| |

|
Pintura. Oleo, 70 x 70 cm. Roma, 1958
|
 |
| Trama de verano. Oleo, 100 x 80 cm. Bs. As., 1960 |
BUENOS AIRES (1950-56)
1952 marca una nueva etapa en el arte de Ocampo, con la muestra que se organiza en la galería Viau de la calle Florida y a la cual es convocado por el crítico Aldo Pellegrini, junto con un distinguido grupo de colegas.
Ellos son los que están en la línea del arte concreto: Tomás Maldonado, Lidy Prati y Hlito, pintores, y los escultores Iommi y Girola, junto a quienes dentro de una corriente afín, se mantienen más próximos a las vibraciones sensibles, y que son Aebi, Fernández Muro, Sarah Grilo y Ocampo.
Esta muestra aunque se trate de una colectiva, marca un hito importante en la trayectoria de Ocampo, no sólo por su significativa estilística sino porque en cierto modo actualiza una relación con quienes habían sido sus compañeros en el taller de Puig, me refiero a Fernández Muro y Sarah Grilo, con quienes se había trabado una amistad en la que también participaba esa presencia benéfica para nuestro arte que significó Ignacio Pirovano.
No es fácil establecer el proceso de esta metamorfosis formal.
|
| Trama de atardecer. Oleo, 130 x 97 cm. París, 1961. |
Los nombres vagamente conocidos de Piet Mondrian, de Moholy Nagy, de Vantongerloo, comenzaron a circular en nuestro medio como aureolados de una luminosidad muy particular, He asistido a más de una de las reuniones donde Maldonado oficiaba con unción esos ritos por lus que desfilaban las grandes figuras del neoplasticismo europeo, y quiero aquí consignar que se lo agradezco, ya que para quien haya mantenido su dcvoción por Mondrian, que no podía sino crecer con los años, esa puerta de severa seriedad abierta por Maldonado, estaba bien entonada con la personalidad del creador del famoso cuadro Boogie-Woogie.
Ese mismo año de 1952, en la galería Bonino,durante el mes de julio, realiza Ocampo su seguna muestra individual.
Sobre la colectiva de Viau, en una nota aparecida en la revista Ver y Estimar, que dirige Jorge Romero Brest, se dice de Ocampo: "Como siempre confiado en su imaginación para cuajar las insinuaciones dinámicas del plano; son las suyas formas precisas, pero espontáneas, apoyadas en exquisitos contrastes y armonías de colores que les otorgan un sentido de renovada inspiración".
De la de Bonino, afirma Ernesto B. Rodríguez en el Boletín del Museo de Arte Decorativo: "Así en estas obras no representativas, firmemente cdiidas a los valores plásticos de la línea y el color, se ve al poeta que hay en Ocampo combinar los cristales de la ilusión en el temblor de aIguna superficie", hallazgos sólo posibles cuando el ojo analítico y el ojo sensible se unen v forman una misma y sola visión.
 |
| Afocal. Oleo, 130 x 97 cm. Bs.As.,1960. |
Contemplar una de estas telas de Ocampo supone darle la razón al crítico. Considero que la nola distintiva de estas obras es una sutileza de color y de linea que buscan el equlibrio, dentro del plano, evitando cualquier tipo de estridencia. Se trata de una sutileza que por momentos nos recuerda aquella frase de Don Ricardo di Palma "tan sutil era que sería capaz de escuchar el galope de un caballo de copas".
En el prólogo de la exposición de Bonino, el entusiasta Manuel Mujica Lainez: "No creo yo por cierto que las composiciones abstractas que aquí se exhiben nos señalen para el camino que seguirá Miguel Ocampo. Es un hombre demasiado inquieto; dueño de una sensibilidad demasiado alerta, para encerrarse entre dos altos muros, por lumillosos que sean éstos, y dejarse conducir por la senda que entre ellos corre".
Y con tono profético: "Estoy seguro que no se encerrará... En cualquier momento se abrirá una puerta...en la solidez de los altos muros v Ocampo descubrirá un nuevo rumbo. Y de lo que también estoy seguro es de que entonces como ayer, como hoy, como en los distintos momentos de su carrera generosa, Miguel Ocampo será él, siempre él.
Aquí tenemos las consecuencias de una severa introspección que supone rechazos y sacrificios... Es el triunfo del que medita mientras contempla el instrumento... forma y color viven por si mismos, excluyendo cuanto sea alusión o referencia figurativa... Hay que mirar sus cuadros como se escuchan las sinfonías, persiguiendo los acordes, las correspondencias de cuyo ajuste resulta una sensación total de sereno transporte, de delicado equilibrio..."
Pintores como él nos indican que la pintura argentina, construida sobre la base de la investigación reflexiva y de la sensibilidad poética, divorciada de lo casualmente anecdótico, ya es..."
Nuevamente el crítico hace hincapié en esa doble condición que emerge de las obras de Ocampo, lo reflexivo y lo sensible.
Ocampo, y esto será una rara característica de buena parte de su arte, no impone, propone posibles lecturas, que quedan libradas a la óptica de cada contemplador. Sin entrar a analizar las características psicológicas de tal tipo de propuesta no hay duda de que la misma añade encanta alojo participante; (y en cierto sentido también responsabilidad).
Hasta su partida para Italia en 1956, Ocampo sigue trabajando con planteos afines como nos lo recuerda una entrevista que le hace Omar Del Carlo, poco antes de su partida. "Me refiero", nos dice Del Carlo, "a un cuadro de fondo blanco en cuyo centro se extendía una especie de columna fluctuante formada de triángulos en la tonalidad más baja del marrón. La tonalidad contrastante de estos triángulos hacía que toda esa masa, como una nebulosa perfectamente delimitada, pareciera animada de un movimiento infinito.
El último cuadro que recuerdo, ese mismo en que trabajaba antes de irse, reproducía procedimientos análogos. Cuatro o cinco elementos violeta, desde donde se dispersan infinitos puntos verdes, creando una especie de mapa cósmico animado de una corriente eterna."
Y añade: "Era el intento de incorporar a la pintura ... los elementos del ritmo, del puro movimiento, pero no encarnados en posturas más o menos perecederas sino en cuanto a imágenes eternas de un eterno fluir ... "
En esta descripción de Del Carlo, inmediatamente anterior a la partida de Ocampo, que acaba de ingresar a la diplomacia, se anotan ya la aparición de "infinitos puntos" que asoman en la tela.
ROMA (1956-59)
 |
| Sous-Bois. Oleo, 97 x 97 cm. París 1963 |
Del artículo que publicara Hugo Parpagnoli en La Prensa, titulado Miguel Ocampo en Roma, tomamos algunos párrafos: "La pintura de Miguel Ocampo, argentino residente en Roma, observada y gustada sin ansias turísticas, descubre su inserción en el hacer pictórico que dio origen a muchas obras clásicas. Ese hacer que abre caminos rompiendo prejuicios y que en ciertas épocas parece trasladarse a los países jóvenes como el nuestro cuya historia está más señalada por un conjunto de ideas que de monumentos, emigrando entonces de las ciudades maestras, que no pueden permitirse el lujo de jugar a la par de los niños que amamantan.
La de acampo es simplemente pintura. Pintura hoy. Una realidad alrededor, unos manuales y un espítu que se expresa y expresa lo que de esa realidad cae en él y sale luego de él en formas y colores. Las formas de sus cuadros (siempre necesarias pues el solo color desparramado no constituye un ser pictórico), son un punto de llegada en cuanto no representan otras formas naturales ni son símbolos ni gráficos matemáticos, cabalísticos u oníricos, y son al mismo tiempo, un punto de partida porque por ellas se entra en un mundo poético. El ojo ve círculos, polígonos o rayas trasladándose o estáticos y situados en un aire que ellos mismos ayudan a crear. Girando y saltando, abriéndose a la luz o entrando en nuestros secretos recintos, colgándose de un punto que a su vez sostiene el espacio, subiendo en piruetas de balancín o bajando en diálogos calmos o violentos, adelantándose o escondiéndose, pensando o volando, estas formas viven la misteriosa gracia de la pintura.
En enero de 1958 tiene lugar una muestra individual de Ocampo en la Galería La Tartaruga de Roma. En el prólogo a la misma, el distinguido crítico italiano Nello Ponente nos dice desde el comienzo, que la condición no sólo de pintor sino la de arquitecto se evidencia de inmediato· por la voluntad de orden de sus telas. Pero se trata de un orden que se adecua espontáneamente a la dimensión pictórica... Así la geometría originaria que es la base de la cultura pictórica de Ocampo pierde un rigor para ganar en vibración; una vibración luminosa rcsultado de un puntillismo que torna impalpable una materia sutil y difusa a través de la cual se logra una función expresivasto, observa Ponente, otorga al color-luz ciertas resonancias surrealistas, otorgando a las formas geométricas función de signos sutiles, que de este modo adquieren dimensiones psicológicas. Fantasía, atmósfera, la dimensión espacial, se logran a través de los valores que cubren la superficie, pese a lo cual sigue considerándola pintura concreta, aún en el tratamiento de ese impalpable elemento que es la luz, donde descubre el papel protagónico de estos cuadros.
 |
| Cuento de Invierno. Oleo, 162 x 130 cm. París 1965. |
Nos dice María Luisa Bastos en el número 14 de Sur del mismo año, que los 16 óleos romanos habían sido luego mostrados en Nueva York (meses después) y que dos de ellos fueron adquiridos por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. De la muestra en Roma acota Bastos: " En ellas (las telas) se ve clarísismo que la forma, la luz y el color son elementos cualitativos del universo en el que está incluído en el espíritu humano, la muestra en Nueva York publica La Prensa, unas líneas de Dore Ashton: "Trabaja con formas geométricas suavizadas, pequeños círculos... y ocasionalmente más rectilíneas... pinta con una técnica meticulosa en la cual la luz es graduada con sensibilidad que da a sus composiciones cierta sombra de misterio."
Sobre esta misma exposición, en un artículo aparecido en el diario La Nación (mayo 11 de 1958), tilulado Crónica de paisaje y arte en Nueva York, el crítico Damián Carlos Bayón, que será sin duda uno de los más lúcidos comentaristas de la obra de Ocampo, a lo largo de su trayectoria, anota: "En la galeda Roland de Aenlle, a pocos metros del museo expone ahora otro pintor argentino, Miguel Ocampo ...
|
|