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Textos e imágenes extraidas del libro
Castagnino
Fermín Fèvre
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Estudio para el cosechador,
tinta (1946), 103,5x66 cm |
Hay una tendencia
generalizada hacia los encasillamientos en la que la crítica de arte, también, suele
caer. Asi, se circunscribe, muchas veces, la obra de un artista a un periodo, a
un aspecto parcial, o al sentido generalizador de una tendencia. Todo ello impide
la apreciación más profunda y adecuada del artista. Eso es lo que ha pasado con
Juan Carlos Castagnino, al que se lo suele ver más por algunas de sus temáticas
que por la amplitud de su creación artística.
Este artista, nacido en Camet –en
las afueras de la ciudad de Mar del Plata– el 19 de noviembre de 1908 ha establecido
con su obra un nexo entre los pintores argentinos nacidos alrededor del 1900 (Xul
Solar, Pettoruti, Berni, Basaldúa Butler, Badi, Raquel Forner, etcétera) y la generación
posterior de quienes nacieron en los años veinte. Vale decir, entre el llamado "grupo
de París" y los que protagonizaron en la década del '40 las tendencias neoconcretas
del vanguardismo de posguerra.
Castagnino era hijo de un artesano forjador de herrajes finos, nacido en el país pero hijo de genoveses, que había instalado su taller de
herrería en Camet, próximo a la gran ciudad balnearia de la provincia de Buenos
Aires. Este hecho lo marcaría para toda su vida, ya que lo llevaría a identificarse
con el paisaje suburbano y rural, el mundo del trabajo manual y obrero y los caballos.
Estos elementos identificatorios del habitat, el núcleo familiar y el trabajo estarán
presentes, de diverso modo, a lo largo de su obra pictórica.
Esta inmersión tan vital en el medio lo llevo a realizar desde muy pequeño moldes en barro de tropillas
de caballos. Su padre murió cuando él tenía siete años. Concurrió a la escuela rural
de su pueblo, donde siguió dibujando caballos; una figura
emblemática de su obra. Estudió en la Escuela Nacional de Mar del Plata, se recibió de bachiller en 1928
y comenzó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos
Aires.
Ya instalado en la capital de la República,
trabajó en forma particular preparando
alumnos en diversas material y ocupándose de la arquitectura de jardines.
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Chacareros, temple sobre hardboard (1952), 122x75 cm. |
Impulsado
por su vocación artística, ingresó también en la Escuela Superior de Bellas Artes
"Ernesto De la Cárcova" y frecuentó diversos talleres de artistas de la generación
anterior. En particular se vinculo con Lino Enea Spilimbergo, a quien siempre consideraría
su maestro.
La labor docente de esta figura del arte argentino ha sido muy destacada,
incidiendo en la obra de sus discípulos sin que por eso ellos tuvieran que parecérsele.
En el
caso de Castagnino, como en el de Carlos Alonso y tantos más, esa filiación
responde más bien a un concepto general del arte y de la vida, que Spilimbergo mantenía
vivo valiéndose de sus cualidades como dibujante y pintor y la capacidad que tenía para transmitir a los demás una noción creadora del arte y de la vida.
Un hecho
decisivo en la etapa formativa de este artista lo constituye su participación en
la realización del mural creado por el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros
en 1933 en la quinta de Natalio Botana, por entonces director del diario Crítica.
En esa tarea participaron, también, Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Enrique Lázaro. Esta circunstancia también debe de haber influido en el artista, tanto
por los aspectos ideológicos-temáticos como por la concepción plástica de esta
realización. Castagnino permanecerá siempre ligado al muralismo como concepto plástico de su obra pictórica.
También en 1933 hay un acontecimiento que marcará un hito:
recibe el Premio Estímulo del Salón Nacional por su fresco titulado "Obreros y campesinos".
Su militancia política de izquierda, con su adhesión al Partido Comunista, se puso
de manifiesto en las temáticas abordadas. Esto ha dado lugar a que algunos lo consideraran
representante de un realismo social o de una pintura ideológica. Si bien estos
temas constituyen una constante en la obra de este artista, no dejan de estar entre
los tantos que utilize en su pintura, siempre imbuida de un contenido humano y social
evidente.
Según el crítico Cayetano Córdova Iturburu, "el
pronunciado dramatismo
de su espíritu se manifiesta a través de la crudeza de la representación de sus
motivos y de una paleta que se complacía, en las primeras etapas de su desarrollo,
en r
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Salida de fábrica, temple sobre hardboard (1952), 122x76 cm. |
egistros cálidos, de cierta violencia, y en sus etapas posteriores se orienta
hacia los tonos neutros, bajos y sombríos". Esto nos estaría indicando la preeminencia
de un temperamento, por eso la representación plástica del movimiento se pondrá
de manifiesto en el dinamismo de las formas, característico de muchas de sus pinturas,
por encima del tema tratado.
Las pinturas de este artista de los años treinta y
cuarenta mantienen una dominante estructural, en la que el dibujo actúa con su contención,
pero gradualmente las formas se irán abriendo y el color pasará a ser un elemento
determinante en la composición.
Esta evolución gradual y constante, indica el sentido
plástico que domina en la obra de Castagnino por encima de los temas elegidos. Supo
atender a los requerimientos emotivos de su sentido humanista y social, valiéndose
siempre del lenguaje plástico y sus necesidades expresivas. Castagnino fue, esencialmente
un artista capaz de exponer toda una visión política del hombre y la sociedad a
través de los medios expresivos de la pintura; con ellos y por medio de ellos, sin
hacer prevalecer en su discurso emotivo y visual otro recurso que no fuera el del
lenguaje pictórico.
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Madre de América,
óleo sobre tela (1953), 120x81 cm. |
"Laguna de Chascomús" (1936), "Madre en el paisaje" (1938), "Pescadores" (1938), "Patio santiagueño"
(1941), "Paisaje del Mirasol" (1940), "En la laguna" (1942), "Doña
Nati" (1944), "Nina o la mujer del suburbio" (1945), son
algunas obras de este período que mejor lo ilustran, poniendo de manifiesto una
amplia variedad temática.
Es en los años cuarenta cuando la obra de Castagnino alcanza
los primeros reconocimientos. En 1943 obtiene el tercer premio del Salón Nacional
por su óleo "Tierra adentro"; en 1944 el segundo premio del Salón Nacional por "Mujer del páramo", y el primer premio del Salón Nacional
en 1948 por "Hombre del río".
En 1935 hacia recorrido el interior del país y organizado el Primer Salón
de Arte, en Tandil. En 1939 recorre Europa. En París concurre durante cuatro meses
al taller de André Lothe, uno de los maestros de los pintores argentinos de la
generación de los años veinte. Este artista, que practicaba una pintura postcubista,
nunca ocupe primeros planos como tal, pero tenía grandes cualidades docentes y
por su taller pasaron decenas de artistas de varias generaciones, que luego se
destacarían en sus países de origen. Lothe provenía de la gran influencia de Cézanne
en la pintura de la Escuela de París, a lo largo de dos o tres décadas siguientes
a su muerte en 1906, y la trasladaba a sus discípulos.
En Castagnino, ese pasaje
por el taller del maestro cézanniano, no parece haber dejado grandes huellas, ya
que su pintura sigue su derrotero sin poner en evidencia esa circunstancia. Sin
embargo, el valor compositivo asignado al color a partir de los anos
finales de
la década y principios de los '50, puede ser considerado como un indicio de un vinculo
más que circunstancial con el maestro francés. En París se relaciona con Picasso
y Léger, con quienes tenia afinidades políticas y estéticas.
Cuando regresó a Buenos
Aires, en 1940, se casó
con la pintora Nina Haerle. Un año después nace su hijo
Álvaro. En 1943 realizó el mural "La ofrenda de la nueva tierra", en la sede de
la Sociedad Hebraica Argentina, donde puso de relieve ese sentido alegórico del
muralismo de la época, concebido a la vez como una forma de comunicación directa,
emotiva y sensible para el pueblo.
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Pedrito, óleo sobre tela (circa 1959), 60x50 cm. |
Junto a Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni,
Demetrio Urruchda y Manuel Colmeiro, participa en la creación del Taller de Arte
Mural y poco tiempo después los cuatro realizaron los murales de las galerías Pacífico
con motivo de su remodelación, llevada a cabo por los arquitectos Asian y Ezcurra.
Ese mismo año, 1946, Castagnino realizó el mural "Elogio del río Uruguay"
en Salto (República Oriental del Uruguay).
En 1948 obtuvo el primer premio de pintura
del Salón Nacional por su Óleo "Hombre del río", y fue invitado a participar en
el Premio Palanza. También entonces participó en la Exposición de Acuarelas y
Dibujos organizada por la Unión Panamericana de Washington. Expuso en Lima y viajo
nuevamente a Europa.
Como ha sido señalado, con acierto, por Graciela Dragoski y
Delcis Méndez Cherey en su estudio sobre la obra de este artista, "la
pintura de
este periodo no despierta sentimientos agresivos, no es propagandistica".
Una actitud
contenida es el denominador común de estas obras. Su color es poco luminoso, casi
sucio. Sin duda esto obedece al tema elegido. Pues no se propuso el desborde coloristico
sino que intentó asimilar, pausadamente, el drama del hombre, profundizarlo, sin
atender a la "distracción" cromática. Sus intenciones no sobrepasaban sus intereses
pictóricos.
En 1952 Castagnino volvió a Europa para participar
en el Congreso Internacional de la Paz, en Viena. Ese año realizó la mayor parte
de su serie "Testimonios".
Al año siguiente, realizo un viaje al Extremo
Oriente que dejaría en él huellas perdurables. En China conoció al pintor de caballos
Fu-Pe-On y al gran maestro de la pintura china Chi-Pai-Shi, que por ese entonces
tenia 93 años. Castagnino retrato a este último y realizó algunos dibujos en su
taller, los cuales fueron admirados por el anciano pintor.
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