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Rojo. Oleo, 162 x 130 cm. París, 1965. |
Cabe aquí consignar que el puntillismo que había comenzado haciéndolo Ocampo a punta de pincel, será trocado por la técnica de la salpicadura, lo que permite a Ocampo una mayor libertad de acción, algo afín a los chorreados de Pollock, que según algunos, derivó de haber visto los "sand paintings" que trabajaban los indios del oeste norteamericano.
En el año 1960 ya estará de vuelta en nuestra Buenos Aires, lo que le permite coincidir con los encargos que los arquitectos del Teatro San Martín (Mario Roberto Alvarez y Oscar Ruiz) le hacen para el foyer de la sala principal de esa notable conquista de nuestra arquitectura; ese Mario Roberto Alvarez con el cual coincidirá Ocampo en su incorporación a la Academia Nacional de Bellas Artes.
Un reportaje de María Teresa Solá nos conserva la atmósfera en la cual se llevó a cabo esa importante tarea: "Enterados de que uno de los pintores está pintanda su cuadro en el teatro mismo, vamos a verla. Una vez allí no comprendemos cómo alguien puede estar pintando un cuadro en medio de ese barulIo.
¿Miguel Ocampo?, preguntamos.
Un obrero se detiene y nos contesta: ¡Ah! el pintor, Está en el último piso, " Martínez el ascensorista nos asegura que lo encontraremos arriba pintando. Un muchacho simpático cuyo oficío no conseguimos definir, se ofrece para acompañamos porque él quiere ver qué tal sigue el cuadro...
Y así lo vemos cargar los cuadros (dos telas, una de 2,50 por 1,60 metros y la otra de 1.90 por 1,60 metros) colocarlos horizontales sobre cuatro banquitos, preparar los colores en unos simples platos ,enlozados, y luego pintar moviéndose de una tela a otra, tarareando, ocupado sólo en estan tarea tan misteriosa, casi diríamos tan milagrosa que es la creación.
Nosotros nos preguntamos cómo sabe que ese círculo, entre miles que hay , debe ir verde; porque cuando lo vemos comprendemos que es ése y no otro el que debía tener el color que tiene. Y recordamos a Kandinsky que decía: "La forma de una obra de arte es determinada por la irresistible fuerza interior."... Los cuadros son apoyados contra la pared. El pintor vuelve a su silla con un cuaderno en la mano; sobre la dibujada superficie del cuadro va señalando lo que quiere modificar, lo que necesita añadir. Luego retorna el profundo interrogatorio visual que todo pintor auténtico plantea a la tela.
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| Sín título. Oleo, 130 x 97 cm. Bs.As., 1967 |
Los dos cuadros en cuestión, que en verdad constituyen un díptico capaz de ser apreciado por quien quiera trasladarse al foyer de la sala princípal del Teatro San Martín, están colocados de tal modo que ofrecen uno de esos ejemplos de integración entre arquitectura y pintura del que tanto se nos ha hablado, pero del que existen tan pocos ejemplos logrados como éste.
Una de las partes del díptico queda en el pasillo superior, mientras la otra continúa en forma, composición y tono general a la que está en el hall de abajo, de tal modo que las obras pueden ser apreciadas por separado, y a la vez conjuntamente, alejándose al espectador de ellas en el hall de abajo.
En el prólogo del Director del Museo, responsable de la invitación, Jorge Romero Brest, se nos dice: "Los cinco pintores que me honro en presentar pertenecen a la generación intermedia de artistas nacionales. Ni demasiado maduros para juzgarlos en perspectiva final, ni demasiado jóvenes como para considerarlos promesas nada más. Promesas son, ¿cómo dejar de serio) pero de cumplimiento seguro. La iniciativa fue de ellos. Quisieron exponer en Buenos Aires, antes de hacerlo en diversas instituciones extranjeras...
El grupo no ha sido formado por nosotros. Se ha constituido naturalmente, según sospecho, más por motivos comunitarios que por coincidencia artística.
... No son tan solitarios como para que sea imposible encontrarles la afiliación a movimientos internacionales, por fortuna; sino porque como ocurre en cualquiera de los campos de nuestro existir nacional, se rehúsan a la forzada agremiación. Otro vínculo los une y es el de la seriedad"
... Luego de reflexionar filosóficamente, Romero se ocupa de cada artista en particular: "Miguel Ocampo se desdibuja más como individuo y desdeña con mayor soltura los datos de la experiencia o de la conciencia. Abre el mundo propio de la tela también como tela, temeroso de dar una forma que no sea telística al color y por ello sus cuadros deben ser contemplados desde muy cerca.
PARÍS (1961-66)
¿Cómo es la pintura de Ocampo? Abstracta. Conste que yo mismo soy el primero en admitir que sea esa palabra aislada quiere decir ya muy poco en estos días... Sin tratar de hacer literatura- pecado mayor para un literato- me acerco a la obra de Miguel Ocampo. Hace años su búsqueda iba por la proliferación de grandes puntos claros que cabrilleaban sobre grandes superficies oscuras.
Pintura de dominante, fría y oscura la suya. En ella los tonos intensos son rebajados con el blanco y negro a los grises cantantes, lo que da una entonación supremamente fina e inesperada. ¿Qué ocurre en esos millares de puntitos desparramados por la superficie...? En un momento dado
-hace unos años- eran más estadísticos. Su ideal confesado era el de obtener una superficie casi homogenea cuya belleza de color se descubría de lejos como tonalidad y de cerca por la tonalidad cromática de los ajustes.
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| Contigo Misma. Oleo, 127 x 152 cm. Nueva York, 1971 |
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| Cándido Indecoroso. Oleo, 130 x 130 cm. Bs.As., 1967 |
Hoy toda la superficie del cuadro, tanto por la composición como por la materia, resulta algo más dinámico, una verdadera forma de devenir.
La pintura de Ocampo es una pintura que irradia serenidad, finura. Revela en época de gritos, de malas palabras, de gestos chocantes- un verdadero puerto de vida interior, intensa, concentrada, difícil de expresar, quizá, pero que llega plenamente al espectador sensible.
... En la pintura de Ocampo como en la mayoría del arte contemporáneo interesante nos enfrentamos con este problema de la complejidad y de la ambiguedad del signo que no debe atemorizar al espectador, sino antes bien provocaria ... ¿Fauna, flora, astronomía en la pintura de Ocampo? Sí, todo eso, porqué no, y al mismo tiempo forma pura, color acordado y extraño, misterio de la intimidad en la creación.
Pintura reticente, profunda, enraizada, humana, no por abordar temas patéticos sino temas eternos; formas que se deshacen y se autogeneran, dinamismo de la materia, evanescente color ambiguo que cambia constantemente... actúa simultáneamente en muchos niveles distintos de significación, aludiendo a multitud de costumbres perceptivas, psicológicas, anímicas. Es decir, dura en nosotros, vive, evoluciona ella también como nosotros mismos, hace y se deshace, como decía Robbe-Grillet. Porque es un apretado y desconcertante nudo de significación. Simbólica, alusiva, difícil de conocer, como un ser humano con el cual la relación es siempre ardua; y por eso mismo, apasionante."
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| Incesante empezar. Acrílico , 154 x 128 cm. Nueva York., 1969 |
Luego de renunciar a la tarea descriptiva se nos remite a "la calma que experimentamos en el pensamiento de Pascal frente a la infinitud del universo." También se cita a la Armonía del anochecer de Baudelaire y a dos versos de Racine: (Ariana, mi hermana de qué amor herida, desfalleces al borde, donde fuiste abandonada) Arianne, ma soeur de quel amour blessé/ vous morutes aux bords ou vous futes laissé, "los más bellos de la literatura francesa"
¿ Quién podria pensar al verlo que detenta tal poder?" ... (refiriéndose a la desconcertante modestia del artista), y termina diciendo:
Uno de mis amigos que acababa de visitarlo me dijo: "Qué paseo magnífico realicé hoy entre sus telas".
El temor expresado por Bayón, nos es confirmado por los comienzos del artículo de Claude Lafaye, pero al mismo tiempo ambos escritos denotan que la calidad del arte de Ocampo no había pasado desapercibida para los entendidos.
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| Penetración de la luz. Acrilico, 130 x 160 cm. Bs.As., 1968 |
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| Mundos complementarios. Oleo, diámetro 100cm. Bs.As., 1968 |
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Mundos complementarios. Oleo, diámetro 100cm. Bs.As., 1968 |
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