Pettoruti    
 

Textos e imágenes extraidas del libro
Pettoruti 

Fermín Fèvre
Carolita, óleo sobre tela (1925), 48x39 cm.

Biografía

                Pettoruti nació en La Plata el 1 de octubre de 1892 en el seno de una familia de doce hermanos, de los que fue el mayor. Fue un autodidacta ya que no siguió estudios regulares en ninguna disciplina, al punto de que ni siquiera llegó a completar el bachillerato. Sin embargo, decide estudiar perspectiva con Emilio Coutaret y obtiene una beca del gobierno de la provincia de Buenos Aires que le permite viajar a Europa.
                Hasta entonces había dibujado y pintado incansablemente los temas usuales de entonces (naturalezas muertas, retratos, vistas de la Ciudad y paisajes). Entre 1913 y 1924 Pettoruti vivirá la experiencia de su primer período europeo. En su libro autobiográfico un pintor ante el espejo (1968) registrará numerosos aspectos relacionados a esos primeros años, por lo demás, bastante dichosos. Luego de desembarcar en Génova se instala en Florencia donde vive experiencias intensas al vincularse con el naciente futurismo italiano. Asiste a la primera exposición de arte futurista Lacerba, organizada por la revista de ese nombre. Participan de ella Marinetti, Balla, Carrá, Boccioni y Russolo, entre otros. Realiza, por entonces, sus primeras pinturas abstractas.
                En 1914 se encuentra en plena actividad, enviando dibujos y óleos a tres muestras colectivas en diferentes centros de exposición florentinos.
                Uno de esos dibujos, titulado Disegno astratto, es considerado como el primer caso en que se utiliza la palabra "abstracto" para designar a una obra de arte.
Sombras en la ventana,
óleo sobre madera (1925), 41,5x26 cm.
                        En julio de 1916 realiza su primera exposición individual en la galería Gonelli de Florencia que apoyaba abiertamente a los futuristas. Obtiene su primera crítica en el periódico florentino Il Nuovo Giornale, aparecida el 6 de Julio de 1916. También ese año se hace presente en el Salón Nacional de Buenos Aires –que habla iniciado sus ediciones anuales en 1911– con una témpera abstracta, Armonias, que el diario La Nación encuentra como "algo muy nuevo a la par que hermoso, pues su autor parece haber ido a buscar en el mundo de las bacterias, a las visiones de lo infinitamente pequeño visto a través del microscopio, la inspiración que le hace producir con escaso color y formas meramente geométricas, decoraciones novedosisimas tanto como agradables" (Buenos Aires, 22-9-1916). Es evidente que le atrae la abstracción, pero, al mismo tiempo, le cuesta abandonar la figuración.
                En 1919 realiza una muestra individual en las salas del Lyceum de Milán.
                En su Autorretrato de 1918 realizado al Óleo (hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes) ya se advierte el planteo cubista, que se afirma en otras obras de ese mismo año como Istitrutice, Óleo sobre tabla o Pensierosa, La señora Pierrette también llamada La señorita del Traje violeta (1920).
                En 1923, en la galería Der Sturm, de Berlín, Pettoruti realiza su primera gran exposición individual de importancia. Expone en la sala principal treinta y cinco obras. Esta exposición, "lo ubica en un lugar preeminente en el arte de vanguardia" según publica la revista Der Sturm en su edición de mayo de 1923.
                Durante una estada en París en 1923 conoce al pintor español Juan Gris, una de las grandes figuras del cubismo, y entablan una amistad que los vincula, sin duda, en el plano estético. Cuando Emilio Pettoruti regresa a Buenos Aires en 1924 es recibido con los brazos abiertos por sus compañeros de generación reunidos en torno de la revista Martín
El hombre de la flor amarilla,
óleo sobre tela (1932), 81x65 cm.
Fierro
(1924-1927), que estaba dirigida por el poeta Evar Méndez y tenia las oficinas de su redacción en Florida y Tucumán. Pero, sin duda, el acontecimiento más importante para la vida del artista será la exposición que realiza en la galería Witcomb (Florida 364) en octubre de ese año. "La noticia de que un futurista exponía sus cuadros en calle Florida –recuerda el crítico Leonardo Estarico en Crítica (1-7-1927) recorrió como un estremecimiento eléctrico los nervios de la ciudad.
                Todo el mundo se apasionó. Todo el mundo concurrió a la extravagante exposición con el firme y edificante propósito de reír a mandíbula batiente y protestar a grito pelado. Hubo quien afirmó, con gravedad de presidente de asociación patriótica y lagrimas en los ojos, que la exposición de Emilio Pettoruti en calle Florida constituía una grave ofensa inferida a la dignidad del país." Lo cierto es, sin embargo, que en rigor de verdad no se trataba estrictamente de la primera exposición cubista en Buenos Aires.
                Es el símbolo de la modernidad, del vanguardismo. Tanto es así que marca un hito; hay un antes y un después en la pintura argentina a partir de este punto de inflexión. Por eso este hecho convierte a Pettoruti en un personaje-símbolo.
                Ángel Osvaldo Nessi, discípulo del artista y estudioso de su obra apunta que con la exposición de Pettoruti se producía "el cuestionamiento de una pintura de ilustración, decorativa o anecdótica por una plástica pura, que llena los primeros cincuenta años del siglo; en fin, la entrada del país en la cultura universal."
                Protagonistas del momento, como el crítico y poeta Cayetano Córdova Iturburu señalaron después que "los jóvenes de Martín Fierro acogimos con interés y luego con entusiasmo a Pettoruti." Su arte –inaugural, sabio, atrevido, puro, feliz– abría una ventana iluminada a vastas y tentadoras perspectivas (monografía dedicada al artista editada por Samos, Buenos Aires, 1949). Con tantos calificativos a su favor, ¿Cómo no iba a ser Pettoruti una bandera de lucha?
Vino Rosso,
óleo sobre tela (1940), 65x80 cm.
                        Su Autorretrato (1925), Óleo sobre cartón, muestra su resistencia a abandonar la figuración clásica, sin dejar por ello de introducir elementos del cubismo desde una construcción moderada, conciliadora, que no producía alteraciones esenciales en la visión habitual. Lo mismo ocurre con Mi madre y Carolita, Oleos de ese mismo año. Sin embargo en Sombras en la ventana, también de 1925, estamos ante un planteo netamente cubista.
                Al final de la década nuestro artista realizará algunas obras notables que se sitúan entre lo mejor de su creación, como El quinteto (1927), Óleo sobre madera terciada, y Arlequín (1928), Óleo sobre tela, así como Arlequín con acordeón (1928). El tema del arlequín, tan caro a los pintores cubistas, tuvo en Pettoruti a un gran cultor, ya que realizará pinturas con este personaje durante treinta años. Es una figura emblemática de su obra y la identifica por la elevada calidad plástica alcanzada cada vez que pintó esta figura.
                Pettoruti es director del Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata. Esta tarea la comparte con una intensa labor docente en su taller. Por el taller de Pettoruti pasaron muchos artistas que se formaron de su mano y adquirieron un saber integral, tanto teórico cuanto práctico. Pettoruti incorpora en esas obras, poco a poco, la problemática de la luz.

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