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La exposición de 1940
Once años transcurrieron desde su última exposición personal. Desde el lunes 22 de julio hasta el 1° de agosto de 1940 Xul Solar colgó 25 obras en la Sala II de Amigos del Arte. En forma simultánea exponían, en la Sala I de la misma galería, Norah Borges y Silvina Ocampo. Entre las obras exhibidas en aquella muestra personal de 1940 se contaban Tialoc (Dios Lluvi de México) y San Monte lejos. También dos grafías. Los resultados en términos económicos fueron magros: le vendió un cuadro a Jorge Luis Borges y otro lo canjeó por libros. La sala había recibido obras de Xul casi de manera ininterrumpida y ese mismo año 1940, poco antes de su muestra personal, había colgado una obra en una colectiva realizada en la Sociedad de Artistas Plásticos.
En Argentina Libre, diario que publicaba colaboraciones de Macedonio Fernández, Jorge Romero Brest dedica una reseña a la muestra personal de Xul, en la que reconoce el dominio técnico ("utiliza las formas plásticas, que domina conscientemente en su estructura y significación, porque conoce [el] dibujo y es colorista sensible"), pero pone límites a su admiración: recalca el crítico "el esoterismo significativo que se sobrecarga en mucho a la mera significación". Romero Brest señala que ese contenido "rebasa los límites de la posibilidad expresiva de la pintura y por lo tanto de esta crítica".
En general, la exposición fue un eslabón más de la creación paciente de Xul, aunque parecen haber pasado sin mayores observaciones algunas novedades de su arte, como las grafías, cuadros realizados a partir del uso plástico de letras, que llevan a un depurado perfeccionamiento ese recurso usado por Xul desde mucho antes.
Comienza para la Argentina una década incierta. En Europa se combate en muchos de los escenarios que habían presenciado dos décadas atrás todas las renovaciones del arte, y donde Xul había madurado su personalidad. A comienzos de 1940 la Segunda Guerra Mundial lleva ya varios meses. Los ejércitos de Hitler han invadido Francia, París está ocupada y el Tercer Reich ha destrozado al ejército polaco. Londres es bombardeada sin piedad. ¿Todo esto es un hecho remoto para la rutina de la ciudad del sur, cuyo gobierno preconiza la neutralidad en medio de una opinión pública que lo acusa de ser proclive al nazismo? Sin embargo, la guerra parece abolir toda posibilidad de escapar a sus garras: en diciembre de 1939 chocan en aguas del río de la Plata el acorazado alemán "Graf Spee" y tres cruceros ingleses. Estos no tenían la potencia necesaria para hundir al acorazado pero lo obligaron a refugiarse en la bahía de Montevideo. El gobierno uruguayo, partidario de los aliados, fuerza al "Graf Spee" a salir al río abierto y la tripulación del acorazado prefiere hundirlo. Su capitán se suicida y los marinos piden asilo en Buenos Aires.
En el seno de esa incertidumbre, cada uno de los creadores que respiran en el aire húmedo de la ciudad de Buenos Aires continúa forjando su obra. ¿Qué hace en esa década, que se ha inaugurado con augurios funestos, la alegre falange de Martín Fierro, una experiencia que parece ya remota? La ciudad no abdica de su fabulosa vitalidad cultural. Las respectivas aventuras creadoras no se detienen y nuevas tramas se tejen. La tragedia europea trae a Buenos Aires a personalidades relevantes. Desde septiembre de 1939, un polaco llamado Witold Gombrowicz vive en oscuras pensiones, sumido en la más grande pobreza. Es amigo de otro exiliado, éste con saudades de trópico, el cubano Virgilio Piñera. La guerra "incivil" española ha arrojado su marea de perdedores, a pesar de la mala voluntad de los presidentes Roberto Ortiz y Ramón Castillo y la hostilidad del Parlamento. Se instalan en Buenos Aires escritores como Ramón Gómez de la Serna, Francisco Ayala, Rafael Alberti y María Teresa León, y editores como Antonio López Llausás (Sudamericana), Gonzalo Losada (Losada) o Joan Merli (Poseidón). Borges, escritor de inagotable energía, se inserta en el polo que durante muchos años compartirá con México la capitalidad editorial de la lengua. Borges publica su cuento "Tlón, Uqbar, Orbis Tertius", que ficcionaliza la figura y los sueños de Xul.
En febrero de 1940, en la catedral de Flores, se casan Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Jorge Luis Borges es el padrino de boda. A pesar de que Bioy es quince años más joven, se convertirá en interlocutor y socio principal de muchos proyectos de Borges. 1940 es el año en que aparece, en Losada, La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, una novela que tiene mucho que ver con el mundo del planeta Tlón y con el de las invenciones de Xul Solar.
En el Buenos Aires de los años cuarenta, dos parejas rutilantes son el centro de la trama cultural. La de Adolfito y Silvina, que reúnen a sus acólitos en su casa de Ecuador y Santa Fe, y la Oliverio Girondo y Norah Lange, que convocan a sus amigos en la casa de Suipacha 1444, presidida por el Espantapájaros. Xul Solar concurrió a ambos cenáculos.
¿Qué era de la vida del sabio de la tribu, Macedonio Fernández? Desde mediados de la década anterior, Macedonio, que se acerca a los setenta años (los cumplirá en 1944), vive retirado en un exilio interior. Pasa largos períodos de tiempo en La Verde, una chacra situada en las afueras de Buenos Aires que es propiedad de una familia amiga, una de cuyas hermanas, Consuelo Bosch, vive una relación profunda con el autor de Papeles de Recienvenido. Tan largos alejamientos comienzan a consolidar el mito de la ausencia de su autor, que cristalizará cuando muchos lo consideren muerto. En 1940, Macedonio Fernández recibe ejemplares de Una novela que comienza, que adelanta lo que sería su obra en marcha, el Museo de la novela de la Eterna. Una novela que comienza, único libro que Macedonio vio impreso en vida entre 1929 y su muerte, había sido publicado en Chile, por Ercilla, porque no ha encontrado quien lo haga en la Argentina. Un ejemplar dedicado llega a casa de Xul.
El poeta Leopoldo Marechal ha sufrido una crisis religiosa en los años treinta que lo llevó a la conversión. Sus poemas Laberinto de amor, Sonetos a Sophia y El centauro dan muestra de esa fe. Marechal, además, ha perdido a su esposa. Sigue siendo maestro de escuela e incuba dos decisiones: adherirá al nacionalismo que con vestidura militar iba a emerger poco después y elabora en el silencio de su gabinete una vasta crónica narrativa del Buenos Aires alegre de la juventud dorada, ya perdida.
¿Qué ha sido de Emilio Pettoruti? Tras desarrollar una actividad febril, también ha tenido una crisis, y brega contra molinos de viento. Cuando bajan los cuadros de Xul de una de las salas de Amigos del Arte, se montan los de Pettoruti, pero esta vez no es como en 1924, no hay aglomeraciones ni escándalos. Emilio sigue persiguiendo la luz: en 1940, realiza una serie de bocetos que llama "la serie del sol". En sus memorias recuerda que en ese 1940 se repetía: "Es en la luz donde está el misterio". Y recuerda aquella Luz elevación, un retrato cifrado de Xul que había pintado en 1916. "De allí a pensar en aferrar el sol y en meterlo en el hogar, que ha sido siempre uno de los grandes propósitos del hombre, mediaba únicamente un paso y lo franqueé con resolución en los bocetos de 1939..." Mientras Pettoruti persigue incansablemente el sol, lidia con intereses mezquinos y consigna frustraciones: no ha podido dotar de una sede al Museo de Bellas Artes de La Plata.
Tampoco son épocas felices para Borges, a pesar de que su energía creadora no decae. Ha muerto su padre a comienzos de 1938: desde hacía años estaba postrado por la ceguera y por una seria enfermedad cardíaca. Borges ya no puede desentenderse del mundo material y a fines de 1937 tuvo que salir a ganar algo de dinero, como empleado en una biblioteca municipal de barrio.
Pero Borges, en nuevas circunstancias, con nuevos amigos y alcanzada la madurez de la cuarentena, no abandona el diálogo fecundo con Xul Solar. En aquellos años, cuando Borges y Bioy se fusionan en un tercer autor, el misterioso escritor H. Bustos Domecq, la sombra de Xul estará presente en la conversación y en la creación de los amigos, porque el personaje que pergeña Bustos Domecq, ese peluquero de barrio llamado Isidro Parodi, cuya mente es capaz de enfrentar y resolver todos los enigmas desde una celda, está encerrado, cumpliendo una condena injusta, en esa Penitenciaría Nacional sobre la que tanto le ha contado Xul a Borges, en sus caminatas por la ciudad.
Había dejado a Xul en su muestra personal de Amigos del Arte. ¿Cuáles eran sus días y sus trabajos durante aquellos años en los que alcanza la madurez de la cincuentena?
Xul Solar está rodeado de jóvenes discípulos. Según Patricia M. Artundo, "su casa de la calle Laprida 1214 es frecuentada por amigos y seguidores, artistas y escritores -Jorge Calvetti, Adolfo de Obieta, Juan Batlle Planas, Raúl Soldi, son algunos de ellos- con quienes Xul comparte generosamente sus búsquedas, sus estudios y sus saberes".
Adolfo de Obieta (1912-2002) se había convertido desde mediados de la década del treinta en colaborador de su padre Macedonio Fernández, al tiempo que proseguía su propio camino literario. Obieta acercó a Xul a una aventura creativa surgida al calor del espíritu juvenil de Macedonio, la revista Papeles de Buenos Aires (publicada entre 1943 y 1945), en la cual una colaboración de Xul llegó tarde, cuando esta empresa entusiasta ya había caído. La contribución de Xul Solar a Papeles... debía publicarse en el número 6 de aquella revista tan interesante, que había reunido en sus páginas firmas de Ramón Gómez de la Serna, Jules Supervielle, Rodolfo Mondolfo, Witold Gombrowicz, Juan Carlos Paz, Felisberto Hernández, Virgilio Piñera, Enrique Molina y Olga Orozco, además, por supuesto, con muchas páginas de Macedonio Fernández, con su propio nombre y diversos seudónimos. En el número que nunca llegó a ver la luz, fenecido como Martín Fierro por agobios económicos, iban a publicarse aportes de Xul, Juan Ramón Jiménez, Ezequiel Martínez Estrada y Emito Pettoruti.
Para Obieta, la casa de la calle Laprida era
"uno de los gabinetes más irradiantes de la vida secreta de Buenos Aires. Allí se habían acumulado libros y láminas sobre lo humano y lo divino; allí se hacían ejercicios de meditación y de concentración y de oración; allí se estudiaba la Cábala y el Zohar; las tradiciones aztecas y mayas; las evidencias enigmáticas de la Isla de Pascua, allí se examinaban y comparaban miles de horóscopos; allí en aquellas solitarias reuniones de amistad con el Misterio, cada uno procuraba dar algún paso firme en el laberinto o levantar siquiera una punta del velo de lo desconocido".
Borges ha certificado la cualidad carismática de Xul: "Eran muchos los jóvenes que lo rodeaban y que seguían sus invenciones". Pintores que reconocían su maestría, aspirantes a ingresar en las dimensiones del misterio, escritores a los que el mundo creativo de Xul los fascinaba y que además encontraban en él a un amigo generoso. Jorge Calvetti (1916-2002), poeta y narrador nacido en Maimará (Jujuy), hombre que hizo de la amistad un culto, fue uno de los visitantes asiduos de la calle Laprida. Años después, golpeado por la muerte de Xul, iba a dedicarle una elegía poética que tituló El forastero, que es una parábola sobre la revelación de Jesús, pero que puede también ser un testimonio sobre la impresión profunda que causó en Calvetti entrar en la intimidad de un hombre espiritual como Xul:
Fui a su encuentro
Él se abrió paso entre la gente Y se acercó también
Y antes que yo pudiera hablarle
Me tomó de los hombros
Sacudió mi cuerpo como si fuera un árbol Del que queremos que caigan ciertos frutos Y casi sollozando me dijo: "Has olvidado a tu alma" (...)
Si el mundo atravesaba tormentas, Xul estaba instalado en su creación, en la que avanzaba con el ritmo constante que nadie nunca alteró, ni las alegrías ni las tristezas, ni los fastos ni los dolores. La cronología es una convención que contradice el tumulto de la vida, pero ¿cómo sustraerse a ella? Bajo protesta, pues, es necesario preguntarse: ¿qué hacía Xul Solar en esos años? Está inmerso en el orbe de la técnica, repasa sin cesar revistas de divulgación científica, explora mundos espirituales y extrae del mundo lo que puede. Llena carpetas con recortes que siguen los acontecimientos bélicos, las novedades técnicas y el desarrollo de las armas. También acumula retratos de personajes célebres que le sirven para realizar estudios fisonómicos. Xul dicta conferencias donde lo invitan: en Rosario concurre a la Universidad Espiritualista Americana, dirigida por Santiago Bovisio, donde pronuncia una conferencia sobre "La astrología mejor"; años después dicta allí cursos sobre el mismo tema.
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