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Kavolis:Evolución social y estilos modernos 
Extracto del libro: "La expresión artística "- Capítulo 13
Por Kavolis
Si podemos dar por establecido que las condiciones socioculturales influyen sobre la expresión artística, las principales orientaciones de la evolución social deberían reflejarse también (mediante los cambios en las disposiciones de la fantasía que ellas originan) en tendencias lineales identificables en el desarrollo de los estilos artísticos.
No hay duda de que en la historia de una sociedad o una civilización dada puede a veces invertirse el rumbo general de la evolución social. Por consiguiente, no puede exigirse continuidad a las tendencias artísticas presuntamente asociadas con la evolución social de una sociedad determinada. Pero si, en efecto, la evolución social influye sobre la expresión artística, la comparación de las principales etapas identificables del proceso evolutivo permitirá advertir diversos cambios, relativamente continuos, de la evolución artística, los que se acentuarán en los períodos de evolución más acelerada. La aparición de nuevos factores evolutivos influirá también sobre la expresión artística.
No obstante, cabe suponer que la subjetividad que comporta la respuesta artística permite que cualquier tendencia evolutiva se refleje en una gama total -aunque no ilimitada de características artísticas. Quizás esta gama pueda concebirse como la expresión de un continuo de respuestas artísticas -desde la aceptación y el reflejo directo hasta el rechazo y el reflejo inverso- frente a tendencias eolucionistas. A su tiempo quizá sea posible formular las condiciones específicas en que los artistas responderán a las tendencias evolutivas aceptándolas y reflejándolas, o rechazándolas e invirtiéndolas en los estilos de su arte. Esta tarea se convertirá en una de las más importantes, tal vez, de la sociología del arte al tratar los materiales recientes. La metodología utilizada en este capítulo difiere un tanto de la que se aplicó antes. En parte consiste en observaciones extremadamente generales sobre ,la dirección del desarrollo artístico en la secuencia evolutiva que se extiende desde las sociedades cazadoras, pasando por las agrícolas o comerciales, hasta las industriales. Pero el principal recurso metodológico aplicado aquí es la tentativa de demostrar que ciertas tendencias del arte contemporáneo, empíricamente observables, pueden relacionarse de manera significativa con las tendencias más generales de la evolución de la sociedad y la cultura humanas. La razón por la cual dichas tendencias son más visibles en los estilos modernos que en los anteriores reside en que la evolución social, por haberse acelerado mucho, resulta en sí misma notablemente más visible y tiene más probabilidades que otrora de impresionar la imaginación artística. Si bien esta metodología es muy especulativa (y es menester modificar las generalizaciones ofrecidas, mediante la referencia a los datos más concretos señalados anteriormente) , permite enunciar predicciones que quizá puedan comprobarse cuando los procesos futuros del estilo artístico se manifiesten con claridad.
Uno de los aspectos más obvios de la evolución social es el dominio cada vez mayor ejercido por el hombre sobre las fuerzas naturales. En los períodos de aumento radical de ese dominio, los estilos artísticos tienden al geometrismo. Pero en el curso de la historia dichos incrementos radicales se han producido solo en contadas épocas, no de manera constante (si ocurrirá o no lo mismo bajo las condiciones de la tecnología moderna, es otro problema). Por lo tanto, si bien el geometrismo constituye una de las características dd estilo, que desaparecen y vuelven a aparecer, el aumento (aunque a diferentes ritmos) del dominio humano sobre la naturaleza de una etapa evolutiva a otra, debería reflejarse en un aumento similar de la tendencia del hombre a imponer una pauta propia, un orden artificial a los objetos (naturales o no) descriptos en su arte.
Sin embargo, es probable que esa imposición de una pauta ocurra solo en la medida en que el hombre experimenta la sensaczón de un aumento de su capacidad de control. Si por una razón u otra -como en los períodos de catástrofes naturales o sociales, aparentemente incontrolables- el hombre pierde tal sensación de dominio, sean cuales fueren los procesos tecnológicos objetivos, se sentirá menos inclinado a imponer su propio orden intencional a los objetos descriptos, permitiéndoles manifestarse en forma natura. En cierta medida ésta parece haber sido la respuesta de los artistas contemporáneos que emplean como lenguaje expresivo combinaciones accidentales de formas mecánicas.
También es probable que el estilo artístico refleje los tipos de acción de las fuerzas específicas mediante las cuales el hombre intenta dominar a la naturaleza en determinadas etapas de la evolución social. Así pues, en los estilos creados entre las revoluciones agrícola e industrial tiende a sugerirse la acción lenta, orgánica, rítmica y claramente delimitada, característica de la labor de hombres, animales y plantas. En los estilos de la época industrial se sugieren con más frecuencia los tipos de acción explosivamente dinámicos, mecánicamente rígidos, concebidos arbitrariamente, que caracterizan a la fisión atómica, las máquinas, las reacciones de laboratorio. Sin embargo, el predominio relativo de estas características formales en el arte depende de que los artistas se identifiquen emocionalmente con el proceso total de industrialización, o lo rechacen.
Un aspecto evidente de la evolución tecnológica es el creciente poder destructivo de los armamentos. Esta tendencia, combinada en el período moderno con el «aumento de la violencia que ha acompañado a la modernización», puede generar inclinaciones hacia la destrucción de la forma en arte.
Una segunda tendencia evolutiva general, con ramificaciones muy numerosas, es el movimiento hacia una mayor diferenciación funcional en el orden social. Esa tendencia debería reflejarse ante todo en el aumento de la complejidad de los estilos artísticos.7 Sin embargo, una vez que la sociedad se vuelve tan compleja que no es posible abarcarla íntegra mente en determinada síntesis artística (o el artista no puede percibirla desde su particular punto de vista como un todo integrado), es probable que la complejidad artísti ca, en lugar de seguir aumentando dentro de la obra de arte individual, se expresará en una diferenciación mayor de las obras de arte entre sí, que determine la formación de estilos diversos pero paralelos en su desarrollo, o se concen trará en el sentido de lo fragmentario y de la incomprensi bilidad del total. De esa manera, la diferenciación social cada vez más acentuada se reflejará solo hasta cierto punto en la mayor complejidad de un único estilo (punto que puede definirse como «lo que el estilo lleva dentro de sí», es decir, su potencial de desarrollo complejo).
Una dimensión fundamental de la tendencia evolutiva hacia la diferenciación es la creciente autonomía funcional de los subsistemas básicos del orden sociocultural.Dos aspectos de ese proceso parecen tener particular importancia para el desarrollo del estilo artístico. Primero, la separación cada vez más acentuada entre la cultura y la estructura social (que se convierte en hecho destacado únicamente en las sociedades urbanas maduras, y en especial en las de carácter industrial avanzado), significa que las imágenes culturales de dichas sociedades guardan menor conexión con las condiciones objetivas de la vida social, y su «comprobación» mediante la referencia constante a dichas condiciones es menos asidua.
Si la cultura se afirma cada vez más en las experiencias y reacciones individuales antes que en las estructuras sociales objetivas, sus elementos pueden cobrar carácter más abstracto y subjetivo, y cierta «irrealidad» imaginativa. La separación entre la cultura y la estructura social determina la liberación de la imaginación creadora y, por otra parte, una creciente desconexión de la cultura y la vida social. Por ende, es probable que la falta de relación de la cultura con la sociedad sea percibida como la «falta de sentido»o el «absurdo» de la existencia del creador de la cultura -por lo tanto, por él mismo- para su propia existencia.
Como consecuencia de la separación cada vez más acentuada entre la cultura y la estructura social, es probable. que también los estilos se separen cada vez más de la «realidad social», se abstraigan más de las particularidades de un ambiente social, se conviertan en expresiones más subjetivas de la individualidad socialmente irrestricta del creador. Al mismo tiempo, las obras de arte tienden a mostrar se cada vez más «vacías de sentido», es decir, a proyectar un sentido «casual» o «accidental» de la existencia mediante cualidades correspondientes en su construcción y contenido.
El otro aspecto del proceso general de diferenciación entr los subsistemas del orden sociocultural, que tiene relevancia aquí, es la diferenciación cada vez más acentuada entre el arte y otros sistemas culturales, en especial la religión (con la cual aquél mantuvo un alineamiento particularmente estrecho en niveles evolutivos anteriores). Esta tendencia emancipa al arte de la necesidad de representar el contenido simbólico de otros sistemas culturales, y por consiguiente, lo libera para que se consagre a su dominio peculiar, a saber, la vida de las formas (que se independizan cada vez más en su contenido). Como consecuencia, el estilo artístico llega a ser al mismo tiempo menos simbólico y más puramente formalista.
En realidad, esta tendencia se invierte en las sociedades totalitarias, que subordinan el arte a las ideologías seculares modernas. En la medida en que permiten una diferenciación menos funcional de los sistemas culturales, puede admitirse que dichas sociedades se consideren menos avanzadas desde el punto de vista evolutivo, y cabe anticipar que su desarrollo futuro se orientará hacia la diferenciación creciente. Por otra parte, si no permiten que las fuerzas de la evolución social se manifiesten en la esfera de la expresión artística, es probable que rebajen la calidad de su realización artística y pongan en peligro sus probabilidades de conquistar una posición rectora dentro de la cultura internacional. Parece probable, pues, que las sociedades totalitarias maduras, por ejemplo la Unión Soviética, ofrecerán paulatinamente mayor campo a la influencia de la evolución social sobre sus sistemas culturales, al mismo tiempo que sus organizaciones políticas conservarán el carácter de dictaduras más o menos rígidas.
Como el arte está alejándose cada vez más (en especial en las sociedades industriales avanzadas), tanto de la estructura social como de los sistemas culturales que no tienen carácter específicamente artístico -es decir, de todas las condiciones que son relativamente universales en una sociedad, o por lo menos en grupos importantes de ella-, es probable que la evolución social determine que, frente a la situación prevaleciente en niveles evolutivos inferiores, la expresión artística se muestre más individualizada, más «privatizada», que se convierta en un medio más definido de autoexpresión, perdiendo el carácter de comunicación interpersonal generalizada de la sociedad en la cual se origina. Hasta ahora las civilizaciones industriales no han creado un estilo universal de arte superior, ni una interpretación integral de toda la civilización, como ocurrió durante las épocas gótica, renacentista y barroca.
Otro elemento del proceso de diferenciación funcional es la especialización más acentuada en el campo de la actividad artística: se trata no solo de una separación entre los roles artísticos y no artísticos, sino también de la diferenciación entre diversos tipos de roles en el ámbito de la actividad artística (artista, crítico, comerciante de arte, director de museo). El primer tipo de especialización significa que el artista está preocupándose cada vez más de los valores estrictamente estéticos, y separándose de las exigencias realistas de la «vida práctica». El segundo tipo refuerza esta tendencia afirmando al artista en un ambiente social que, en mayor o menor medida, también está consagrado a la «vida pura de las formas». Parece ser que, si un medio social que se especialice en la actividad artística no refuerza esta tendencia -probable, en teoría-, hacia el formalismo estético del artista estrictamente especializado,el propio artista no es capaz de desarrollar un estilo formalista puro, es decir, un estilo en el cual la forma de expresión elegido tiene una indudable prioridad sobre el contenido (hasta el punto en que puede abandonarse este último si el modo de expresión elegido no requiere su uso).
La creciente diferenciación de roles en el sector público de la sociedad (sobre todo el económico), de la cual la especialización en el ámbito de la actividad artística es un elemento, produce esta consecuencia general: el «yo interior» ya no puede consagrarse por completo a roles de especificidad estrechamente definida. De ahí que el sector público, con su definición universalista de los roles y su «orientación hacia la tarea» (task orientation) es considerado por el individuo como un factor extraño al yo. En realidad, la tendencia hacia la alienación respecto de los componentes formalmente organizados de la sociedad se encuentra compensada, en potencia, por compromisos más intensos con los elementos privados, espontáneos, de la existencia social, que constituyen su «estructura de intimidad»; en ésta se observa una definición singular de los roles adecuada a las características de la personalidad, y prevalece una orientación hacia lo «social-emocional A menos que el individuo desarrolle una falsa concepción del yo y se conduzca de acuerdo con ella,13 los roles en las estructuras de intimidad de la vida social pueden integrarse correctamente con el yo. Por supuesto, puede ocurrir que el individuo se vea privado de participar en las estructuras de intimidad, hecho que desde el punto de vista psicológico resultaría más perturbador que la alienación respecto del sector brganizado formalmente. Pero en la medida en que sí asume roles en dichas estructuras, hay probabilidades de que el arte creado (o preferido) por él sugiera que lo públicamente visible es psicológicamente extraño, y que solo lo que se experimenta en la intimidad posee significado emocional (en contraste, por ejemplo, con el arte del Renacimiento). Los estilos producidos bajo esta influencia deben tender hacia formas de expresión que, desde el punto de vista del observador, parecen herméticas.
Resulta posible sugerir una hipótesis más específica: la tendencia a compensar la paulatina burocratización de la vida pública mediante la atribución de mayor énfasis a la emoción sumamente personalizada y a las estructuras de intimidad de la vida privada, se reflejará en el campo del arte a través de oleadas periódicas de expresionismo intenso, y por medio de la infiltración de reflejos fragmentarios de las estructuras de intimidad del artista, no por su valor intrínseco (como en el arte religioso medieval o en el arte conscientemente nacionalista), sino como gestos tendientes a la afirmación de una identidad individual.
Merece señalarse que, mientras en el curso de la burocratización los roles del sector público se definen con creciente precisión, el sector privado se caracteriza por una tendencia hacia la atenuación de las líneas divisorias (por ejemplo, entre los roles de hombres y mujeres, de viejos y jóvenes), por el desdibujamiento de límites, por la apertura y la superposición de sistemas que tradicionalmente se definían con mayor nitidez. Por lo tanto, lo que se define con claridad es ajeno al yo, y lo que posee significación emocional es ambiguo. Puede suponerse que en los estilos modernos la definición clara de un objeto equivaldrá a su rechazo emocional, y la formulación ambigua será indicación de compromiso emocional.
La creciente diferenciación de roles puede determinar, además, una expansión del repertorio total de roles del individuo de manera tal que, si los toma en serio en su mayoría, le será dificultoso experimentar un sentimiento del yo como punto de referencia más o menos consecuente y original para su propia conducta. El fenómeno, peculiar de la edad moderna, de la cpérdida del yo» puede ser resultado en parte de la inundación de roles, en parte de una conciencia más amplia tanto de la diversidad cultural como de los niveles subconscientes de la personalidad individual, y en parte de la rapidez del cambio social que impide que la\ personalidad cristalice en un molde definido. Sea cual fuere la causa, la declinación del sentido del yo parece reflejarse, con referencia al estilo artístico, en la predilección por las formas impersonales y anónimas y por los materiales y las técnicas más impersonales (incluyendo la producción de arte por medio de máquinas antes que por la mano humana directa). Si este razonamiento tiene validez, la posibilidad de obtener un arte personalizado depende hoy en día ,del retraimiento relativo del artista, por lo menos durante los años de formación de su identidad (hasta el nivel del adulto joven), respecto de las estructuras sociales diferenciadas de manera más compleja, y aún, en cinto sentido, del rápido proceso de cambio social (cabe afirmar que un estilo es impersonal en la medida en que es expresión de reglas, o resultado de procedimientos que producell la misma forma de expresión, sea cual fuere la persona que los aplica).
Las artes mismas han tendido cada vez más a diferenciarse entre sí, Otro tanto puede decirse de ciertos aspectos el mismo arte: estilo, contenido descriptivo, significado simbólico, técnica. Pero en la evolución social, las tendencias hacia el aumento de la diferenciación funcional suelen ir acompañadas de una tendencia contraria hacia el aumento del alcance de la integración social. Sin perder su independencia, los elementos que han adquirido autonomía se agrupan en una relación interactiva de amplitud cada vez mayor. En el caso del estilo artístico esta tendencia quizá se refleje con particular claridad en los diversos y constantes intentos de obtener una «síntesis de las artes», y en la incorporación al arte de elementos provenientes de nuevas tecnologías productivas.
Debemos señalar que la integración de lo que previamente hemos diferenciado no es una síntesis espontánea, sino una articulación consciente de elementos, cuyos efectos pueden parecer un tanto «artificiales». Además, quizá pueda argüirse que, aún cuando se amplía el alcance de la integración en el curso de la evolución social, es posible concebir el aumento del grado de integración defectuosa dentro del orden sociocultural como una tendencia evolutiva también normal (pues cuanto más complejo sea el sistema de conducta humana más difícil será integrarIo de manera cabal). En la medida en que la integración defectuosa se experimenta como condición afligente, puede fomentar tendencias hacia «cualidades de abstracción, objetividad y frialdad en [la] percepción del mundo», así como una deformación de la realidad visible del estilo artístico. Si bien el sentido de fragmentación puede seguir siendo inevitable en las artes del futuro, los intentos por lograr integrar un alcance cada vez mayor y una más amplia variedad de componentes diferenciados del orden sociocultural probablemente persistirán, y es posible que representen una de las principales orientaciones del vanguardismo.
Una tercera tendencia evolutiva, consecuencia directa del mayor dominio sobre la naturaleza, que se manifiesta tanto en la diferenciación funcional como en el alcance de la integración, es la de aumentar la magnitud de la población contenida dentro de las sociedades con relativa autonomía. El crecimiento demográfico de una sociedad significa que el poder se ejerce en escala más amplia, es decir, sobre más personas, y probablemente de manera más centralizada. El aumento de la escala del poder guarda congruencia psicológica con la tendencia hacia las formas artísticas monumen tales, el aumento del número de personas que viven la experiencia de la repetitividad de los seres humanos. Por lo tanto, parece probable que un brusco aumento de la población dentro de un orden social origine una preocupación de la fantasía por dimensiones amplias y formas repetidas, tendencia evidente, asimismo, en los imperios preindustriales.
Sin embargo, el historial de esos imperios sugiere también que una población numerosa no es en sí misma una influencia despersonalizadora. Los imperios tradicionales imponían una estructura política muy ordenada, pero tendían a conservar la mayor parte de las estructuras comunitarias y culturales diversificadas localmente, con un grado limitado de diferenciación interna en cada comunidad. Esta actitud excluía por lo general la aparición de la «sociedad de masas», característica de las civilizaciones industriales totalment burocratizadas. Por consiguiente, los estilos artísticos de los antiguos imperios, si bien tendían a las grandes dimensiones y a la repetición, eran menos impersonales que algunos estilos modernos.
La revolución industrial ha puesto en marcha una tendencia evolutiva, el movimiento hacia el populismo, o sea, una creciente participación de las masas (más exactamente, de la baja clase media y la capa alta de la clase inferior) en la vida nacional, una conciencia Y una sensibilidad cada vez mayores de las masas en las ciudades capitales frente a los procesos que entrañan decisiones políticas y fijación de tendencias culturales. Aunque esta tendencia no significa necesariamente que las masas estén adquiriendo mayor poder «real», de todos modos puede suponerse que acentuará la preocupación artística por lo «corriente» y lo «habitual», reflejada en el contenido, el estilo y la elección de materiales. Pero los efectos de la riqueza -en rápido aumento- de las sociedades industriales avanzadas sobre las disposiciones de la fantasía pueden contrarrestar hasta cierto punto esta preocupación. Una posible conciliación del populismo con la riqueza se da en el uso del contenido «habitual» y aun trivial, presentado de manera costosa (a gran escala y en forma espectacular). En realidad, esto resulta menos probable en el arte de vanguardia, aunque más no sea porque hasta ahora sus creadores no han podido disponer de gran riqueza.
Es probable también que la tendencia hacia el populismo determine una expansión general de público de arte y popularice los gustos (generalmente de nivel medio más que proletarios) que determinan en mayor medida las tendencias artísticas. Una de las consecuencias de mayor importancia en cuanto al gusto popular es la atenuación de la línea divisoria entre el arte (en e! sentido refinado) y lo que eno es arte». Es probable que este fenómeno ahonde la incertidumbre del artista, que ya no se orienta hacia una minoría definida, a cuyo gusto atribuye el carácter de norma legítima, sino hacia un público amplio y voluble, que carece de sentido certero en cuanto a las normas artísticas o aun a su propio gusto. Es probable que e! artista reaccione con exageración ante su propia incertidumbre, apelando a actitudes combativas y estridentes, dispuesto a llegar a extremos que se reflejarán en su estilo.
Una tendencia efectiva hacia el populismo presupone el perfeccionamiento educativo de la población. Puede suponerse que los efectos de esa elevación cultural del público de arte compensarán hasta cierto punto los de su expansión, en lo que atañe a la demanda de calidad y a la capacidad de juzgar. En el campo de la expresión artística, la elevación de los niveles educativos podría reforzar las tendencias hacia lo problemático, lo alusivo, lo no utilitario y lo abstracto.
Una sexta tendencia evolutiva es la que propende al aumento de los contactos entre tradiciones culturales diferentes, consecuencia, en parte, de la mayor movilidad social y geográfica dentro de la sociedad en que se vive. Pero los efectos totales de esta tendencia se sienten en la medida en que las diferentes tradiciones culturales de otras sociedades se vuelven inmediatamente asequibles para los miembros de una sociedad dada, es decir, en la medida en que resulta posible aprender a leer y escribir, utilizar los medios masivos de comunicación, la educación intercultural y la reproducción barata de productos culturales de todas las regiones del mundo, y en que se aprovechan estas facilidades. Así pues, solo en el siglo XX pudo esta tendencia llegar a convertirse en un factor poderoso e influyente sobre la mentalidad cultural en general, y sobre el estilo artístico en particular. Es probable que dicha tendencia evolutiva interactúe con la que propende a la mayor diferenciación funcional interna, promoviendo la diversidad de! estilo artístico. Pero su efecto más notable será, a todas luces, un debilitamiento de las convicciones heredadas y la tendencia consiguiente (quizá temporaria) hacia la ambigüiedad, la inconsistencia, la relatividad y un sentimiento de lo accidental y lo incomprensible.
Por otra parte, también es probable que la conciencia cada vez más acentuada de la relatividad de las culturas estimule la búsqueda de «universales culturales», es decir, pautas básicas que no se circunscriben a un tiempo y un lugar determinados. En un mundo que ha adquirido conciencia de la relatividad de todas las formas específicas de vida, los universales culturales continúan siendo la única base convincente de certidumbre. Tanto el arte abstracto, en su falta de referencias a un ambiente histórico concreto, como ciertas variedades del arte pop, en su explotación de un tipo de contenido que los modernos medios masivos de comunicación han universalizado, constituyen ejemplos de la tendencia a buscar pautas universales. (En la búsqueda de universales la concentración en los elementos más sencillos de las situaciones y los medios humanos, que probablemente serán los más repetitivos, constituye una alternativa del abstraccionismo. )
La aparición evolutiva de nuevos medios de comunicación (tipos móviles y medios electrónicos) influirá, a no dudarlo, sobre los modos de percepción más que otras funciones de la personalidad: el arte más que otros sistemas culturales, y el estilo más que otros aspectos del arte visual. Como sugirió McLuhan, el tipo móvil contribuyó a la rigidez de la percepción y el estilo, y los medios electrónicos a la fluidez, el cambio rápido y la importancia asignada a lo momentáneo, tanto en la percepción como en el estilo. Sin embargo, estas tendencias ya se manifiestan en el impresionismo. No fueron iniciadas por la revolución electrónica. Por último, la aceleración del cambio socio cultural, aunque no sea una tendencia irreversible, de todos modos ha tendido a asociarse con la evolución social. En el siglo XX esta aceleración ha creado una percepción general del cambio como algo «auténtico» y de la estabilidad como una rigidez estructural que restringe artificialmente a las fuerzas transformadoras. «La tendencia fundamental de este complejo proceso es la declinación de la creencia en el carácter estable, objetivo y permanente del mundo externo.» Por consiguiente, «ya no se visualiza al espacio como un recipiente estático de cosas, sino más bien como un "campo de fuerzas innumerables", en el cual se crean y recrean constantemente la forma y el significado de las cosas».
Si bien esta percepción se manifiesta de manera más general en las élites artísticas (y en las intelectuales) que en el público en conjunto, son precisamente aquellas las que crean, interpretan e institucionalizan las innovaciones artísticas; por lo tanto, es probable que el estilo artístico refleje la respuesta subjetiva de dichas minorías a la aceleración del cambio sociocultural (y quizá contribuya a popularizar esta respuesta entre quienes se interesan por el arte moderno). Una de las respuestas artísticas al carácter cada vez más novedoso de las tareas sociales es la preocupación por la innovación en el campo de la expresión artística, y la tendencia a rechazar sus formas anteriores (por recientes que ellas sean), afirmando que ya no son «vitales». Es ésta la única tendencia evolutiva cuya inversión resulta verosímil merced a procesos sociales normales (por oposición a los catastróficos), con la estabilización de las sociedades industriales avanzadas.
Podremos comprender mejor las características nuevas y peculiares del arte moderno y que éste no comparte con los estilos de otras épocas, si las concebimos como reflejos más o menos fieles de las disposiciones de la fantasía conformadas por los procesos de evolución social y por el desarrollo de nuevos factores evolutivos asociados con la industrialización. Es probable que las tendencias evolutivas se reflejen en el estilo artístico en grado significativo solo cuando alcanzan cierto punto o determinada velocidad. Cuanto mayor sea la velocidad de manifestación de los cambios evolutivos, más probable será que graviten sobre las disposiciones de la fantasía, y por consiguiente que se reflejen en los estilos artísticos. De esa manera, si bien puede presumirse que los factores evolutivos han influido sobre los estilos artísticos de todos los tiempos, tienen particular gravitación en el arte del siglo XX. Más aún, es presumible que el arte moderno en general haya sido influido en mayor medida por las experiencias derivadas del cambio evolutivo recientemente acelerado, y por las reacciones frente a éste, que por cualquiera de las restantes variables socioculturales; entre ellas, las orientaciones de tipo cultural parecen haber cumplido un papel particularmente decisivo, sobre todo como determinantes de respuestas subjetivas al hecho masivo de la evolución social. No obstante, en la medida en que tales respuestas constituyen la definición de su significado humano, las artes siguen cumpliendo una función social vital, no solamente porque reflejan determinadas condiciones socio culturales, o influyen sobre ellas, sino porque interpretan (y por lo tanto, tal vez determinan) el sentido humano de la evolución social. |
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