Martha Peluffo    
 


Desde Maracaibo sigue viaje a Mérida invitada por la Universidad de los Andes (ULA). Otro "techista", el escritor, art'sta y médico Carlos Contramaestre, era el renovador director del Centro Experimental de Arte de la ULA. Mérida era el paraíso del movimiento creativo, algo alternativo, y por donde circulan algunos estimulantes, además de ser un centro académico de gran prestigio. Tras su llegada a la ciudad estudiantil al de las montañas, realiza un mural en la Facultad de arquitectura, donde trabaja su amigo, el artista y arquitecto Gonzalo Castellanos. "El mural consistía en unos rostros y tenía unos colores intensos. Estaba ubicado en un pasillo entre el caffetín y la biblioteca de la Facultad, lugar muy visible y de permanente circulación. Recuerdo haber visto a la artista pintárlo...

...La precursora crítica de arte y escritora Marta Traba toma nota de la presencia de Peluffo en su señero texto Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas 1950-1970 (1973), si bien la menciona al pasar, y tampoco la olvida en su Arte de América latina: 1900-1980 (1994). Traba, argentina, vive por entonces en Caracas y escribe una crítica a propósito de Diálogo del espacio, en la que primero discrepa ideológicamente con Peluffo en relación con su primera serie de Autorretratos (1968), porque la imagen no logra distinguirse de la "enajenante publicidad" y, en consecuencia, su figura termina siendo "un cuerpo-objeto". Además, sostiene que es "escandalosa [la] presencia de los ídolos populares" en Cara a cara (1969)...

Demasiado joven

...Catalogada como hiperrealista, la serie en la que trabaja tiene colores planos y grandes fragmentos de imágines cotidianas fácilmente reconocibles, agrandadas como si fueran vistas bajo una lupa, puestas dentro de una nueva trama que las tornan irreales. "Lo que me aparta del hiperrealismo es que la ubicación de mis figuras en un contexto espacial nunca es real".

Entre la presencia del azar y una implícita autoexploración, pasando por la evocación de cosas archiconocidas, esta secuencia de pinturas parecería dar cuenta de su momento existencia.
Tiene cáncer, pero es algo que jamás menciona. En los tempranos años setenta se dibuja sí misma como una figura fragmentada vista desde lo alto, con un círculo vacío en el vientre. Esa obra siempre me pareció premonitoria'', recuerda su hija...


"La siesta", 1978, acrílico sobre tela, 114 x 145 cm,
colección particular.

"La apuesta"- 1978, óleo sobre tela, 130 x 130 cm,
colección particular

..Tal vez, como el que sabe que se está despidiendo, en estas pinturas evoca la vida; cada pequeño ser y colorido objeto se ven preciosos y relucientes ante unos magníficos cielos. Incluso, en la pintura La apuesta , refuta al destino que todos saben que le aguarda, describiendo una buena mano de cartas.
No tiene asistentes rentados, pero sí buenos amigos que la acompañan. La ayudan a pintar los fondos, escuchan música, conversan. "Ella había instituido los sábados a la tarde y todos íbamos a Quintana. Martha decía, ¿quién me ayuda con esto?, y así pasábamos el día, cada uno en lo suyo, pero a la vez colaborando con ella. Era una increíble anfitriona y cocinera".


"Sin título", c.1975, acrílico sobre tela, 115 x 88.3 cm, Blanton Museum of Art, The University of Texas al Austin, Gift of Barbara Duncan 1994.
"Tóxicos finales", 1965- óleo sobre tela, 150 x 100 cm, colección Pedro Roth.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La prensa anticipa y elogia su regreso en el mes de septiembre de 1978 a la escena artística de Buenos Aires, y nada dice de su enfermedad. "En la inauguración de la muestra estaba todo el mundo, ella aún estaba con una energía increíble".
Así es como, "a través de sucesivas rupturas", comienza su vida artística dándole la espalda a la realidad con sus líricas abstracciones, dejando aflorar luego la sensación de movimiento en su vital pintura informal, al tiempo que permite crecer en su obra una original veta surreal. Creativa e incansable, explora la propia subjetividad a través del poderoso reflejo de su imagen, aborda con ironía el mundo de los medios y sus celebridades, cierra el círculo de sus trabajos con un delirante escrutinio de lo presuntamente cotidiano, a sabiendas, sin reconocerlo conscientemente, de que está por perderlo.
Su salud se deteriora; es internada en el Sanatorio Anchorena y operada cuando ya no hay nada que hacer clínicamente. Intuitiva, mucho antes de diagnóstico alguno, Peluffo compendia en un poema los días de su vida:

Demasiado joven demasiado vieja como un boomerang a la vuelta de las muñecas y del ojo autoritario de la paternidad por amor por desacato por miedo por mí por ti por todos sin razón razonablemente casi sola pintar prepintar despintar doliéndome condoliéndome a la edad del juego y a la edad de los hijos precipitada en el tiempo sin otro idioma mujer cómo cuándo la necesidad de decir de descifrar de asumirse de morir.


"Serie abstracta", 1961, óleo sobre tela, 120 x 120 cm, colección particular


"Esa ave confesora del planeta", 1963, óleo sobre tela, 162 x 114.5 cm, Museu de Arte Contemporànea de la Universidade de Sâo Paulo.

Nunca deja de pintar. Trabaja la imagen de "una media naranja" hasta el final. Muere el 29 de diciembre de 1979, a los cuarenta y ocho años. "Martha no quería cumplir cincuenta".
Sus hijos Verónica y Sebastián tienen diecinueve y dieciséis años.
Tiempo después de su muerte hubo un incendio en su departamento, en el que se perdió parte de su obra aunque no el brillo de su recuerdo, donde Martha sigue siendo "intensamente bella, que es, creo, como ella desearía que la recordáramos", y atrevidamente talentosa, como queda registrado en su transgresora e inspirada obra.

Anterior 3 de 4 Siguiente