| |

El Museo Británico
Pero vuelvo a Londres, donde Xul estudia a fondo la obra de William Blake. Casi no hay escritor inglés de aquella época que no se haya mezclado con experiencias de magia, esoterismo, teosofía... Con diferentes matices y énfasis se interesaron por el mundo de lo oculto Arthur Conan Doyle, Gilbert Keith Chesterton, George Bernard Shaw, Oscar Wilde, Bram Stoker, H.G. Wells, James Joyce, Samuel Beckett, Katherine Mansfield, William Somerset Maugham, Arthur Machen, T. S. Eliot, Aldous Huxley... además de dos norteamericanos que vivieron largos años y desarrollaron su obra en Europa como Henry James y sobre todo Ezra Pound.
Como se ve, abundaban los irlandeses como el propio Yeats (1865-1939), una de las grandes voces de la poesía de habla inglesa en el siglo XX, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1923, proveniente de una familia católica irlandesa y que fue, por lo menos hasta sus últimos años, un activo nacionalista irlandés. Tras conocer en persona a Helena Blavatsky, fue iniciado en 1887 en la orden teósofa del Arca Dorada y se convirtió en colaborador de Lucifer, el periódico de la Sociedad Teosófica, además de fundar la sede irlandesa del Arca.
Los intereses esotéricos de Xul tienen un centro de irradiación: el Museo Británico. La historia del esoterismo en Inglaterra está indisolublemente ligada a este lugar. En su autobiografía, Yeats menciona que conoció a Mathers, personaje que trato más adelante, en el Reading Room del Museo Británico, donde éste estudiaba antiguas religiones orientales. En algún sentido, estas personalidades del ocultismo no eran sino lectores que se pasaban largas horas hurgando en viejos textos. Y en el Museo Británico Xul descubre y desarrolla el que sería su lema, y descripción de su aventura humana: "Examina todo, retiene lo bueno" (San Pablo).
El Museo Británico alberga una fabulosa colección de arte antiguo, occidental y oriental, producto en buena medida del pillaje colonial. Xul ya había transpuesto el umbral del Museo en 1912 durante su primera aproximación a la ciudad. Había comprado entonces libros como A Short Guide to the American Antiquities in the British Museum, y el Handbook to the Ethnographical Collections. Anhelaba regresar a Londres para estudiar a fondo semejante tesoro.
En el Museo está todo el conocimiento que puede albergar Occidente sobre el antiguo Egipto, desde los tiempos predinásticos, cuatro mil años antes de Cristo, hasta el período copto, incluyendo piezas de Nubia y Sudán. Como lo reconocieron los griegos y. Clemente de Alejandría, quien trazó un inventario de los textos sagrados egipcios, la civilización del Nilo conocía la escritura y se conservan los textos de las Pirámides, inscriptos en las paredes, y los de los sarcófagos, que acompañaban a los muertos en sus viajes, y sobre todo El libro de los muertos, que data de 1500 a. C., redactado sobre papiros durante el Segundo Imperio Tebano, uno de los grandes textos sagrados de la humanidad. Trata sobre la medicina, la astrología, los ritos sacerdotales, la enseñanza, el culto, la religión. El redescubrimiento de este texto fue una de las claves del resurgimiento poderoso que el esoterismo tuvo en Europa en las últimas décadas del siglo XIX. La leyenda quiere que el libro haya tenido como redactor a Thot, a quien los griegos asimilaron a Hermes y al demiurgo Ra, depositario de la imaginación creadora tanto como de la conciencia. Thot o Ra es escriba de los dioses, ordenador de los ritos sagrados que son fúnebres y vitales, y depositario de la magia, la alquimia y las ciencias de la naturaleza.
En la calma del Reading Room del Museo Británico la mirada absorta y los ojos ávidos del joven argentino Xul Solar se posan en muchas tardes de aquel año 1919, que estaba entonces terminando, sobre el sarcófago de Henutmehit, con sus ricos dorados y sus atributos divinos.
Bajo la cúpula de la biblioteca del Museo Británico, que albergó a genios y copistas, estudiosos y revolucionarios del mundo entero, desde Francisco de Miranda a Giuseppe Mazzini y Carlos Marx, Xul halló a disposición de su insaciable curiosidad un universo entero de saberes, símbolos, signos, experiencias. No sólo Egipto; también estudió las colecciones provenientes del Pacífico, África occidental, México, bajorrelieves del Antiguo Oriente Próximo guardados en las galerías Raymond y Beverly Slacker, objetos provenientes de Irán, Anatolia, Mesopotamia y Levante, incluyendo el tesoro de Oxus, el cementerio real de Ur y hallazgos realizados en Jericó.
Las edades de Bronce y de Hierro en Europa, los restos encontrados en la Gran Bretaña romana y en la Edad Media y Moderna: las reliquias de Mildenhall, Hoxne y Snettisham, el barco funerario de Sutton Hoo y las piezas de ajedrez de Lewis. Además, la fantástica colección de relojes del Museo. Y las vasijas griegas, las esculturas del Partenón, o los mármoles de Elgin, y el mausoleo de Halicarnaso...Y las 500.000 monedas y medallas así como los grabados sobre papel que ilustran la fantasía de viejos maestros. Por si esto fuera poco, Xul tenía otro incentivo en el British Museum. Allí estaba la colección de panfletos, octavillas, gacetas, recortes, cromos, recordatorios, carnés de baile, menús, prospectos, calendarios, pantallas, etiquetas, fragmentos de la vida de cada día que no aspiraban a traspasar lo cotidiano y banal, pero que se convierten en signos del tiempo, lo que a partir de 1962 John Lewis llamará ephemera. El propio Xul había comenzado desde muy chico a juntar esa "morralla" y lo seguiría haciendo, como lo testimonian sus álbumes de recortes...
La edición de Oxford Press de la poesía completa de William Blake fue un libro que deslumbró a Jorge Luis Borges cuando éste conoció la biblioteca de Xul. Entre Borges y Xul hubo un intercambio fraterno: esa biblioteca contiene 75 libros relacionados con Borges, incluyendo numerosas primeras ediciones del autor de El Aleph, con dedicatorias para Xul; hay libros subrayados y anotados por Borges, y es de suponer el interés (¿codicia?) de éste por algunos de los volúmenes que tenía Xul.
"Si yo tuviera que comparar a alguien con Xul -recordaba Borges en 1975- lo compararía con aquel místico y poeta inglés, William Blake, que hemos leído juntos y que él me enseñó a admirar, porque a mí me detenían ciertas asperezas, cierta insensibilidad, digamos a la música,a las palabras, y Xul llega a este sentido de ellas".
Volver a índice principal |
|