejo o La tranquilidad de los barrios aristocráticos. Años después de esta exposición surgieron nuevos surrealistas, ortodoxos unos, meramente formales otros, pero yo no los acompañé, estaba preocupado ya por otras disciplinas estéticas.
Las obras de los años 1928/29, aunque no son específicamente surrealistas, valen por esa insinuación de lo extraño e insólito que más tarde se incorpora a todo lo significativo de mi obra. Algunos óleos que sufrieron deterioro fueron restaurados. Muchos años de indiferencia del medio por la obra creada determinaron largos estados de abandono de mi patrimonio surrealista.
En la nueva muestra que ahora hace Galería Imagen se presenta, con las obras ya vistas en la Galería El Taller, el óleo La siesta del año 1943, obra alejada del surrealismo pero que deja ver todavía la clara continuidad de ese pensamiento.
(...) El collage como estilo y medio formal de expresión no sólo se manifiesta en las artes plásticas, sino también en los dominios de la literatura, la cinematografía, la música y otras disciplinas intelectuales.

La pintura argentina abre caminos
Juanito Laguna y Ramona Montiel
(...) Yo, a Juanito Laguna lo veo y lo siento como arquetipo que es; arquetipo de una realidad argentina y latinoamericana; lo siento como expresión de todos los Juanitos Laguna que existen. Para mí no es un individuo, una persona: es un personaje; y, (...), en él están fundidos muchos chicos y adolescentes que yo he conocido, que han sido mis amigos, con los que me he mezclado, con los que he jugado en la calle. También es una parte de mí mismo; no me identifico ni puedo identificarme totalmente con él, porque yo no fui un niño de las villas miseria; aunque fuera pobre en mi persona real y concreta [es] un símbolo que yo agito para sacudir la conciencia de la gente.
Simpatía claro que le tengo (a Juanito Laguna); compasión, nunca; y quererlo sí, lo quiero. (...) Juanito Laguna no pide limosna, reclama justicia; en consecuencia pone a la gente ante esa disyuntiva; los cretinos compadecerán y harán beneficencia con los Juanitos Laguna; los hombres y mujeres de bien, les harán justicia. De eso se trata. (...) Los Juanitos Laguna han enriquecido a mucha gente y también a mí; pero yo no los he explotado, yo estoy reivindicándolos. ¿Quiénes han hecho a la Argentina, eh? La masa trabajadora, todo ese pueblo que ha puesto el hombro para hacer un país, con su sacrificio y su trabajo; lo han hecho los Juanitos Laguna que, apenas sus fuerzas se lo permiten, van a trabajar a las fábricas, al campo, donde sea. He tratado de explicarlo muchas veces y hasta he escrito sobre eso; (...).
(...) Ramona Montiel, el otro personaje de mi narrativa, motiva el empleo de elementos muy diferentes a los del mundo de Juanito, aunque el juego de mutación de objetos sea el mismo. Ella es el símbolo de otra realidad social cargada de miseria, ya no en el exclusivo plano material, como en el caso de Juanito, sino también en el otro, en el del espíritu, con sus desequilibrios neuróticos propios de una mujer de su condición social, atrapada por la telaraña de la sociedad de consumo. Ramona debe jugar un rol social y hacer públicamente lo que a escondidas practicaban muchas princesas, niñas del gran mundo y del submundo. Debe llenar el vacío dejado por éstas en el ámbito del erotismo. Lo hace como esclava, mimetizando con sus gestos y su físico, lo estrógeno buscado en el mercado de las promiscuas. En la apoteosis, el cuerpo de Ramona, colgado en las gancheras de las revistas frívolas, es ofrecido a la libido pública a tanto el kilo. Ya no son las latitas y las maderas del rezago de los cuadros con el tema de Juanito, sino los vestidos de utilería, las falsas piedras preciosas y el brillo de los metales bañados en oro. Sus aventuras comienzan en fábricas y oficinas, su labor manual pierde importancia, sólo se destaca por sus grandes ojos, sus piernas contorneadas y sus pantorrillas moldeadas como botellas de champagne. Se inicia en su oficio y descubre que en las relaciones con patrones y gerentes de empresas su cuerpo puede serle mucho más rentable. Se deja seducir, le atrae el placer fácil y los juicios interesados sobre su belleza. La avidez sensual de los hombres determina su último destino. Se hace actriz y se posesiona de su rol en el espectáculo perverso de la urbe. Dos realidades humanas: Juanito y Ramona, diferentes en su forma pero semejantes en el contenido, porque ambos son víctimas de un desequilibrio antiquísimo dentro de las sociedades de los hombres. La mutación de los objetos en los cuadros con el tema de Ramona es distinta, en cuanto a color y materia, a la operada en el ciclo de Juanito Laguna. Las sedas chillonas, las pasamanerías, el oropel, son incisivos en el sofisticado ámbito de Ramona.
Ramona es la "milonguita", "la costurerita que dio aquel mal paso", imágenes de Carriego y también ciertos personajes de Borges. Ella ya ha trascendido su barrio; está en Florida y en Corrientes y Esmeralda... (...) Juanito Laguna es un personaje genérico; la síntesis de la chiquilinada cirujita. Por eso es el más importante para mí.

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