Santoro    
 

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Textos e imágenes extraídas del libro Un Mundo Peronista
Sueño y Elegía de Santoro

por Raúl Santana
Descamisado gigante dormido
Acrílico y carbón sobre papel
150 x 120 cm, 2007

    El 17 de Octubre de 1998, a cinco cuadras del Congreso Nacional y a media cuadra del Departamento de Policía, Daniel Santoro -dibujante, pintor, sinólogo, escenógrafo e inventor- soñó con la felicidad del pueblo. Este sueño nocturno siguió prolongandose en la vigilia como una ensoñación. Todo hace suponer que nadie le advirtió sobre la peligrosidad de estos sueños en los tiempos que vivimos, tiempos en los que la felicidad del pueb1o -item arrojado al fondo del más remoto desván- es una rareza semejante a las grandes obras de arte. Pero aunque alguien le hubiera advertido, ¿cómo impedir el sueño?. Por otra parte: ¿este sueño le corresponde al que lo tiene?, ¿quién sueña?.
   Dejando de lado las especulaciones, solo debemos tener en cuenta que semejantes sueños, de no hacer algo con ellos, podrían resultar catastróficos para el que los tiene. En el caso de Santoro, no se trató de un episodio aislado, sino de un sueño recurrente que desde que inició su militancia peronista -en aquellos fervorosos años anteriores a 1970- se repetía con demasiada frecuencia.
   Desde su nacimiento acaecido en 1954, o mejor dicho, desde que Santoro comenzó a tener uso de razón, asistió (queriéndolo o no), a esos debates que le permitieron vivenciar los tics, los estatutos, las creencias y tonterías siempre presentes en la vida ciudadana. Allí fue creciendo una visión muy particular de la historia, la realidad, y de los infinitos matices que allí conviven.
    Habiendo crecido en las postrimerías del golpe al Peronismo, con el tiernpo, Santoro comenzó a tener conciencia de aquella invención política por el constante debate que se vivió en la Argentina desde su caída. Advirtió que había muy poca gente con posiciones serenas e intermedias: el Peronismo generaba grandes pasiones, odios o amores, mientras crecía su leyenda para algunos negra, para muchos otros dorada.
Evita y el gorila
Manual del niño Peronista. Tomo I
   En el sueño -alimentado de voces, retazos y evidencias de aquella década- Santoro vislumbró ese vasto territorio que fue el Estado protector peronista. Y lo vislumbro con su sentido constructivo, metafóricas arquitecturas, perspectivas violentas y vertiginosas, y hasta la propia leyenda negra del Peronismo compareció con imágenes cargadas de ironía. Tampoco faltó la tragedia cuando el artista, con evidencia estremecedora indagó esa marca de un destino que hizo de los cuerpos de los líderes, una enigmática cifra. Allí flotaban las manos cortadas del General, allá desaparecía el cuerpo embalsamado de Evita. Los cuerpos, siempre los cuerpos ¿qué significó ese mundo de amputaciones? ¿qué tenían que ver los cuerpos de los líderes con la Historia?. Santoro pareciera constatar que su imaginación también es una forma de conocimiento.

   La primera vez que vi los tomos del Manual del niño peronista y las pinturas y objetos surgidos a partir de ellos, vinieron a mi mente los manuales de nuestra infancia, esos pilares de nuestra educación que intentaron grabar para siempre en nuestra vida (o al menos se lo proponían), esos ideales y paradigma que terminarían con el desencanto cuando el niño ya adulto, tuviera los primeros choques con la dura realidad. Santoro, que ya otras veces trabajó con nuestra historia partiendo de aquellas publicaciones infantiles: ¿juega con ese sentimiento que nos dejaron los manuales?.
    Después, confieso que se apoderó de mí un potente deslumbramiento frente a esta explosión de imágenes que configuran un desenfrenado estallido barroco. Humor, ironía, tragedia, celebración y denostación, se corporizaban en esas imágenes como emblemas de una Nación cuyas antiguas resonancias aparecian como evidencias, llevándonos por avenidas a medias reales, a medias simbólicas; enfrentándonos a monumentos que narran subrepticiamente la historia de aquel tiempo con una poderosa carga de claves herméticas. La Argentina justa, libre y soberana, en otras imágenes, entra y sale de las sombras, a veces corporiza aquellas consignas que hicieron época: "el movimiento obrero es la columna vertebral del peronismo"; "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes", y cada consiga desata la inventiva del artista que sigue construyendo aquel imaginario como si atendiera los dictados de un demiurgo.
  Tal como lo representa: ¿vió al General llevado en la barca de Caronte?, ¿imaginó las especulaciones pseudo-cientificas que hicieron que el gobierno contratara a aquel supuesto sabio alemán que construiría la bomba atómica en la isla Huemul?.
Santoro espacializa, crea lugares para cada uno de los sueños utópicos, y estas espacializaciones llegan a constituir contundentes fragmentos de aquella multifacética vida peronista. Aquella vida que, en la imaginación de tantos hombres del pueblo, hoy aparece como un paraíso perdido.

El nacimiento político de Eva Perón
Carbón 140 x 130 cm, 1999

    Mito y realidad, historia y leyenda, Perón y Evita, vida pública y privada, aparecen a través de estas visiones como la invención de una realidad política sin precedentes en nuestra historia.
  Desde la creación del Estatuto del peón, desde las especulaciones técnicas que intentaron el despliegue de una industria nacional, hasta la creación del Pulqui (ese avión a chorro que cruzó el cielo argentino como otra gran cifra de la utopía); desde la creación de la Fundación Eva Perón hasta la construcción de las piletas populares y el establecimiento de los planes quinquenales que entre otras cosas produjeron 500.000 viviendas y 75.000 obras públicas, nada escapa a la sagaz atención flotante de Santoro que, como un rastreador tenaz, recupera evidencias en su sueño Barroco, hace un nuevo espacio en sus representaciones para evocar con la fuerza de sus imágenes, aquellos hitos de la pretérita realidad que hoy funcionan como arquetipos.

Lucha de clases
Óleo, Ø 50 cm, 2008

  Frente a la obra de Santoro, muchos de los que vivimos aquella década, sentiremos que la desbordante imaginación del artista, es una inspirada llave que abre las puertas de nuestra memoria: allí están los ritmos y sus climas, allí está la presencia inobviable de la radiofonía que significó un instrumento fundamental para que el Estado estuviera presente en cada hogar argentino (y no olvidemos que de ese mundo venía Evita). Un cuadro como "la felicidad del pueblo", construido estilísticamente como la recreación de aquellas estampas de la época, muestra a la familia en torno a la radio como la principal protagonista. Y el artista ha pintado una radio que podría significar en miniatura el edificio del estado. Estas sutilezas también se extienden a las representaciones de la Fundación , y a todo este territorio simbolizado por Santoro, que transformó en un metafórico texto esta ciudad que denomina Un mundo peronista.
  Por otra parte, estas visiones plagadas de signos cabalísticos y a veces con breves o largos textos en chino (escritura que Santoro domina), podría desatar una carcajada, hacernos pensar que, más allá de la representación imaginaria de aquella época, la complejidad histórica y presente del peronismo, bien merece una explicación en aquella lengua oriental. ¿Será una contribución a la confusión General?.

    Con reverencias e irreverencias, este enigmático arqueólogo, este artista que ha sabido hacer un arte actual partiendo de nuestro pasado, lejos de las visiones globalizantes, abre las compuertas de nuestra realidad, invitándonos a contemplar esa riqueza, con una obra sin precedentes, y el efecto es como un tango cantado en las viejas vitrolas donde la voz, más que una letra nos cuenta una emoción llena de sonido y furia.

    Sueño y Elegía: así surgió este Manual del niño peronista, esta extensa y sutil iconografía llena de luces y sombras: como la puesta en obra de un sueño recurrente, cuando Santoro mezclando o haciendo estallar conceptos, pre-conceptos y categorías, reclamando lo incumplido de aquella utopía, se transformó en el niño peronista que ya no quiere atender razones si no se cumple con "la felicidad del pueblo."

Raúl Santana / Marzo del 200l





 
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