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Berni Académico
La Academia Nacional de Bellas Artes, al recibirme en su seno, me honra y, a la vez, me crea obligaciones morales e intelectuales imposibles de eludir en el futuro. Aceptar y ser recibido en esta Sesión Plenaria vale comprometerse con la cultura, al más alto nivel, fuera de la labor creativa particular, por cuyos méritos uno ha sido distinguido.
Cada artista, literato o músico tiene su individual ángulo de mira en cuanto a la estética, a su valor y su función en el ámbito público. Estos juicios e inquietudes de los hombres pensantes, sumados a una visión de la propia realidad, conforman un tronco, médula o alma que se nutre sutilmente con la savia espiritual segregada por la Nación.
Uno de los grandes méritos del escritor francés André Malraux fue el de haber imaginado ese museo mundial del arte donde muestra, a la par de las obras maestras clásicas de Grecia y del Renacimiento, las esculturas primitivas de los negros africanos o los huacos chimús de la cultura precolombina.
De nuestra parte, tanto artistas, críticos, e historiadores, así como directores de museos, hemos minimizado la antigüedad nativa (araucana, calchaquí, chaco-santiagueña o preincaica) valorándola apenas en su calidad documental sin otro mérito que el de figurar en museos de historia natural, antropológico o etnográficos, sin pensar que muchas de esas piezas son también obras de arte dignas de cualquier pinacoteca del mundo; esto lo demuestra, y nos puede servir de ejemplo, el Museo Metropolitano de New York al destinar largas salas al arte precolombino de América Latina.
Vanguardias y contexto
La extrema vanguardia en el arte de los países latinoamericanos, de sus capitales como Caracas, Lima, Asunción, Río de Janeiro o Buenos Aires, se caracteriza por una desubicación local rayana en la utopía, que termina con frecuencia en el holocausto de la obra creada. Recuerdo el caso del pintor Greco, arquetipo argentino de mentalidad ególatra, desbordante, fantasiosa, anárquica y dolorosa, que aún joven terminó en el suicidio. Casi todas las obras de los que se aventuraron por nuevas vertientes, fuera del cauce de las tradicionales imágenes pintadas o modeladas, pasado el cuarto de hora de actualidad, generalmente circunscripta a una minoría de iniciados, acabaron arrumbadas en algún depósito de emergencia o fueron destruidas al día siguiente de terminada su exhibición. Pienso en mis "monstruos" expuestos en el Instituto Di Tella en 1965, con un final semejante.
Aves siniestras que nos sacan los ojos
La pronosticada muerte de la pintura llamada o no de caballete sólo muere en la conciencia de una parte de los realizadores de las artes plásticas. Dentro de éstos, unos se manifiestan en la alienación hacia el cientificismo y el tecnicismo lastrante, pierden el entusiasmo, toda creencia en lo sorprendente; en otros, por mera corrupción, porque solamente les interesa promoverse por encima de cualquier valor intelectual.
¡Cómo se puede creer que un Orozco, que un Spilimbergo no tengan cotización en el mercado mundial del arte!
Estética de hambrientos, contestatarios populacheros. La dignidad [para ellos] sólo puede ser cosa de aristócratas de dignatarios del dinero o de clases especiales.
Arte de los setenta
No dilatemos el tema: destacaré algo que marca un hito importante, positivo o no, al comienzo de la pintura argentina de la década del setenta. La revista Primera Plana había ubicado a toda tapa la foto en colores de un caballete de artista pintor con una corona de flores ensartada en el palo del centro y cruzada por una cinta donde se leía, en letras de oro "Su familia". Todo caratulado "Argentina; la muerte de la pintura". En las páginas interiores opinaban, coincidentes con los titulares del semanario, intelectuales considerados los más inteligentes y avanzados del momento. Era indudable que Primera Plana reflejaba un estado mental anárquico muy representativo de una juventud desbordante cuya imagen más común la daban los hippies de largas melenas, barbas despeinadas y vestimenta descuidada hasta lo estrafalario. En mayo de 1970 el periodista Pugliese me hizo una entrevista que fue publicada en el diario Los Andes de Mendoza. Recuerdo que, entre otras cosas, dije: "El acta de defunción redactada por Primera Plana se ha hecho sin verdadero respaldo legal, sin sellados y sin las gestiones pertinentes ante la Dirección General de Cementerios para dar legítima sepultura a un real difunto. Faltó, por otro lado, el responso y la retórica despedida de los concretos restos mortales. Marcel Duchamp, en tiempos del dadaísmo había ideado un lúgubre ataúd para alojar el futuro cadáver de la pintura. Pero la bestia no muere y es ella la que asiste a todos los entierros de los Duchamp que van naciendo".
¿Existe una pintura argentina?
Cuando se dice "que existen sólo pintores argentinos y no pintura argentina" esta frase contiene algo de verdad. El artista es él junto al medio existencial ya que es imposible desposarlo de la sociedad en que vive, trabaja y sufre. Si esta sociedad no se identifica con el espíritu nacional porque es ajena a los intelectuales y a la cultura creadora local (aunque esta sociedad sea rica en cultura universal), entonces el arte no tiene existencia pública como hecho cotidiano del país y, menos aún, la tendrá como hecho de valor internacional. Mientras un resfrío de Salvador Dalí siga siendo para nuestros medios de comunicación más importante que una gran exposición de arte argentino no podemos hablar de la existencia real de una pintura argentina.
Tomemos un ejemplo de voluntad oficial de identificar oficialmente un país con el esfuerzo de los intelectuales nativos, que confirma lo que estamos diciendo: cuando Kennedy asumió la presidencia de los Estados Unidos invitó a la ceremonia, lo que nunca había sucedido, a ciento cincuenta intelectuales norteamericanos, representantes del teatro, cine, música, arte y literatura, considerándolos patrimonio nacional y colocándolos a nivel de los hombres destacados de otras disciplinas mentales, tales como físicos, científicos, políticos, economistas, militares, deportistas con el objetivo de imponerlos tanto en su patria como en el mundo entero.
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