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Males de Artistas Enfermedad y Creación

Omar López Mato



Pedro Lagleyze, en la misma pose que lo pintara su amigo Della Valle.


Los hermanos Lagleyze integraban este insólito cuarteto, junto a Ángel Della Valle. Además de médico y pintor, Pedro Lagleyze era un buen intérprete de flauta traversa

 
Ángel Della Valle - Pedro Lagleyze
Dos hombres, dos amigos y una pasión: la Pintura


Dos hombres, dos amigos y una pasión, el arte visto a través de los ojos. Uno con ojos de artistas, otro con ojos de clínico.
Uno estudió cómo plasmar lo que veía. El otro estudió cómo percibía lo que veía.
Uno dejo al mundo sus lienzos y papeles con impresiones de una tierra nueva que salía del oscuro pasado salvaje hacia un futuro próspero, sin perder su identidad. El otro dejó cuadros pasatistas y libros repletos de dibujos anatómicos, de las enfermedades y desdichas de las gentes que acudían a su prestigio de médico sin tacha, de semiólogo preciso y observador minucioso.
Quizá aparezcan disímiles, pero no lo fueron. Porque a Ángel Della Valle y a Pedro Lagleyze los unió el amor a la belleza, que se encuentra tanto en los crepúsculos de la pampa salvaje como en los caprichos arabescos de las venas y arterias en una retina.
Ángel Della Valle nació en Buenos Aires hacia 1852, hijo de un constructor italiano, que huyo de su patria por sus ideas progresistas. Pedro Lagleyze nació en 1853, hijo de padre y madre franceses, que llegaron al país en búsqueda de fortuna.
Se conocieron de chicos, en el colegio, lugar donde nacen estas amistades de por vida. Colegio San José, padres salesianos, rigor y humildad en la educación.
Allí intimaron, unidos por ese amor al dibujo. Quizá hayan competido, uno más soñador, otro mas serio. Quizás allí comenzaron a ver las mismas cosas, desde distintos puntos. O vieron distintas cosas desde una misma perspectiva.
Ángel se fue de Italia a los 15 años. Su padre percibió su talento y lo envió al centro del arte, donde el arte se hace ciudad: Florencia. En la academia dirigida por Antonio Ciseri, aprendió el secreto de los colores y las formas, copiando a los grandes que inundaban ese mundo de belleza. Pedro se quedó acá, envidando a su amigo que partía a la aventura. Ingreso a la Facultad de Medicina en 1875 y egresó siete años después con su tesis "Cromatoscopia", el color que engaña, el mal del sabio Dalton que no elegia bien sus medias y era el comentario obligado de sus pares en la Cámara de los Comunes.
Discípulo de Manuel Montes de Oca y Cleto Aguirre, reemplazó a este ultimo como titular de Clínica oftalmológica en 1889, con sólo treinta y cuatro años.
Mientras tanto Ángel vuelve de Europa, cargado de ideas e inquietudes. Fueron ocho años de academias de estudios. Volcó en sus cuadros los paisajes de su infancia que ahora veía con ojos de artistas. Fue al rescate de esa pampa, hasta ayer salvaje. "La vuelta del Malón" (1882), realismo brutal, desolación de la patria, que acude a exorcizar con su pincel. La pintura se expuso en la calle Florida y la gente la miraba absorta por la fuerza de su trazo y de su tema. "La vuelta del malón", fue enviada al Congreso Mundial de chicago donde fue premiada entre otras 10.000 pinturas.

Pedro fundó la "Revista Argentina de Oftalmología" (primera en América Latina) y ayudó a crear la Sociedad Oftalmológica de Buenos Aires (que pasó a ser Argentina como se la conoce hasta la fecha).
No coincidieron por mucho tiempo juntos. Uno obligado a pacientes congresos. El otro, a alumnos y exposiciones. Pero una nutrida relación epistolar los unió a lo largo de estos años. Primero, separados por espacios, y ahora, por el tiempo. Ángel le enseño a Pedro los secretos y mecanismos de su arte, los trucos de las sombras, los matices de las luces. Pedro pintó sus cuadros, su imagen preferida, los perros lanudos que jugaban en los lienzos de su amigo.
Pedro le explicó a Ángel como se forman los colores y como las imágenes se esfuman y atenúan, si no se hace al ojo óptimamente neutro. Le habló de las imágenes invertidas y los colores divididos y las maravillas que conjugan células cuidadosamente ordenadas.
Ángel pinto a Pedro, con la seriedad de un gran profesor y así su imagen, más allá de su valía, entro a la historia por la puerta grande del arte.
 


"La vuelta del malón", obra maestra de Della Valle. El perro lanudo que mira la cabeza decapitada de su amo fue agregado por Lagleyze. Algo similar pasó con "La estación Lomas de Zamora"
Pedro se fue a Europa y a Estados Unidos a estudiar y perfeccionarse. Ángel se quedó acá, enseñando y pintando caballos, la doma, la yerra y sus retratos de señoras lánguidas y caballeros recios. Hasta que un día mientras hablaba con sus discípulos en su estudio del Bon Marche, Ángel muere abruptamente. Era el 16 de Julio de 1903. Un infarto rompió su corazón. Thibion de Libian, su alumno, acostó al maestro justo bajo su cuadro "La vuelta del Malón". Pedro fue a su entierro, consternado por su amigo ido, con la frialdad que da su oficio ante la muerte y con el arte de la amistad partida por el adiós.
Pedro fue Decano de la facultad de Medicina en 1905. Renunció amargado por las protestas estudiantiles (nosotros siempre creemos que los males son nuevos). Se alejó de la docencia, en la que sobresalía por su precisión en el texto y por las ilustraciones que adornaban sus clases y le daban esa aura que llamamos "pedagógicas".
Viajó y siguió escribiendo libros y artículos. Se hizo famoso por su técnica para operar estrabismos y describió una enfermedad - una rara malformación vascular del ojo, cerebro y riñón - que lleva su nombre. En 1916, a los 60 años, muere. Sus restos fueron enterrados a pocos metros de los de Ángel, en el cementerio de la Recoleta.
Se reunieron sus amigos y discípulos para recordarlo. Habló Gandolfo. Habló Argeñaraz. Habló Cantilo. Su busto fue del hospital que lleva su nombre. Hoy, el retrato que le hiciera Della Valle se deja ver en la Asociación Médica Argentina. Lo único que nos queda de esta amistad es el óleo. Dos vidas, dos amigos y una visión.


PEDRO LAGLEYZE. ANÉCDOTAS

Cleto Aguirre fue el fundador de la cátedra de oftalmología. Entre sus alumnos, detectó a Pedro Lagleyze. Le llamó la atención su carácter y su habilidad para dibujar. Le enviaba sus pacientes para que dibujase el fondo de ojo. Al final, lo hizo nombrar jefe de clínica siendo alumno. A su muerte, se aseguró que fuese Lagleyze su sucesor como Profesor Titular. Tenía solo treinta y cuatro años.
Daniel Cranwell nos cuenta: "Su carácter era un tanto violento y, cierta vez, reaccionó cuidadosamente ante alguna incorrección de los alumnos, olvidándose de que estos conocían por tradición al Legleyze alegre y travieso del Colegio de San José y al interno de las bromas pesadas del antiguo Hospital General de Hombres del Alto de San Telmo.
Un buen día durante las demostraciones en la cámara oscura, un estudiante, creyendo molestar a algunos de sus compañeros, pellizcó, o hizo algo por el estilo, al profesor Lagleyze. Este se levantó rápidamente, arrojó con violencia el oftalmoscopio, que saltó en mil pedazos, y apostrofó a los alumnos en los términos más crudos que se pueden imaginar. Los estudiantes, y tal vez el autor de la broma, no se dieron cuenta en el primer momento de lo que ocurría, pero ofendidos por los términos que usara Lagleyze, resolvieron no volver a clase.
Naturalmente, éste se impresionó el encontrar el aula desierta, conversó con las autoridades de la Facultad y los alumnos fuimos llamados para decirnos que podiamos concurrir a clase porque el profesor daría las explicaciones correspondientes.
El día indicado el aula de la sala de oftalmología se llenó de estudiantes que deseaban oír las explicaciones del profesor.
Lagleyze apareció a la hora precisa, sereno como siempre, en la misma actitud que lo ha pintado Della Valle. Dijo que lamentaba lo ocurrido, y pedía se lo disculpase por las palabras excesivas que había pronunciado; pero, agregó, aquel que me ha molestado es... Naturalmente no pudimos hacer otra cosa que reír, y Lagleyze, dando por terminado el incidente, tomo la tiza para continuar explicando el tema de refraccion que se había visto obligado a interrumpir."
Además de la descripción casi simultánea con Von Hippel y Lindau, Lagleyze fue conocido por su operación de estrabismo y, especialmente, por su cirugía del entropión, secundaria al trachoma, que aún hoy, es una de las causas de ceguera más importante del mundo.
Dicen que de la visita a El Cairo, en carácter de turista, un día asistió, por pura curiosidad, a una conferencia sobre enfermedades de los ojos que daba un profesor inglés en el mismo hotel en que se alojaba. El tema a desarrollarse era "El entropión y su cura por el método de Lagleyze". Al escuchar su nombre, dudó de que se tratara de su persona, pero al ver sus dibujos, no le cupo duda y fue a presentarse al conferenciante que no podía creer la afortunada coincidencia.