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La metamorfosis de Alejandro Marmo
El hombre, el hierro y el obrero
Por María Inés Pereita
Extracto de la revista "2010" Número 6, página 42 www.revista2010.com.ar
"Autodidacta y artista de oficio, Alejandro Marmo transforma viejos desechos industriales en esculturas, respondiendo a la temática del trabajo como metáfora de la inclusión social. Su galería de arte es la calle, porque considera que es en los espacios públicos, donde las obras cobran verdadero sentido. Sus últimos trabajos fueron realizados conjuntamente con obreros metalúrgicos y se exhiben en fábricas recuperadas y en el interior del país bajo el titulo "Metáfora del Desarrollo, Arte en las Fábricas".
Para realizar la nota, Marmo propone como lugar de encuentro un taller de Ringuelet, espacio que le fue cedido por el Minesterio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires para la creación de una escultura en conmemoración al Día del Trabajador. Rodeados de chatarra, rezagos industriales, piezas oxidadas, frenos de bicicleta, tornillos, engranajes y hasta una puerta antigua de ascensor, entre risas y tarareando boleros, Alejandro Marmo y Fredy Bustamante, un obrero del Astillero Naval de Tigre, sueldan las piezas que rápidamente van delineando la obra. Por momentos se detienen, se alejan unos pasos de distancia, y observan... El artista con un fibrón resalta a su compañero afinar el torso de la pieza, y enseguida, Fredy se pone manos a la obra. Mientras tanto Marmo se hace a un costado y me cuenta como surge esta idea de crear y compartir su trabajo.
"Todo parte de una historia personal. Mi viejo fue obrero y era herrero de oficio. Lo de las fábricas nace porque en el fondo estoy buscando a mi padre que falleció cuando yo tenía diez años. Cada vez que veo un obrero con una camisa Ombú recuerdo a mi padre, automáticamente. Esta es mi historia personal, tengo química con los obreros, no tengo que ponerme a codificar el lenguaje de ellos, soy uno más".
Toma un mate, mira hacia el costadocómo va la pieza, y continúa "¿pero esto como lo llevamos para que no sea tan individualista a una obra donde refleje una realidad, testimonio de lo que está pasando, como una fotografía de la industrialización y la desindustrialización? Y ahí es donde tenés que convocar a gente para que te ayude a institucionalizar el proyecto. En principio tuve la suerte de tener el apoyo de organismos internacionales porque desarrollé mi carrera afuera y parecería que cuando contás con este apoyo es mucho más fácil, y eso lo aprovecho".
Si bien su obra se inicia a través de vivencias personales, las cuales fueron marcando los pasos de su joven carrera, la intención de Alejandro Marmo toma cada vez más fuerza y se resignifica expresando la temática de la cultura del trabajo en simultáneo con la reactivación de fábricas y la recuperación de la fuente laboral después de la crisis del 2001, dejando como testimonio hierros olvidados transformados en obras de arte, las cuales regresan a su lugar de origen como piezas artísticas.
"Dentro de mi búsqueda interna y haciendo una metáfora de mi propia transformación reflejada en el material, empecé a investigar el contexto social en el que había nacido. Recuerdo que estaba lleno de fábricas por todos lados y había humo. Analicé como podía vincular mi propia experiencia transformando lo despreciable de mí y lo despreciable de la sociedad, en un país imaginario. Para mí este país siempre fue imaginario y nunca pudo llegar al discurso, a sostener un discurso y quise hacer una metáfora de todo esto", reflexiona el escultor nacido en Caseros.
Las cooperativas de trabajo Coventry, Ristal, IMPA, Los Constituyentes y Daimar, son algunas de las fabricas que cobijan su obra. "Con el mundo de fábricas recuperadas lo que hice fue ir acercándome tímidamente con mi trabajo y en la mayoría de los casos terminé abrazado y con proyectos. Son lugares donde se propicia la recuperación y el avance. Están todo el tiempo pensando en generar, no tienen miedo a lo nuevo, al contrario todo lo que pueden hacer es nuevo porque no hay ninguna gloria del pasado que los aferre. En las fábricas recuperadas hay esa idiosincrasia de ir hacia delante. Lo único que tenes es la posibilidad de soñar y como dice Ortega y Gasset: Cualquier nación empieza de un sueño..."
Nos damos tiempo para probar unas medialunas y calentar el agua. Fredy entusiasmado se une a la charla y me cuenta con un tono pausado y bajito su experiencia, "lo que vez acá es pura y exclusivamente creación de Marmo, nosotros ponemos el oficio, entonces se conjugan dos cosas, el obrero y el artista. Nosotros con 30 años de supervivencia, trabajando... no hay arte en la supervivencia. Yo con esta edad estoy haciendo esto, y me va a dar lugar de decirles a mis hijos y nietos, esto lo hice con un artista. Estoy empujándolo a una visión artística de la vida".
Fredy Gustamante tiene alrededor de 55 años de edad, se lo nota contento, a gusto de poder participar en la escultura. En un momento de la conversación me cuenta en absoluto secreto que tiene una sorpresa preparada para su maestro, el que hace sólo un par de días que conoce aunque pareciera lo contrario. Me pide reservada discreción. De su bolsillo saca un papel y comienza a leer lo que escribió. Se trata de un poema titulado "El soldador, un artista" que surgió de su puño y letra, en el que cuenta el resultado de esta oportunidad y elogia al escultor.
Volvemos al arte en las fábricas y Marmo anticipa que tiene como iniciativa para este año, poner en cada una de las ellas una escultura en la puerta. "Cuando yo planteé este proyecto, me dijeron, ¡estas loco!, ¿cómo vas a poner una escultura en cada fábrica?, ¡no lo van a valorar!. Claro, pensé, si no lo conocen no lo van a valorar, ni siquiera la gente entendida lo haría. De hecho tampoco pienso que haya gente entendida. Yo creo que gente de laburo y de trabajo valora diez veces más un trabajo artístico que gente entendida".
Otra experiencia similar a la de llevar arte a lugares poco frecuentes para los cánones artísticos, fue el monumento al trabajador realizado el 29 de mayo del 2003, en Fuerte Apache, confeccionado con rezago industrial de las fábricas de la zona y con ayuda de los vecinos. Una vez concluida, fue instalada en el Centro Cívico. Marmo recuerda "todos decían lo van a romper, vos estás loco, meterte ahí, y al final no tuvo ni un rasguño, al contrario. Yo creo que se subestima a propósito, esa cultura de subestimar por las dudas, no vamos a hilar fino, llevar arte a lugares así es avivar a la sociedad, ayudar a pensar".
La despedida se aproxima. El intercambio de ideas entre los artistas ya no se da por la escultura y los detalles que moldearán al trabajador, sino que se desplazan decididamente hacia el campo culinario. El menú del almuerzo es el protagonista de la discusión final.
Es como domar una bestia
El arte no tiene una definición concreta ni única, cada artista tiene la suya, la que él cree o en la que apuesta. Pero el arte en todas sus formas a lo largo de la historia deja en claro que es una expresión del alma y tiene que ver con un mundo interno e imaginario que habita en cada artista.
Alejandro Marmo tiene 35 años, es una persona inquieta, que está creando continuamente en su imaginación. Mientras habla de otras cosas, uno puede pensar que su cabeza está soldando otra escultura gigante. La inmersión dentro del mundo artístico surgió como única posibilidad de seguir adelante con su vida, desechando fantasmas imaginarios.
"Un día caí en una profunda depresión muy angustiante, estuve mucho tiempo encerrado en mi propia violencia interna y en mi angustia. Tenía una fobia galopante hacia la vida. Y casualmente estaba en lo que había sido el taller de mi padre que era herrero y empecé a ver situaciones de mi infancia en esa casa, y noté que había cosas oxidadas, restos de la herrería de mi viejo. Yo estaba oxidado. Lo que quería ser en la vida era lo que había hecho en mi infancia y esta angustia era provocada por la falta de seguridad. Estaba destruído, no tenía capacidad de asombro. Al mismo tiempo tenía un mundo interno que me devoraba pero que no podía sacar. Entonces me vi reflejado en el oxido, sentí el oxido interno mío a los 22 años. Era muy chico, en realidad yo no se sí fui joven alguna vez, ja ja".
La elección del material fue decidida deliberadamente por el artista:"Se trata de convertir el fierro, que es un metal duro y sucio en algo plástico.Mi trabajo es una batalla permanente contra el material. Es como domar una bestia".
En un comienzo sus esculturas tenían formas de insectos y animales, la representación de estos bichos como los llama Marmo, son atribuidos por el escultor a sus fobias internas: "el miedo de la única manera que se supera es enfrentándolo, lo imaginariamente lo tengo que sublimar, como dirían los psicólogos y transformarlo en algo real y concreto". Con el tiempo continua dando vida a estas especies que habitan en su mundo imaginario pero suma otros motivos y da nacimiento a figuras humanas que en la mayoría de los casos están inmersas en el mundo del trabajo.
A partir del año 2000 intercambia una intensa actividad plástica cultural y social entre Europa, Estados Unidos y Argentina. Entre el 2001 y 2004 realiza un camino de esculturas con el objetivo de unir simbólicamente las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, con la idea de federalizar el arte argentino y "que pase la General Paz", con este fin se destacan las obras La abeja de la Media Luna, construida con restos la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero y el Monumento al almirante Irizar entre otros trabajos emplazados en sitios públicos como la Sirena del Río de La Plata, situada en la avenida 9 de Julio y Libertador, en Capital Federal y el Obrero Metalúrgico, entre otras. |
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