Antonio Berni    
 

Apuntes autobiográficos
Mi experiencia como artista comenzó...

El arte no es ajeno a toda la experiencia propia de la vida del hombre. Ser artista no equivale, como muchos creen, a estar encasillado en una especulación abstracta específica, fuera del mundo natural que nos rodea.
Los nombres más comentados eran Fader y Quirós, y entre los extranjeros, Sorolla o Zuloaga
En el Museo del Prado me encontré a los grandes clásicos. Comprobar su tamaño, sentir el tema en su encadenamiento con la composición, la forma y el color; podía comprobar qué clase de graneado tenía la tela o la preparación de la madera del soporte; podía casi palpar la textura de los toques de pincel.
Mirando a los clásicos descubrí que en sus grandes composiciones mantienen siempre latente, escondido o visible, una particular y honda significación. En el Greco, por ejemplo, el misticismo religioso; en Velázquez, el naturalismo sereno registrando la sórdida y agonizante monarquía; en Goya, el realismo incisivo de los Desastres de la guerra y del Fusilamiento del 2 de mayo.
Corría el año 1926; en el ateneo de Madrid exponían algunos jóvenes pintores modernos españoles. (...) De Chirico, Max Ernst yTanguy.
Mis cuadros de la época de París fueron expuestos por primera vez en una exposición de conjunto realizada en el año 1928 en la Sociedad Amigos del Arte. En nosotros dominaba el fauvismo.
En el año 1931, efectué, en la misma galería, una exposición personal de carácter netamente superrealista; fue la primera de este género que se hacía en la Argentina. Ella tuvo su influencia, a pesar del silencio que se quiere hacer alrededor de este hecho, tan significativo en el arte nacional. Mi superrealismo era combativo y revolucionario, el de ahora es estático y conservador. La experiencia me enseñó que todas esas corrientes conducen a un callejón sin salida.
(...) Cuando hice mi primera exposición (...). Yo había pintado más que nada una serie de paisajes al óleo y Fornels mismo me la presentó. Se hizo en la Galería Mary, de Rosario. Ya no existe más esa galería.
(...) Mi inclinación por la pintura surgió así (...). El primero que me orientó fue Buxadera padre, que me enseñaba a dibujar. También Eugenio Fornels, pintor catalán que después fundó una escuela de bellas artes patrocinada por el Centro Catalán de Rosario. Yo asistí a los cursos que se dictaban ahí, donde también tuve la guía de otro pintor catalán que se llamaba Enrique Munné.

(...) el artista, el escritor, tienen que estar en la calle y meter la calle en los libros y en los cuadros. Además, en la calle también está la mentira, y algunos no ven más que eso. O no quieren ver más que eso. (...) Especialmente la calle me dio a Juanito Laguna y a Ramona Montiel. Son personajes urbanos. Por supuesto, están las calles del centro y las calles del suburbio. A mí me han alimentado y me interesan más las calles del suburbio.
(...) Juanito Laguna puedo ser yo mismo, también; pero también podría ser Cañadita, el hermano de esa chica, que trabajaba de peón en las chacras, para las cosechas del maíz o del trigo. Él vivía solo, en una casita a las afueras de Roldán. La mayor alegría que yo podía darle era hacerle una visita cuando iba al pueblo. Siempre fue así, aun muchos años después, ya a mi regreso de Europa, y hasta no hace mucho. Porque yo continué mi relación amistosa con él; aunque nos veíamos muy de tanto en tanto, Cañadita se acordaba mucho de nuestros tiempos de muchachos, hasta de cuando jugábamos al fútbol juntos. En realidad los dos conservábamos un recuerdo muy vivo de toda esa etapa. (...) una vez pensé traérmelo a Buenos Aires para que fuera mi ayudante, pero cuando lo pensé no estaba en condiciones de hacerlo, y más tarde, cuando ya estuve en condiciones, él había muerto. Era un tipo muy raro y solitario, que vivió y murió solo. De a ratos, él tenía necesidad de confidencia conmigo y, mirá (...) qué cosa más extraña, me contaba que se iba a quedar siempre soltero, y así fue. Resulta que se había enamorado de una muchacha que era de una clase social mucho más elevada que la de él -dentro de lo que puede ser elevada una clase social en un pueblo como Roldán- Cañadita me decía que era una hermosa mujer y que él nunca había hablado una sola palabra con ella, jamás. "Yo -me contaba él- todas las noches me acuerdo de ella, todas las noches pienso en ella, no puedo sacármela de mi mente."

Si los intelectuales madrileños estaban desconcertados, ¡te podés figurar lo que pasaría a un rosarino de veinte años! Directamente, lo que decía Marinetti me trastornó, (...). No lo entendí bien, pero me movió el piso como si fuera un terremoto. (...). Los grandes maestros me emocionaron mucho, pero la sacudida grande me la pegó Marinetti y también una muestra de pintura moderna que organizó el propio Ateneo. Allí se expusieron cuadros de pintores neocubistas españoles y un cuadro de Dalí, que todavía no era surrealista. Me acuerdo de ese cuadro, que representaba a una chica mostrando el traste y mirando un paisaje por una ventana. Todo eso me impresionó mucho, me descalabró. Entonces me dije: "¿Qué hago yo aquí en Madrid?". Porque todo eso que me había sacado de quicio venía más bien de Italia y de Francia. En Madrid no había más que un puñadito de artistas que estaba actuando por reflejo y que tenía una posición de vanguardia; el resto era conservador.

(...) Tuve distintos grupos de amigos; con unos me encontraba por una razón, con otros por otra. Allí, por los años 27, 28, era frecuente que nos encontráramos en el café "La Rotonde" los amigos argentinos que estaban, como yo, haciendo su experiencia europea: Badi, Butler, Basaldúa, Spilimbergo, Bigatti, Raquel Forner y otros que no eran artistas. Ésa era una mesa bastante seria, en el sentido de que era gente de una vida muy metódica. Más tarde vinieron y se agregaron al grupo Marechal, Jacobo Fijman, Oliverio Girondo, y (...), Argentina y los sucesos de Argentina eran a menudo motivo de diálogo y comentario; digamos que manteníamos vivo el fuego del hogar y que cada uno, a su manera, aportaba su cachito de añoranza. Pero ese grupo tenía preponderantemente muy activos intereses culturales o intelectuales, y ése era el epicentro de sus preocupaciones y su razón principal de permanencia en el viejo mundo. Yo compartía esos intereses, por cierto, pero, además, tenía otros.

En París

En primer lugar me encontré con Butler y con Basaldúa y ellos me orientaron. Como ellos mismos habían estado estudiando con Othon Friesz y con André Lothe, me sugirieron que yo también asistiera a los cursos. Ahí yo hice rápida toda mi evolución. (...) Aprendí, sí, una serie de leyes que ya estaban en el libro de Lothe, El tratado de la pintura; pero fue mi curiosidad la que [me] llevó a experimentar en muchas direcciones; hasta tuve una etapa cubista de la que queda un solo cuadro.
(...) El surrealismo en ese momento era toda una visión del arte y del mundo; era la corriente que representaba a toda una juventud, su estado artístico, su situación interna después de terminada la Primera Guerra mundial. Era un movimiento dinámico y realmente representativo, En cuanto a Aragon, su influencia no ha sido directa; éramos amigos y coincidíamos en muchas cosas; incluso su evolución y la mía han sido bastante paralelas, hasta en el enjuiciamiento al surrealismo ortodoxo y apolítico. Con otros surrealistas importantes, Breton, Duchamp, tuve conexiones amistosas también; nos encontrábamos en los bares, hablábamos, intercambiábamos opiniones y experiencias, pero nada más.
En ese sentido, el surrealismo fue un campo de experimentación para mí, como lo fue el cubismo, si vamos al caso, porque yo estaba abierto a todo (...) lo estudié a fondo (al cubismo). Aunque por esos años, (...) del 26, del 27, el cubismo ya había dicho todo lo que tenía que decir, ya había llegado a su cúspide, tanto en Braque, como en Juan Gris y en el mismo Picasso. Ya habían dicho todo; después Braque, igual que otros cubistas, siguió haciendo variaciones sobre los hallazgos fundamentales de esa escuela; pero el cubismo, ya hacia el 16, el 17, había dado sus obras maestras por excelencia. (...) en la primera etapa la pintura fauvista actuó directamente en mi sensibilidad; en la etapa siguiente, fue el cubismo, aun con todas las reservas de que hemos hablado. Pero ése era un momento de transformación mía, perfectamente lógica, ya que yo llegué a Europa con un total desconocimiento de lo que había acaecido en la modernidad y lo que estaba acaeciendo en el término de los últimos veinte años, diremos.
No se puede perder de vista el hecho de que somos un país dependiente, colonizado también en materia cultural. Tampoco se debe olvidar el grado absurdo de oscurantismo y de quedantismo que nos regía a nosotros; y que nos sigue rigiendo, en verdad.

(...) Cuando llegué y me enfrenté con las nuevas tendencias del arte, con el fauvismo, por ejemplo, me di cuenta de que era un nuevo lenguaje del arte que revolucionaba toda una manera de ver anterior; me revolucionaba a mí. La concepción de la forma, la concepción del color, de la composición y todos esos elementos con los cuales se estructura un cuadro, eran completamente nuevos y desconocidos para mí. Al verlos poco a poco, no de golpe, tomé conciencia de que todo lo anterior ya no me servía, que era una herramienta vieja para mí, completamente inútil. Porque cuando yo gané la beca y me fui a Europa también llevaba influencias desde aquí, y vinieron otras y otras. Era la etapa de formación, y así sucede siempre. Después viene la etapa de elaboración personal y de afirmación, a partir de todos esos conocimientos, de todas esas experiencias.

Evolución intelectual

Todo eso que se estaba haciendo en Europa era producto de una evolución total de la sociedad, de una sociedad que se modificaba ópticamente también. Del carro tirado por caballos que yo veía desde la puerta de mi casa
(...) Tantas impresiones juntas en tan poco tiempo me produjeron alguna confusión, no digo que no; pero enseguida me ubiqué, encontré mi camino y mi objetivo. Ahora, claro, todo eso dentro de un campo puramente intelectual; aunque yo lo sentía muy verdadero en mí, sabía que lo estaba viviendo especialmente en el plano de la cultura. Ahí me manejaba. Fue cuando empecé a leer a Freud, a Lautréamont, a Rimbaud, a los grandes escritores; a Gide, a Proust, a todos ellos...
(...) primero me interesó Freud, así que cuando yo leí la gran literatura marxista, ya había leído a Freud, A otros les pasa o les pasó a la inversa. El orden de prelación tiene alguna importancia para entender las cosas, (...). Pero, repito, la esencia de esa etapa, era puramente intelectual, porque estaba en un medio intelectual e imbuido preponderantemente de preocupaciones intelectuales. Por eso, al regresar a Argentina, en el año 31, sufrí otro duro choque, ya que me encontré con una realidad muy distinta a la de Europa; realidad que, por otra parte, veo con otros ojos; (...) fue casi como si la viera nítidamente por primera vez. Era, al mismo tiempo, como pasar del plano especulativo y abstracto, al plano concreto y real.

Otra realidad

(...) o yo continuaba en Europa para seguir una evolución que quién sabe adónde me hubiera llevado, o yo me quedaba acá, conviviendo con la gente y los problemas de mi país e integrado a este mundo y a sus luchas concretas. (...) La lucha se planteará en campos distintos, pero en esencia es la misma. Se trata de un proceso de liberación, problema todavía vigente hoy. Es el problema de la liberación nacional, que es integral, y que comprende, por lo tanto, la liberación de la cultura, de la economía, de la política; en suma, de la liberación nacional en todos sus aspectos.
Pero yo era de acá, no de allá; era joven y podría haberme quedado en Europa mucho tiempo: hubiera podido hacerlo. Pero estoy de regreso y entonces me integro y me identifico con el mundo del cual soy originario y del cual no he tenido tiempo de desarraigarme (...); es, sobre todo, un problema de conciencia (el desarraigo); es más, de buena conciencia, diría yo. Pero el tiempo actúa incluso hasta para embotar o enervar los contenidos y las alertas de la conciencia. (...) no (...) hablo de patriotismo; ése es otro tema; (...) hablo de conciencia. Pero, a la vez, es real que mi período de permanencia en Europa no fue de tanta duración como para hacerme olvidar mis vivencias originales, las de la realidad de mi país y de mi tiempo. Por otra parte, aun viviendo en París, yo no me desvinculé nunca de la Argentina y, en general, de los problemas de América Latina.

Otra cosa

(...). Yo conocí y me interné en el movimiento surrealista que estaba en plena adolescencia. El Primer Manifiesto Surrealista había aparecido en el 24, dos años antes de mi llegada a Europa; el Segundo Manifiesto, en el 28, que es precisamente el año en que conozco a Louis Aragon y nos hacemos amigos. Bien, Aragon tomaba otros rumbos y ayudaba al Movimiento Antiimperialista, donde había muchos vietnamitas, chinos, africanos, latinoamericanos y, naturalmente, franceses. Los que integrábamos el Movimiento nos reuníamos, para nuestras discusiones, en los altos de un café cuyas dependencias se destinaban a eso, precisamente. Había entonces en Francia, y siempre la ha habido, mucha libertad para este tipo de actividades.
Éramos, la mayoría, artistas, intelectuales, estudiantes. Toda gente del que hoy se llama Tercer Mundo. Ése era como un foro internacional, no institucionalizado, desde luego, pero con un común objetivo: la lucha contra el imperialismo.

(...); yo estuve de acuerdo con Aragon y con sus tesis del compromiso del arte con la revolución y con las luchas de liberación de los pueblos; Breton tuvo, más que nada, el papel de árbitro, pero los grupos que rodeaban a Breton, y él, en cierta medida, eran más bien anarquistas; ni siquiera anarquistas, más bien anárquicos. (...); yo no era ni soy un hombre de partido; estuve y estoy profundamente interesado en la política, ciertamente, pero no adhería a ninguna estructura partidaria; sí, en cambio, a las luchas antiimperialistas y de liberación de los pueblos sometidos. Pero mi herramienta y mi praxis es el arte; como artista y ciudadano asumí compromisos con esas luchas y creo haber contribuido a hacer que se tome conciencia de los graves y acuciantes problemas de la explotación, de las condiciones indignas en que deben vivir el trabajador y su familia en la sociedad burguesa y de muchas otras cosas más.

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