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Pichon Rivière : Psicología Social

Extracto de la revista "El Intérprete "- Octubre 2007/ Año 2 / Nº 7
Por Victoria Azurduy

En junio de 1965, la revista argentina Confirmado publicaba una entrevista a uno de los diez terapeutas considerados por sus colegas anglosajones entre los más famosos del mundo, y en su país, cuando menos, el más discutido de su especialidad:

-¿Cuál es el chiste sobre psicoanálisis que le hizo más gracia?
-El más famoso: aquel del paciente que se queja a su analista de un cocodrilo escondido bajo su cama. El médico no le hace caso e intenta un tratamiento; un día el enfermo deja de venir y poco después el psiquiatra se entera de la verdad: su cliente fue devorado por el cocodrilo que estaba escondido debajo de la cama.

-¿Alguna razón especial le hace preferir este chiste?
-Sí, porque muestra la posición de muchos psicoanalistas aislados de la realidad- respondía Enrique Pichon Riviere, quien fue y sigue siendo referente insoslayable de la nueva psiquiatría y la nueva psicología que él llamó psicología social.

A fines de los cincuenta, cuando el psicoanálisis estaba instalado en un sector de privilegio, su consigna "Los divanes al paredón", había producido un sismo en la Asociación Psicoanalítica Argentina CAPA) que él mismo, junto con un pequeño grupo de colegas, había fundado en 1942. Sostenía, desde su vasta experiencia en psiquiatría social, que el enfernmo era el portavoz de la ansiedad del grupo familiar y social. En un mundo obsesionado por el peligro de una guerra atómica, en un país asediado por los golpes militares, la represión a la cada vez más heterogénea resistencia popular, en una cultura posperonista llena de contrastes altisonan­ tes, se atrevía a poner en práctica su teoría de "la enfermedad mental única: la depresión de origen".

-¿Cuál sería el origen de esa depresión melancólica tan bien amurallada? -le preguntaba el periodista de Confirmado.
-Debajo de esta depresión básica, y como Freud lo demostró, existe siempre, como factor desencadenante, una privación o frustración que aumenta o disminuye en determinadas situaciones sociales.

-¿Por ejemplo?
-Cuando el contexto general está afectado de inseguridad en el trabajo o inseguridad en la planificación del futuro ( el futuro como "proyecto estructurado") para el lo gro de seguridad no sólo individual sino también familiar.

-¿Resumiendo?
-En el fondo todos estamos enfermos de miedo. Miedo a perder lo logrado, miedo al ataque de una sociedad competitiva y miedo al cambio.


Enrique Pichon Rivière, excelente pescador, 1958.


Su concepción de las neurosis y psicosis como defensas de la enfermedad básica, facilitaba "la construcción de una estrategia y una técnica y hasta una logística -en el sentido militar del término-lo que permite planificar el tratamiento". La pretensión de Pichon -como se lo nombraba en los círculos intelectuales y estudiantiles de la por entonces incipiente carrera universitaria de Psicología- era nada más y nada menos que sacar al paciente de la soledad de la clínica para articularlo a un grupo a fin de movilizar sus procesos de identificación, recuperar la cotidianidad, porque afirmaba, "el grupo es una escena y nuestro mundo interno es una escena también". Pichon no sólo empujaba a los psicoanalistas "del consultorio a la calle", sino que abría escuelas privadas para extender fuera de los círculos universitarios los conocimientos psicológicos y sociales. Quienes buscaban un compromiso político, quienes seguían sus clases magistrales, sus "experiencias de laboratorio social", lo apoyaban apasionadamente. Con el mismo fervor, pero desde perspectivas muy diferentes, trataban de denostarlo sus colegas ortodoxos y el Partido Comunista que, siguiendo a la Unión Soviética, invalidaba cualquier emprendimiento psicológico alejado del conductismo.

Biografía de un pensamiento

El 25 de junio de 1907, nacía en Ginebra, Suiza, un hombre que iba a ser lo suficientemente desmesurado como para convertir a su apellido en el nombre de un pensar propio. Bohemio, dandy, profesor de modales y de francés en un prostíbulo, deportista, lector insaciable, periodista, psiquiatra, docente, bailarín de tango, amante del jazz, del surrealismo, del cine, del teatro, analista de literatura. La vida de Pichon Riviere parece arrancada de una novela de Arlt, su entrañable maestro. y biografía y pensamiento estaban, a su criterio, indisolublemente ligadas. "El esquema de referencia de un autor no se estructura sólo como organización conceptual, sino que se sustenta en un fundamento motivacional de experiencias vividas. A través de ellas, construirá el investigador su mundo interno, habitado por personas, lugares y vínculos, los que articulándose con un tiempo propio, en un proceso creador, configurarán la estrategia del descubrimiento", afirma en 1970 Pichon, en el prólogo de su libro El proceso grupal.

Su familia, proveniente de la alta burguesía francesa de Lyon -los Pichon eran intelectuales y diplomáticos, los De la Riviere, industriales y textiles- emigra a la Argentina del Centenario. Se instala en la zona rural del Chaco santafecino para plantar algodón y fundar una empresa textil. Enrique, de apenas 4 años, irá creciendo bajo la pérdida del estatus social y la influencia de dos culturas, la francesa y la guaraní. De esta última aprenderá su lengua, canciones y leyendas. Muy pronto los Pichon Riviere son asediados por inundaciones y plagas de langostas que van arrasando con sus proyectos. Tras varios intentos y mudanzas para mantener las plantaciones, perseguidos por la pobreza, se trasladan a Corrientes. Primero se establecen en Bella Vista y luego en la ciudad de Goya, donde su padre, Alfonso Pichon, admirador de Rimbaud y Lautreamont, expulsado de la Academia Militar de Saint-Syr por sus ideas socialistas, debe ponerse a vender verduras. "El francesito", como le decían desde muy pequeño a Enrique, lo acompaña en el carro, extrañando el aire ligero, la tierra roja y la inmensa laguna del poblado de Florencia -donde jugaba a cazar y a pescar con su padre en el mayor de los silencios- y aquel sol implacable que reverberaba sobre las pequeñas olas donde se zambullían con sus hermanos y trababan con ramas las mandíbulas de los yacarés. De la selva, el pequeño Enrique guardará para siempre otras imágenes: la de su padre repartiéndoles armas antes de partir para la ciudad, temeroso de un ataque de los indios cuatreros, como el que acababa de ocurrir en una hacienda del Pilcomayo; los trajes de fiesta rescatados de los baúles y puestos a colgar de una cuerda; el rancho con su techo devorado por las langostas; el cementerio del poblado donde iba a buscar reliquias de antiguas batallas que contaban los mayores.

 

Un encuentro con Juan Hortensio Quijano, quien sería más tarde vicepresidente de Perón, les cambiará la vida a los Pichon Riviere. Don Alfonso pasa a ser contador de una hacienda y su esposa, Josefina, docente de idiomas y canto. En tanto aprende castellano en la escuela, encuentra nuevas diversiones al amparo de su familia, tan afectuosa como atípica. Josefina, que recita de memoria a Racine y Corneille, se dedica a fundar escuelas, entre otras el Colegio Nacional de Goya. De jovencita había sido una rebelde. Cuando el gobierno francés se declaraba laico y perseguía a la Iglesia, no titubeó en refugiar en su casa de Lyon a las monjas del colegio donde se educaba. Tampoco dudó en fumar en público y usar pantalones, por entonces atrevimientos de malas mujeres. Es una madre amorosa a la que su hijo gusta espiar por el ojo de la cerradura cuando se reúne con sus amigas. A los 7 años, Enrique descubre que sus hermanos mayores -Pedro, Luis, Juan, Simona y Antonieta- no son hijos de Josefina, sino de la hermana de ella, Elizabeth de la Riviére, fallecida a los 28 años. Al quedar viudo y con cinco hijos pequeños, don Alfonso se había casado con su cuñada Josefina, algo bastante frecuente en la época, pero mantenido como secreto de familia. "Hasta entonces, creíamos que todos éramos hijos del mismo padre y la misma madre. Perpetuamente vagó entre nosotros el conflicto familiar", comentará mucho tiempo después.

Búsquedas iniciales

"El francesito" se va convirtiendo en un muchacho de inquietudes múltiples. Practica natación, remo, ciclismo, fútbol. En 1923 se consagra campeón juvenil de boxeo y funda el club de fútbol Matienzo. La pasión por el deporte no le resta tiempo para los libros ni para iniciarse en la poesía, guiado por el director del Colegio Nacional de Goya y sus propios padres. Por entonces lee a Rimbaud y Lautreamont y escribe "Connaissance de la mort", su primer poema. Siguiendo las ideas de don Alfonso y con la ayuda de su nuevo amigo Canoi, el portero del prostíbulo más renombrado de la ciudad, funda el Partido Socialista de Goya. Se postula como diputado y en las elecciones de ese año consigue ocho votos.

Canoi, lector empedernido, coleccionista de Caras y Caretas, le ventila la vida secreta y prohibida de la ciudad con igual soltura con que le comenta sobre las teorías de Sigmund Freud, que conoce a través de las revistas y que defiende como propias. Será poco tiempo después, durante los ensayos de una pieza teatral, cuando se produzca el "casual" encuentro de Enrique con el creador del psicoanálisis. Detrás del escenario, tropieza con unas cajas repletas de revistas científicas en las que encuentra, publicados en fascículos, Tres ensayos de una teoría sexual. Ya con su título de bachiller se va a Rosario para estudiar medicina. Consigue costearse la carrera enseñando modales y francés a las pupilas del lujoso prostíbulo de madame Safo, pero una neumonía lo obliga a volver a Goya. Durante un tiempo trabaja como maestro en una estancia hasta que, aguijoneado por desentrañar "el misterio de la tristeza", influido consciente o inconscientemente por la figura de un tío paterno, Eduard Pichon -importante psicoanalista de Francia- se decide a seguir psiquiatría en Buenos Aires.
De la despedida en el puerto de Goya, Pichon va a recordar el desconcierto de su madre frente la intempestiva irrupción de la madama del prostíbulo vestida de rojo que se lanza a saludarlo efusivamente.

Introducción a la bohemia porteña

La ciudad que adoptará como propia, lo cobija en la bohemia y el brillo intelectual de los años 30. En la Pensión del Francés, donde se instala, vive también Roberto Arlt. En él encuentra Pichon al mentor y al amigo entrañable. "Me enseñó de la vida, de la vida en serio. Cuando estábamos juntos, todos sus actos, lo que decía, parecía que estaba destinado, muy naturalmente, a enseñarme. Salía conmigo con mucha frecuencia y hablábamos de literatura, fundamentalmente de literatura rusa, y me contaba sus proyectos, sus aventuras. Yo me pasaba las noches enteras viéndolo escribir, era para mí un placer ver salir algo compuesto dentro de un conjunto armónico".

También aprenderá de Conrado Nalé Roxlo, Raúl González Tuñón y otros poetas y artistas habitué de El Tropezón, de El Puchero Misterioso y otros clásicos de la noche porteña, donde se empeñará, como ellos, en sacudir a la intelectualidad de los resabios oligárquicos que conservaba aún, pese el arribo de Yrigoyen.

A su interés por el surrealismo y por Dalí, Pichon le va sumando la abstracción de Paul Klee, de Kandinsky, el cubismo y la larga serie de nuevas y escandalosas tendencias que irrumpen sobre el costumbrismo. Si ya gustaba del tango -"hay letras que tienen un sentido poético deslumbrante y hay letras que constituyen una exacta pintura de lo social"-, ahora encuentra en el jazz la maravillosa defensa de los negros para ganar un lugar en el mundo. Dentro del género, le atrae el dixie, el menos complaciente con el público blanco.

Como estudiante, se considera "malo desde el punto de vista clásico", ya que sólo se presenta a examen cuando tiene "la seguridad interna" de que le va a ir bien, aunque su carrera se alargue tres años más de lo previsto. En las clases, en las lecturas, Pichon se esfuerza por registrar sus propias conclusiones. No compra libros. Con su compañero de estudios, Miguel Jörg -más tarde, un relevante investigador del equipo de Salvador Mazza- recorren todas las bibliotecas para fotografiar páginas de los textos que más les impactan.

Arte y psiquiatría
El arte y la ciencia son "dos caminos que, transitados sin miedo, con la debida profundidad, entrega y sed de aventuras, nos internan en el mismo misterio", decía Pichon Riviere. Explorador inclaudicable del "misterio de la tristeza", a fin de descifrarlo hurgaba con el mismo ahínco tanto en la medicina y la psicología, como en las obras de Picasso, Van Gogh, Artaud, Rimbaud y particularmente la del inspirador del surrealismo, Isidoro Ducasse, autor de Los Cantos de Maldoror.
"Esa inquietud estética de Enrique Pichon Riviere, que se expresará en su profundo análisis de la dialéctica que se despliega entre lo siniestro y lo maravilloso en la creación, le ganó el respeto y reconocimiento intelectual de figuras del surrealismo, particularmente de André Breton. A la vez, su trabajo terapéutico con artistas de nuestro medio lo llevó a la comprensión de aconteceres claves en el proceso creador, así como de las vicisitudes -conscientes e inconscientes- del aprendizaje y el descubrimiento", señala Ana de Quiroga.
Por ese interés en el arte, la creación y la innovación, "la casa de Pichon fue en más de una ocasión espacio de exposición y ámbito de debate de movimientos de vanguardia, como la del Grupo Madi -que fundaron, entre otros, el escultor Gyula Kosice y el pintor Arden Quin. Muchos artistas argentinos, particularmente plásticos y literatos, integraron su círculo de relaciones. Un ejemplo de ello fue la afectuosa amistad que lo unió con el pintor Juan Batlle Planas. Asimismo trabajó en grupos de reflexión con actores y directores de teatro".
Las charlas de Pichon en Ver y Estimar, institución que alcanzó gran relevancia cultural a lo largo de varias décadas, convocaban a un numeroso público interesado por sus originales apreciaciones sobre el arte, que volcó en numerosos artículos publicados en diarios del país y del extranjero.


Pobladores y agricultores de Florencia, en el Chaco
Santafecino, donde transcurrió parte de la infancia
de Pichon Rivière


Antonin Artaud


"Me enseñó de la vida de la vida en serio" dijo P. Rivière de Roberto Arlt, uno de sus primeros amigos en Bs. As



Isidore Ducasse, conde de Lautrèamont. Por el dibujante brasileño Pastor

 

En moto al asilo

A comienzos de la década del 30 ingresa como practicante en el Asilo de Torres, cercano a Luján, donde observa que los locos, lejos de ser una "mala piedra", son "seres muy sufrientes y segregados", carentes de tratamientos metódicos, y con ellos "no se hace nada". Contra lo clínicamente aceptado por entonces, descubre que un gran porcentaje de los internados sufre un retardo mental que no guarda relación alguna con lesiones orgánicas, sino que se origina en carencias afectivas. A dicho retardo lo denomina "oligotimia", en contraposición a la "oligofrenia". Como recurso terapéutico, organiza a los enfermos en equipos de fútbol.

En una moto bautizada por Pichon "la bronquítica", Jörg suele acompañarlo al asilo, curioso por la enorme alegría con que su a..rnigo es recibido por los enfermos. "Un día, un loco se había subido a un árbol y se negaba a bajar. Pichon le dijo: 'te voy a cortar el árbol' y se puso a simular el ruido del serrucho 'shicki, shicki, shicki, shicki', hasta que el loco bajó. Pichon anotaba en un cuaderno la evolución de cada uno de los pacientes, organizaba partidos de fútbol de enfermeros contra internados; se metía en todo, hasta en la cocina a ver cómo era la comida. Era la época en que no había respuesta a la cuestión de la locura; nos decían 'los locos de la in­ novación'; nos reprochaban 'querer saberlo todo"'.

Con la ayuda del neurofisiólogo Cristofredo Jacob, maestro de los principales psiquiatras y neurobiólogos del país, Pichon y Jörg estudian juntos neuropsicología y anatomía comparada, particularmente desde la perspectiva de los autores alemanes. Pasan del sistema nervioso de los insectos al de los mamíferos, y de allí al de los seres humanos. Para Pichon, la diferencia esencial entre el hombre y los animales reside en la capacidad de reflexión y variación de conductas. Prefiere denominar "circuitos de integración funcional" a lo que se conoce como "centros nerviosos". Coincide con Miguel en que lo vivido en la infancia da un tono emocional específico y particular a las personas. Son tiempos en que predomina el concepto de "conciencia crítica" y ellos le otorgan un papel central a la orientación de la conducta.

Se distraen de los estudios paseando en canoa por el Tigre. Jorg rema, Enrique prefiere mirar el cielo recostado y largarse a relatar lo que le sugieren las nubes. Ambos recitan los poemas que a altas horas de la madrugada escriben en los cafetines.

La necesidad de Pichon de hurgar en las distintas idiosincracias lo empuja a frecuentar los ambientes más disímiles, los piringundines del Bajo, las mansiones de sus compañeros de medicina, carrera de la alta burguesía y de aspirantes a esa clase. Es bien recibido tanto en los bodegones de los arrabales como en los clubes más selectos, donde se destaca por su simpatía, sus modales refinados, sus ocurrencias y su sagacidad. Pero también por ser un joven solidario y de una honestidad poco común.

Terminada la práctica en el Asilo de Torres, pero aún sin título, Pichon consigue empleo en un sanatorio para enfermos mentales, el instituto Charcot. Las autoridades se admiran de sus conocimientos, que superan por mucho al de los psiquiatras de planta, y le proluoen mencionar que no está titulado. Abandona el sanatorio cuando, apadrinado por Arlt, ingresa en 1934 como periodista en el diario Críitica. Escribe sobre deportes, humor y arte mientras cursa las últimas materias. Pero una nota sobre los sinsombrero, que despierta la indignación de un auspiciante del diario, hace que Botana, el peculiar director del periódico, lo despida. Va a continuar escribiendo críticas de arte para Nervio y otras revistas semanales. En tanto, sus inquietudes psiquiátricas las va volcando en la Revista de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social, en la que publica "Dos problemas psicológicos", un artículo de repercusión que condensa preocupaciones clínicas, pedagógicas y sociales.

A la Pensión del Francés la visitan algunos de los comunistas y anarquistas españoles llegados al país en busca de apoyo para la República. Muy pronto se relacionan con Pichon y lo nombran secretario de uno de los tantos comités de solidaridad con la España republicana. Como es su costumbre, trabaja intensamente y consigue, entre otras donaciones, una ambulancia. Sólo va a desistir de integrar las brigadas internacionalistas cuando, enterada su madre, lo amenaza con suicidarse.

Los grandes cambios

Coincidente con el inicio de la Guerra Civil Española y mientras la intelectualidad internacional se aglutinaba contra el avance del fascismo, el movimiento obrero argentino revivía las luchas apagadas con el gobierno golpista de Uriburu a través de la persecución de los dirigentes radicalizados, la desocupación, la miseria. El Partido Comunista Argentino organizaba importantísimas huelgas obreras en la industria de la carne, la construcción, la madera y la metalúrgica. La gente parecía despertar de un sopor desesperanzado, inmovilizante. Ese año de 1936 marcaba también un hito en la vida de Pichon. Obtenía su título de médico y se casaba con Arminda, hermana de su amigo, el médico y filósofo Federico Aberastury, famoso por las reuniones de intelectuales que organizaba en la mansión de la familia. "Al año de conocemos, nos casamos y nos fuimos a vivir a un departamento de Coronel Dí­ az y Santa Fe. Allí instalé mi primer consultorio: ella no se había recibido, pero pronto reanudó sus estudios (de psiquiatría). De Arminda, principalmente me atrajo su inteligencia. Además, era una mujer, diría que musical. Si la tuviera que definir, diría que era muy ambiciosa, pero que a la vez tenía una gran dosis de comprensión. Nos separamos en 1956. Mucho tiempo después, en 1972, Arminda se suicidaría".

En 1936, Pichon ingresó por concurso al Servicio de Psiquiatría del Hospicio de Las Mercedes -actual Borda- donde desarrollará cambios fundamentales para la salud de los enfermos mentales. A los pocos meses, el Hospicio se convirtió en el escenario de una tragedia que ratificaba sus observaciones sobre el trato a los enfermos y las jerarquías dentro de los grupos en general. Su jefe de Servicio, López Lecube, amigo de su familia, fue degollado por un enfermo. "El asesinato fue expresión del extremo autoritarismo con que este médico trataba a los enfermos, como si fueran los peones de su estancia. Simbolizaba el comportamiento general de los médicos en los hospicios. Un grupo de pacientes se reunía para la planificación de su asesinato. Incluso el asesino, que fue sorteado en el grupo, actuó con un mango de cuchara que habían afilado haciéndolo circular de uno en uno". Pichon interpretaba en ese asesinato una rebelión de dignidad. "Todo enfermo mental, como cualquier hombre, debe ser tratado con dignidad. No se puede, impunemente, rebajar o humillar a otro ser, menos aun cuando quien lo hace está ejerciendo un cierto poder público".

Sus búsquedas de cura de la enfermedad mental lo llevaron a experimentar, por primera vez en el país, el electroshock, tratamiento que sólo recomendaría en casos muy acotados. "Apenas recibí el aparato comencé a entrenarme en el manejo y a pensar dinámicamente en cómo actuaba, tomando como base mi idea de que la depresión es el núcleo de la enfermedad única. El doctor Gonzalo Bosch, por entonces director del Hospicio, había invitado a la prensa a presenciar la primera aplicación del electroshock en Argentina, fecha coincidente con el mismo hecho en Nueva York. Se transformó en todo un acontecimiento público, cosa que a mí me molestó mucho, pero era la única persona capacitada entonces para utilizarlo, así que no pude dejar de asistir. Y confieso que estuve asustado a pesar de que ya había adquirido un buen manejo". Por esa época, Pichon comenzaba a investigar la vida y la obra de Isidoro Ducasse, conde de Lautreamont, a instancias de uno de los pacientes del Hospicio que años más tarde se quitaría la vida: el poeta uruguayo Edmundo Montagne.

 

Pichon Riviére, Sócrates y Chaplin

"Si bien su producción como creador se plasma en la elaboración de una concepción psicológica en la que define al sujeto y su vida psíquica como esencialmente social, Enrique Pichon Riviere transitó brevemente por la poesía, a la vez utilizaba el collage, como un instrumento de particular riqueza comunicacional, en el que la diversidad de elementos y su unidad interna, hacían a la riqueza del mensaje", apunta Quiroga.

Por gusto personal y por su trabajo con grupos de actores, Pichon estaba compenetrado con el arte escénico, y el teatro le atraía especialmente. Entre las anécdotas poco conocidas del psicólogo, figura la de un proyecto nunca concretado: una obra de teatro que él llamaba La muerte de Sócrates, para la que había conseguido a Charles Chaplin como protagonista.

"Pichon había pergeñado la obra como una creación con los propios actores, estructurada sobre un eje central variable y a partir del cual se iban a improvisar los pallamentos. Por unos amigos comunes, logró hacerle llegar a Chaplin su propuesta. El actor se entusiasmó de inmediato, la idea le resultaba original y extremadamente provocativa. Iban a encontrarse en Nueva York para concretar el proyecto. Desgraciadamente los tiempos de los dos no coincidieron, ya que cuando Pichon, por otros compromisos llegó a esa ciudad, Chaplin tuvo que marcharse".

Miradas abarcativas

Pichon Riviere va ampliando cada vez más su mirada psicosocial. No se encierra en un consultorio sino que permanece atento al complejo y cambiante tejido de relaciones que se establecen dentro del Hospicio para poder así diagnosticar las diferentes rupturas de los vínculos. Concluye que el mal trato a los internados se debe, entre otras cosas, a la carencia de comprensión y de reflexión sobre el cuadro del paciente. Los enfermeros que reciben al paciente no saben qué decirle a la familia, no dan explicaciones ni esperanza. "Estaba convencido de que el punto neurálgico de esa situación tan crítica que enfrentaba el Hospicio eran los enfermeros. Por eso decidí empezar con ellos y creo una técnica que llamaría después de 'grupos operativos'. En esos grupos se discutían los diferentes casos que había y se trataba de darles un panorama general de la psiquiatría. El aprendizaje de los enfermeros fue sorprendente. Ellos tenían acumulada gran experiencia, dado que casi todos habían trabajado años en el Hospicio. Su dificultad era que no podían conceptualizar; entonces esa experiencia no les servía de nada".

Pichon constata que el enfoque clásico de la psiquiatría "ha prescindido de la noción de vínculo, fundamento interaccional de los procesos de comunicación y aprendizaje", al considerar a los integrantes de un grupo como simples individuos y no como una funcionalidad de roles plásticos que pueden ser complementarios o suplementarios. Esta experiencia le serviría más tarde para arribar al Esquema Conceptual, Referencial y Operativo (ECRO), uno de los ejes de su Psicología Social. A fines de los años 30, Pichon, que participa de la Sociedad de Neurología y Psiquiattia de Buenos Aires, publica Desarrollo histórico y estado actual de la con­ cepción de los delirios crónicos, un estudio comparado de las escuelas psiquiátricas alemana y francesa.
En 1938 fundará el primer servicio en América especializado en pacientes adolescentes y de formación de psicoterapeutas, muy pronto considerado un centro modelo por la calidad de los profesionales del equipo, entre otros su esposa Arminda, Álvarez de Toledo, Alberto Tallaferro, y David Liberman. Los artistas Juan Batlle Planas y Grete Stern, entre otros plásticos, participan desde lo creativo en la tarea terapéutica. "Esta experiencia fue una revolución total en el Hospicio y, como tantas otras, estaba comandada por Enrique. Tratábamos de integrar a la familia del paciente al proceso de terapia de éste. Hacíamos reuniones donde venían los familiares. Cada uno de nosotros tenía seis pacientes internados, el más lúcido era el líder de ese subgrupo. Una vez, a la salida del cine Ópera, me encontré con todo el grupo que yo atendía y que había sido autorizado a salir del Hospicio. Lo comandaba el líder: puedo decir que a partir de ese momento, se me cambió mi rígida concepción de psiquiatría", cuenta Liberman en La Opinión Cultural de junio de 1975, secretario asociado para Latinoamérica de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) de esa época.

 

La APA, una gran familia

A comienzos de la década del 40, en la generalidad del ambiente médico se estigmatizaba al psicoanálisis: era mala palabra. En 1942, Pichon y sus colegas Arnaldo Rascovsky, Guillermo Ferrari Hardoy y los extranjeros Ángel Garma, Celes Cárcamo y Marie Langer, fundan la APA, incorporada a la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). Muy pronto se suman Luis Rascovsky, Enrique Racker, Luisa G. de Álvarez de Toledo, Alberto Tallaferro, Arminda Aberastury, E. E. Krapf, Matilde Rascovsky, Teodoro Schlossberg, Flora Scolnic y Simón Wencelblat. Como reacción ante un medio profesional hostil, la APA se iba asemejando a una "gran familia" en la que el psicoanálisis no sólo era una teoría científica y el desarrollo de una práctica profesional, sino también una forma de vida cuyas pautas estaban implícitamente establecidas. Miguel Rascovsky, hijo de Arnaldo, recuerda una infancia "sin represiones ni auto­ ritarismos, con aliados como Federico Aberastury, Juan Goldemberg, Tommy Langer, los padres propios y los 'tíos"'. "Compartíamos con Pinto, Quina (Joaquín) y Marcelo, los hijos de Pichon, una tribu, un club o una logia marginal que mucho tiempo después comprendimos era consecuencia de una formación diferente. En un saloon con puerta vaivén que tenían los Pichon en su departamento de Santa Fe 1379 y donde la magia se extendía, éramos los cowboys buenos en combate con los enemigos imaginarios. Había un teléfono interno que nos permitía pedir más y más provisiones de cowboys a la cocina. Habíamos recreado la película. En aquella casa iniciamos los juegos de descubrimiento, las verdades de la vida se compartían, accedíamos a un saber que los otros chicos no tenían; nos 'avivaron' tempranamente. Ante mi mirada extrañada, mis compañeros me relataban con temprana angustia y pavor la vigilancia que padecían. ¡Qué extraño era el mundo! En nuestras casas, los temas en otras latitudes escabrosos eran risueñamente explicitados y los tabúes anulados, las palabras esclarecidas y los mitos o los rituales demolidos", relata.

Borges y Pichon

A través de su profesora de hebreo -una alumna de la Escuela de Psicología Social- Borges conoce el pensamiento de Pichon y le dedica el poema "El prisionero": Una lima, la última / de las pesadas rejas de hierro, / algún día seré libre".
Ana P. de Quiroga señala: "En ese poema que conocí tardíamente, Borges había captado en cuatro líneas la lucha de Pichon contra las rejas que ahogan el alma, que no son otras que la locura. Comprendió su combate con ese padecimiento que nos convierte en prisioneros. Y que el quehacer de Pichon era la búsqueda de un camino de liberación interna y externa, ya que una no puede darse sin la otra".

La pertenencia de los miembros de la APA a la clase media alta les permitió tener pacientes de ese mismo sector, lo que les posibilitaba acceder a ciertos privilegios, como ingresar al Hindú Club de Buenos Aires, o pasar sus vacaciones en el balneario Punta de Este. Sin embargo, su actividad profesional todavía no reconocida socialmente y desvalorizada desde la medicina los transformaba en marginados dentro de su propio sector de pertenencia. El cambio radical se daría a partir de los años sesenta, cuando el psicoanálisis comenzó a ser una profesión de prestigio.

Por razones ligadas a la situación política y al desempeño de los psiquiatras, la actividad de los psicoanalistas se restringía a los consultorios privados, a excepción de los trabajos de Pichon y Amaldo Rascovsky. En 1943, con el golpe de Estado del general Ramírez, el nacionalismo intentaba controlar las instituciones profesionales y educativas. Durante la presidencia de Perón, la obligación de contar con presencia policial en las reuniones y colocar las fotos de Perón y Evita generaron un clima propicio a ampararse dentro del propio grupo de la APA. Incluso, aquellos que habían llegado para refugiarse del fascismo en Europa pensaron seriamente en emigrar a otros países.

 

Por estos años, Pichon venía ahondando tempranamente en los aspectos implícitos de la enfermedad mental -los dinamismos inconscientes- y la referencia psicoanalítica fue ocupando un lugar preponderante en sus escritos. Su estudio sistemático de la psicosis y la neurosis a partir de la comprensión de los dinamismos inconscientes fue uno de los logros fundamentales de esa época. Su abordaje integrador del psicoanálisis, la psiquiatría clínica y la medicina psicosomática, tomaba su hilo conductor en la teoría psicoanalítica que daba coherencia al conjunto.

En 1946 publicó Historia de la psicosis maníaco depresiva, parte de su libro Psicoanálisis de la melancolía, esbozo de su hallazgo fundamental: la "enfermedad única". Luego, en Psicoanálisis de la esquizofrenia, explicitó el primero de sus planteamientos sobre esta teoría que nunca abandonó: la existencia de un núcleo psicótico central de naturaleza depresiva del cual todas las formas clínicas observables son un intento fallido de desprendimientoEse año, centenario del nacimiento del conde de Lautreamont, la Revista de Psicoanálisis y Ciclo -publica­ ción de poesía que Pichon dirigía junto con Aldo Pellegrini, Elías Piterbarg y David Sussmann- daban a conocer su exhaustiva investigación sobre Los cantos de Maldoror, que abarca desde la interpretación psicoanalítica de los textos de Isidoro Ducasse, datos históricos, detalles biográficos del poeta, hasta originales relaciones entre el acontecer histórico y subjetivo en la creación. La repercusión de este artículo hizo que Pichon fuera invitado especial de los homenajes al poeta surrealista en Uruguay.

Cinco años más tarde fue echado del Hospicio de las Mercedes, bajo la acusación de aprovecharse sexualmente de los adolescentes. "Algo de verdad había en ello. Los efectos institucionales y subjetivos que lograba Pichon Riviere eran del terreno de Eros. Pero sólo la mentalidad fascista de los sectores de ultraderecha de la Alianza Nacionalista podía interpretar el entusiasmo, la alegría, la solidaridad, la creación de nuevos vínculos, organizaciones, complejidad del saber -todos producto de Eros- de ese colectivo social, como perversos", señala la licenciada Gladys Adamson.

Viaje a las raíces

De su temprana infancia europea, Pichon Riviére recordaba sólo una bocina de auto con forma de víbora y un intenso temor al atravesar la frontera de Francia con Barcelona, donde se embarcarían hacia América.
Mucho más tarde, iba a enterarse de que ese cruce del 13 de octubre de 1909 por el paso fronterizo coincidió con el fusilamiento de Francisco Ferrer, el pedagogo y anarquista. Don Alfonso Pichon era en ese entonces un reconocido socialista radical, ex secretario del jefe máximo de ese partido en Francia. "Ante la presencia de la policía aduanera, sentí un temor brutal por la seguridad de mi padre. Mi madre mostró en ese momento su gran entereza. Ella siempre tuvo mucho carácter y valentía para enfrentar cualquier tipo de dificultades y de prejuicios".
Volvería cuarenta años después al viejo continente, en plena posguerra, acompañado por Arminda para realizar una serie de "controles" con psicoanalistas de gran experiencia como Melanie Klein, cuyo pensamiento Pichon había adoptado y defendido en varios artículos.

Llegaron a Londres en 1951 y tras cumplir con ese objetivo, se dirigieron a París, donde iba a asombrar a los fundadores del surrealismo por sus conocimientos sobre Isidoro Ducasse. "Me encontré con André Breton, quien me recibió con gran cariño, con particular estima, cosa que contradijo lo que me habían dicho de él: que era una persona de trato difícil. Estuvimos horas y horas conversando sobre el surrealismo, sobre Lautreamont, sobre Antonin Artaud y su enfermedad. Y tan impresionado quedó Breton con mis comentarios sobre Lautreamont, que a su pedido quedamos en encontrarnos la noche siguiente en el café de la Place Blanche. Cuando acudí a la cita, Breton estaba rodeado por otros poetas, pintores y escritores del movimiento surrealista, entre los que recuerdo a Benjamín Peret, todos admiradores de Ducasse. Y allí tuve que improvisar una conferencia sobre Lautremont que duró horas y que para mí fue más significativa que si hubiera disertado en la Academia de Ciencias de París".

En la XIV Conferencia de Psicoanálisis de Lengua Francesa, presentó su investigación Algunas observaciones sobre la transferencia en los pacientes psicóticos, con carácter de relato oficial. Días después de ese evento, su colega Jacques Lacan lo recibió en su casa y le presentó a Tristán Tzara, su vecino de departamento. Ambos, admiradores de Lautreamont, se enteraron por Pichon de que el poeta había vivido durante largo tiempo en el mismo edificio que ellos habitaban. "Todo lo lautramoniano ha estado siempre cerca de mí", comentaba Pichon como una de sus anécdotas de viaje. Además, por su parecido físico con Eugene Ionesco, los compatriotas del dramaturgo lo paraban en las calles para saludarlo en romano, convencidos de que era el autor de La cantante calva, obra recién estrenada y que conmovía a París.

En nombre de los surrealistas, Breton le pidió que visitara a Antonin Artaud, internado en un hospicio del suburbio parisino, para que supervisara el tratamiento, dado que la salud del poeta se deterioraba día a día. "A pesar de mis deseos, por razones circunstancial es, no pude conversar con Artaud en el hospicio. Pero sí lo hice, extensamente, con el psiquiatra que lo atendía. Artaud me enseñó mucho. Cuando lo leo, me reconcilio con mi vieja aspiración de curar enfermos psicóticos, cosa que después lograría".

De París viaja luego a Ginebra para dictar una serie de cursos sobre el análisis en pacientes esquizofrénicos, un tema por entonces tabú. "Después, y a pesar de varios ofrecimientos de trabajo, decidí volver a Buenos Aires que era, y sigue siendo, la ciudad que más quiero, que más atractivos tiene para mí. Ya no puedo imaginarme viviendo en otra ciudad".

 

Vigencia de Pichon Riviere
Carlos Fumagalli

Enrique Pichon Riviere propuso articular con una visión y metodología dialéctica la estructura social y el campo psíquico, perspectiva que tuvo en su trabajo clínico una de sus fuentes de origen, estableciendo como unidades de análisis el vínculo y el grupo. Consideró al grupo familiar como el primer espacio de una estructura vincular que al internalizarse, siguiendo sus palabras por un "fantaseado pasaje", configuran el mundo interno como escenario en el que el sujeto reconstruye la realidad, constituyéndose así lo que denominó con originalidad "grupo interno", siendo el primero en hacerlo en nustro medio.
Pensaba la subjetividad como emergente de tramas vinculares condicionando el aprendizaje de la realidad, entendiendo que lo social se inscribe en la subjetividad con efectos y formas de determinación. Concebía al psiquismo como sistema abierto, profundizó en la comprensión del proceso creador, sistematizó principios y mecanismos que hacen a procesos psíquicos que rigen la conducta como estructura. Su teorización jerarquiza la interacción y los vínculos en términos de comunicación, aprendizaje y un nivel de significación inconsciente, considerando al sujeto "en situación" y como "producido" en interrelación con el contexto social.
En su pensamiento siempre estuvo presente un fuerte interés por el descubrimiento. A través de la psicología social abrió como espacio teórico "una nueva problemática" que hace a la condición del sujeto en relación a sus condiciones de existencia, a sus posibilidades de salud y enfermedad, avanzando en el desarrollo de un nuevo marco conceptual al poner en movimiento un modelo, que desde una posición crítica al reduccionismo instintivista, rompe con el psicoanálisis ortodoxo y la psiquiatría tradicional. En la actualidad, el análisis de las relaciones entre lo social y la subjetividad se ha constituido en campo de indagación y fuerte preocupación en las "Ciencias del Hombre", como las caracterizaba Picon Rivière, pero esta perspectiva no era frecuente en la Argentina de su época.
Con criterio epistemológico y de formación, al comenzar el ciclo de sus clases introducía la noción de ECRO como "aparato para aprender a pensar" desarrollando su sistema de psicología social como interciencia, en el marco Interdisciplinario de una epistemología convergente, como un sistema abierto de teoría y práctica, señalando la importancia de los métodos y la evaluación de la operación psicológica.
La vigencia del pensamiento de Pichon Riviere está también en su teoría de los grupos operativos y su modelo didáctico, como partes integrantes de la psicología social. Consideró al grupo como proceso con una visión dialéctica, con la tarea como finalidad, registrando la influencia del contexto, como interacción e interrelación entre sujetos en un interjuego de roles, sujetos que se incluyen desde su historia con su propio esquema referencial, como espacio de fenómenos transferenciales, con factores que lo organizan y con un funcionamiento manifiesto y latente en su estructura y dinámica. Propuso al grupo como un instrumento e hizo de la resolución de los obstáculos y elaboración de las ansiedades uno de los principios de la técnica de los grupos operativos como grupos "centrados en la tarea", dándoles un marco teórico con herramientas de análisis e intervención.
En este sentido es significativo un comentario del célebre psicoanalista francés Didier Anzieu cuando le preguntaron si conocía a Pichon Riviere y la teoría de los grupos operativos. Respondió: "Estaba adelantado a su época". Hoy, el pensa­ miento y la psicología social de Pichon Riviere están presentes en varias generaciones de discípulos en América y Europa, y tienen aplicación en distintos campos y ámbitos.

CARLOS FUMAGALLI. Licenciado en Psicología y psicólogo social.Docente de la Universidad del Salvador y de la Escuela de Psicología Social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hacia una psicología social

A mediados de la década del 50, Pichon comienza a redefinir conceptos provenientes del psicoanálisis y rompe con algunas premisas básicas freudianas y kleinianas. Ubica a la problemática fundamental del pensamiento psicoanalítico -la dinámica de los procesos conscientes e inconscientes- dentro de otra mucho más amplia: la interacción dialéctica entre individuo y sociedad. La profundidad de estas transformaciones teóricas se corresponde con la crisis personal e institucional por la que atraviesa. Se separa de su mujer, empuja a los psicoanalistas "del consultorio a la calle", y se distancia de la APA, entre otras razones porque se opone a que el psicoanalista deba ser titulado en psiquiatría. Sus investigaciones sistematizadas del campo social lo llevan a crear en 1955 el Instituto Argentino de Estudios Sociales (IADES), como catalizador de nuevos emprendimientos. Lo acompañan en esta tarea los doctores José Bleger, David Liberman, Eduardo Rolla y Fernando Taragano. Lleva a cabo en 1958, durante un fin de semana, lo que denomina "trabajo en una comunidad", y que se conocerá como la "experiencia de Rosario", en la que inaugura una técnica de terapia interdisciplinaria con métodos de indagación operativa en grupos formados por personas de características sumamente diversas. No transcurre un año cuando funda la Primera Escuela Privada de Psiquiatría, donde dicta el curso de "Psiquiatría Dinámica". Pichon avanza en la conceptualización de los grupos operativos e incluye los aspectos vinculares y grupales a la teoría de la enfermedad única.

A esa altura, su prestigio trasciende fronteras. La Asociación Psicoanalítica de Brasil lo nombra miembro titular de la entidad y le organiza un ciclo de conferencias. Crea los primeros "grupos operativos" en ese país y cuando en 1960 se realiza el 11 Congreso Argentino de Psiquiatría, como contribución al Año Mundial de la Salud, le tocará presidido. Dos años más tarde crea la Primera Escuela Privada de Psiquiatría Social.

Sus notas en la revista Primera Plana sobre la vida cotidiana -escritas en colaboración con Ana P. de Quiroga- son comentadas entre un público amplísimo. En sus clases piensa en voz alta, construye ideas, genera cuestionamientos, apela al humor, el desprejuicio, el manejo pertinente de la verdad, emplea lo que llama "enseñaje". Al mismo tiempo que se ha convertido en una moda del país psi, va siendo marginado por una nueva ortodoxia profesional, ahora kleiniana, que se instala en la APA. No obstante, la presión que ejerce la cultura innovadora de los 60 obliga a que se reconozca en Pichon a una de las figuras fundamentales del nuevo campo de la salud mental.


Última foto tomada a Pichón Rivière, donde se lo vé junto a Ana P. de Quiroga en el teatro Sha de Bs. As, 1977

El exceso de tareas, los múltiples compromisos y tensiones, hacen que Pichon caiga en una de sus crisis depresivas y se interne en una clínica de Córdoba, del doctor Gregario Berman. Su segunda esposa, la pianista Nidia Coca Carrió, muere en un trágico accidente durante el viaje que realiza para visitarlo. "Los médicos decidieron ocultárselo, y él, que preguntaba constantemente por Coca, comenzó a sospechar que algo grave sucedía", comenta a nómada Ana P. de Quiroga, compañera de los últimos doce años de la vida de Pichon. ·'Una tarde no aguantó más la situación, fue hasta el despacho del doctor Berman -un hombre ya muy mayor- cerró la puerta con llave y lo encaró: 'De aquí no salimos hasta que no me cuente qué es lo que pasa'. Pichon era un hombre de estatura regular pero fornido, que había practicado boxeo. Al verlo tan decidido, Berman le contó la verdad. Picha n me comentaría al recordar esos tiempos: 'Mirá lo mal que yo estaba: ¡podría haberle causado un infarto al pobre viejo!'''.

En 1966 se encuentra otra vez inmerso en un ritmo de trabajo incesante. Tucumán es por entonces escenario de las luchas de los obreros de los ingenios, ferozmente reprimidas por el gobierno militar. Pichon crea la Escuela de Tucumán y al siguiente año, en Buenos Aires, la Primera Escuela Privada de Psicología Social. Vuelve a Europa, esta vez como relator oficial del Congreso Internacional de Psicología Social de 1968.

El auge de las movilizaciones obreras, el Cardo bazo, y otras puebladas, aceleran y profundizan la maduración de sus treinta años de investigación que condensa en una obra mayor de la cultura argentina: Del psicoanálisis a la Psicología Social. "Desde el título, Pichon habla de un pasaje; más aun, de la re definición de un marco teórico, de la construcción de un nuevo esquema conceptual, referencial y operativo (ECRO), con un cambio sustancial de perspectiva en el análisis del acontecer subjetivo", señala Ana P. de Quiroga. "La publicación del libro hace difícil eludir un pasje teórico que muchos de sus discípulos no admitían. Muy pocos, poquísimos, pudieron o quisieron acompañado en la profundización del pasaje del psicoanálisis hacia una psicología defInida como social", indica Fernado Fabris.

Por esos tiempos, contrae una singular enfermedad en la glotis, que lo recluye por meses en el Hospital de Clínicas. Dado de alta, continúa dirigiendo su escuela, trabajando como psicoanalista e investigando siempre bajo una misma reflexión: "Estar en la tierra realizando una tarea concreta. Ésa es mi vida; una praxis permanente y en movimiento espiral".

Cumple 70 años en plena dictadura de Videla y en plena lucha contra la enfermedad que no lo abandona. Para sortear la prohibición de reuniones con más de diez personas, y como son decenas y decenas los que quieren saludar a Pichon, se le organiza un homenaje en el teatro Sha. Asisten más de mil quinientas personas convocadas boca a boca, para saludado. Luego de las ac­ tuaciones de Pepe Soriano, Tato Pavlosky y otros artistas y cantantes amigos, nadie quiere irse y aquello se convierte en una fIesta en la que, por una noche, el en tomo de represión y terror queda atrás.

Pichon muere el 17 de julio de 1977. Al día siguiente, La Opinión informará sobre "la desaparición de un protagonista de la cultura y de la ciencia argentina, Pichon Riviere, que introdujo por primera vez en el país la terapia grupal. El cortejo fúnebre partirá a las 10.30 de hoy hacia el cementerio de San Isidro donde serán sepultados sus restos". Entre otras semblanzas sobre su persona que publica una prensa amordazada por la dictadura, el periodista Ulises Barrera lo recuerda como quien hizo ver a los argentinos "que había que constituir el equipo de fútbol con un grupo sin tensiones, en el que los jugadores, antes de entrar a la cancha tenían que jugar en la cancha interna".

No era ésta la época precisa para hablar del posicionamiento ideológico de Enrique Pichon Riviere, de sus trabajos en el ámbito comunitario, ni de que durante toda su vida, como terapeuta, como docente, como investigador, señala Quiroga, "estuvo guiado por la idea de la unidad del enseñar y el aprender, de la validez de los saberes de cada sujeto, de la indisoluble relación entre la teoría y la práctica que le plantearon preguntas fundamentales y cuya respuesta lo llevó a la elaboración de lo que hoy, en el mundo entero, se conoce como Psicología Social Pichoniana"

POESÍAS DE PICHON
Existenciales

Todo lo que veo y siento es recuerdo o su sombra memoria densa e inquieta que me atiza
con cada paso transcurrido
Cajón desnudoque atesora silencios Que aún agazapados saben alcanzarme con destello a mi todo entre laberintos de imágenes que devoran mi pasar en lenta fragmentación de certidumbres y dudas
Ya que mi rostro de entonces ya no es el mío

Quieras confundir al desaliento de la incógnita callada que buscas despejar con presurosa curiosidad Pero ella no conoce precipitada entrega y sólo es máscara luminosa que gira y se deshace en fatigado abismo

Crueles evidencias del desgaste
Avizoran el horizonte del fin Presunción del viento y su polvo de cubririo todo
La huella inevitable del recorrido Hundida en tu propio seno de derrotadas ilusiones
Te empuja en destino incierto sobre la constelación del vano eco
Línea que te es fiel para quebrantar signos detenidos.

(Poemas de Pichon Riviere escritos en 1936, que fueron conservados por su amigo y compañero de estudios Miguel Jörg.)