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Arte y política en acción
Por Osvaldo Aguirre
Extracto de la revista "Nómada" Nº 3, página 45 www.unsam.edu.ar
Años de eclosión social y luchas anticolonialistas —Tlatelolco, Mayo frances, Rosariazo y Cordobazo- los 60 son también tiempos de reformulación de un arte que se pretende vanguardista y vehículo de cambio.
En este contexto, la figura del pintor rosarino Eduardo Favario enmarca el trayecto que va desde los nuevos planteos estéticos al activismo político radicalizado.
El rescate de obras y procesos que hasta hace poco parecían desconocidos, los debates sobre los usos de la violencia y las conducciones de las organizaciones armadas en los años 70 y la abundante producción bibliográfica, con la consiguiente revisión de acontecimientos, personajes y fenómenos, constituyen una marca de la cultura del presente. Nada del pasado reciente parece ser ajeno, entonces, a los relatos de la memoria. Sin embargo, todavía hay huellas que apenas han sido transitadas. Uno de esos olvidos tiene un nombre definido, el de Eduardo Favario, y recubre una experiencia singular, la articulación de política y arte en una práctica que preserva sus características revulsivas.
Favario nació en Rosario en 1939. En los 60 fue uno de los protagonistas de la vanguardia artística que se lanzó contra las instituciones culturales y reclamó nuevas formas de producción. La muestradenuncia "Tucumán Arde" (Rosario-Buenos Aires, 1968) fue la culminación de ese proceso en más de un sentido, porque Favario abandonó entonces el arte y se incorporó al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y a partir de 1970 al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
En octubre de 1975, cuando actuaba en el sector de propaganda de la organización, murió en un enfrentamiento con el Ejército, en la zona rural de Clarke, provincia de Santa Fe.
Después de su muerte el Ejército allanó la casa de Favario y destruyó gran parte de sus trabajos, pinturas y dibujos en papel.
El silencio que rodeó a su figura se mantuvo hasta 1999, cuando Graciela Carnevale, Guillermo Fantoni y Ana Longoni presentaron una muestra de obras de Favario en el Centro Cultural Parque de España, en Rosario. Sin embargo, recién en 2006 volvió a emerger del olvido: el Museo de la Memoria de Rosario presentó una nueva exposición, curada por Carnevale, que dio entrada a los aspectos que resultan más complejos: su militancia en una organización armada y su muerte durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.
Experimentar y cuestionar
Favario estudió pintura, grabado y dibujo con Juan Grela, cuyo taller constituyó uno de los ámbitos de formación de la vanguardia de los años 60. Otro factor decisivo en su formación fue el encuentro, hacia 1962, con Aldo Bortolotti, Carlos Gatti y Juan Pablo Renzi, jóvenes artistas con los que actuó desde entonces en forma grupal. Becado por el Estado francés, viajó a París a mediados de 1964 y se dedicó a visitar museos y exposiciones hasta principios del año siguiente, recorrido del que dio cuenta en sus cuadernos de apuntes; textos donde consigna proyectos, ideas, observaciones. Y una posición: "Un pintor es un hombre que tiene un estómago, un sexo, a los que tiene que satisfacer, sin menospreciar, pero sin olvidar que también tiene una mente y un corazón, tan sujetos a necesidades como el estómago y el sexo. Son las exigencias del espíritu y de la materia. Las dos son indispensables".
Al mismo tiempo desarrollaba una experiencia personal, insertándose entre los obreros del barrio de Saladillo, a través de su trabajo en el frigorífico Swift. Ésa fue una de las zonas donde el ERP realizaría pronto muchas de sus operaciones, entre ellas su primer secuestro, el del cónsul inglés en Rosario, Stanley Silvester (mayo de 1971), liberado a cambio de alimentos y ropas entregadas a los trabajadores de aquella empresa.
Según un texto conjunto de 1966, los jóvenes artistas, nucleados en el Grupo de Arte de Vanguardia, querían lograr "una experiencia inédita que trastoque las perspectivas normales" y creían que los objetos, antes que la pintura, cumplían mejor esa función. La creación debía incidir en la realidad y conmocionar al espectador. Esos propósitos pueden observarse en la transición que hizo Favario de la búsqueda formal de sus primeros años a una experimentación que apunta de modo cáustico contra las formas culturales consagradas.
Su búsqueda quedó inscripta en sus óleos, en instalaciones (la acumulación de sillas que presentó en la Anti-Bienal de Córdoba, 1966) y en diversas acciones: en la muestra grupal "Objeto pequeño no identificado" presentó un billete de 5 mil pesos, con el cual el espectador debía fijar el valor de una obra; para "El Arte por el Aire", exposición organizada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires (Mar del Plata, 1968) envió un grueso atado de periódicos para desplegar en una sala, con el título "Paquete de diarios y su desarrollo planimétrico sobre piso y pared"; en el "Ciclo de Arte Experimental" (Rosario, 1968) realizó una intervención que consistía en la clausura de la sala para invitar al público a un recorrido por la ciudad, procedimiento que, como señaló Ana Longoni, aludía a la represión política del momento, pero también a la necesidad de reinventar el espacio del arte. Favario protagonizó muchas de las acciones del Grupo de Arte Experimental, dirigidas contra instituciones artísticas conservadoras. El happening, el acto relámpago y los manifiestos de títulos rotundos ("A propósito de la cultura mermelada", "De cómo nuevamente se pretende dar oxígeno a una pintura que hace tiempo ha muerto") se combinaban en esos ataques.
El enfrentamiento se hizo más virulento con la edición 1968 del Premio Georges Braque, convocado por la embajada de Francia.
Las bases reservaban a los organizadores la posibilidad de hacer modificaciones en las obras presentadas. Se temían efectos de los sucesos que el movimiento estudiantil protagonizaba por entonces precisamente en Francia.
Fue como avivar un fuego. El 12 de julio el grupo tomó virtualmente por asalto la sala de Amigos del Arte, en Rosario, donde Jorge Romero Brest dictaba una conferencia sobre la vanguardia. Con una modalidad calcada de las nuevas organizaciones de izquierda, los artistas, con los rostros enmascarados, coparon el estrado y leyeron la proclama "Siempre es tiempo de no ser cómplices", para retirarse dando vivas al Che Guevara. Cuatro días después, en Buenos Aires, hubo acciones de repudio por la censura en el concurso. La policía detuvo entonces a ocho artistas: Margarita Paksa, Ricardo Carreira, Pablo Suárez, Roberto Jacoby y Favario, entre otros. Los abogados de la CGT de los Argentinos, el núcleo de gremios antiburocráticos que lideraba Raimundo Ongaro, asumieron la defensa de los presos. El dato revela la existencia de un vínculo que quedaría expuesto en la muestra "Tucumán Arde".
El trabajo incluyó una investigación previa en Tucumán, a los fines de documentarse sobre las condiciones de trabajo en los ingenios azucareros y la vida de los sectores más pobres. La muestra, que incluía documentos, fotografías, textos e intervenciones artísticas, se inauguró el 3 de noviembre de 1968 en el local de la CGT de los Argentinos, en Rosario; el 25 del mismo mes se trasladó a Buenos Aires, pero un día después quedó clausurada por una intimación policial. "Tucumán Arde" significó la convergencia fugaz de las vanguardias estéticas y políticas; en el caso de Favario, la conciencia final de que la acción debía librarse en el campo de la militancia.
"El hombre 'solo', el 'uno mismo', egoísta, termina con la muerte —escribió Favario en uno de sus cuadernos de apuntes—. El hombre entregado, integrado, solidarizado, por el amor, ¿muere realmente?" Un interrogante de cuya respuesta habrá que hacerse cargo. |
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