Nicola Costantino    
 


 

"Sol-cuello cortado", 1964- óleo sobre tela, 130 x 97 cm, colección particular

¿Qué pensás de Buenos Aires en tanto ámbito de creación y exposición?

La cultura en la ciudad siempre va a ser una minoría. El público televisivo es el 95%.No me parece mal la proliferación, la política cultural siempre estuvo corrida de los artistas. Los artistas se constituyen como independientes por el esfuerzo de buscar apoyos. Acá lo que se va armando es necesario y está bien. Estoy contenta con el estado de situación, en la Argentina se puede trabajar, el concepto de hace unos años era "estar en Nueva York". Nunca lo compartí, ahora menos. Buenos Aires es el equilibrio justo, no podría hacer esto en otro lugar del mundo, por costos, comodidades, recursos y accesos. En contrapartida, nunca funcionó 10 artístico como una identidad fuerte, nacional. Falta peso: saber mostrarlo, armarlo y venderlo como identidad, aunque heterogénea al resto del mundo artístico. En Brasil eso pasa, acá no. Acá los artistas trabajan solos, se desarrollan como pueden.

¿Cómo es la relación con el campo artístico y con la situación de llevar tu obra pública, escindirla de vos?

Nunca tuve conexión con mi alrededor, más bien me conecto con ideas propias. Hay artistas que se conectan más con sus pares, que entienden más lo que pasa a sus costados, yo siempre estuve más en mis cosas. Cada vez que pensé una obra y la mostré, no me importaba demasiado. No busco la aceptación, lo que más me preocupa es seguir líneas, criterios conexos.

Al momento de mostrar la obra no me quieto demasiado, es muy diferente a la etapa de producción. Lo que quiero es seguir vinculada a mis ideas y obsesiones, porque de otra forma no me sale. De igual manera, toda mi obra tiene una relación importante con el espectador. Cuerpos muertos, violencia, los sufrimientos emparentados con el consumo son sentimientos que irradian fuerte en el espectador, que no agradan. ESO es buscado. Que no me importe lo que le parezca al otro significa que es responsabilidad del otro, eso. No saber si te indigna o te encanta. El que se hace cargo es el que lo mira, no yo. No busco agradar ni ser políticamente correcta, los artistas pueden darse permisos, correr límites, ser antitéticos, antimorales. La política debe ser ética, el arte no. Podés hacer barbaridades con cierta comodidad.
No me gusta el artista que trasunta una ética, todo lo contrario. El arte apunta a una reflexión lejana a la primera impresión.


Nicola Costantino trabaja desde su laboratorio-taller en esculturas que después formarán parte de trabajos fotográficos. "Cambio cada dos años", dice. Y atraviesa una etapa de preparación de lo que después notaremos como un cambio estético en su obra, aunque siempre paralelo a los temas que enumeraba, cual patrón insoslayable.


Un poco de Nicola

Nació en Rosario, Argentina, el 17 de noviembre de 1964. Desde su adolescencia trabajó en la fábrica de prendas de vestir de su madre. Estudió la carrera de Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario y obtuvo una beca de la Subsecretaría de Cultura de su provincia para viaja regularmente a Buenos Aires, donde tomó clases con el escultor Ennio Iomi. Desde sus inicios investiga, a través de varios soportes, temas relacionados con la comida, la carne, la piel y el cuerpo de los animales, en especial el cerdo.
Participó de prestigiosas muestras colectivas, como la feria Arco, de Madrid, la Bienal de Arte de San Pablo, Brasil, la primera Bienal de Arte de Liverpool y, actualmente, su obra recorre el mundo.
Entre sus muestras individuales están la del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, la de la Galería Animal de Tomas Andrew en Santiago de Chile, otra en la Fundación Miró de Barcelona y la famosa exhibición en el Malba, donde presentó Savon de Corps, su proyecto con jabones elaborados con un porcentaje de grasa propia obtenida de una liposucción.
Nicola recibió muchos premios y su obra forma parte de varias colecciones, como la del MoMA de Nueva York, el Moca de Los Angeles, el Museo Municipal Juan B. Castagnino, de Rosario, el Museo de Arte Moderno y el Malba de Buenos Aires.

 
 
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