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Annemarie Heinrich:
Revelar la escencia


Extracto de la revista "Fotoptica IN"-Nº4 /Ago. 2008- Pág.30-33

 

 

Divas, estrellas de la época de oro del cine argentino, actores de teatro, los principales exponentes de un ambiente artístico en ebullición. También personajes de la danza y la cultura, Todos se rindieron a sus pies, o, mejor dicho, ante su lente, con la que podía captar rasgos que revelaban la esencia de esas grandes figuras a través de una pose o un gesto.

 

Annemarie Heinrich prácticamente inauguró un nuevo género fotográfico en el país, y, entre muchas otras cualidades, tuvo la virtud de saber captar ese instante mágico en el que el retratado queda completamente expuesto, sin defensas, frente al otro.

Desarrolló durante muchos años una extensa y prolífica carrera profesional, pero no sintió a la fotografia como una vocación marcada, sino que se inició en ella casi por casualidad. Nacida en Alemania en 1912, vivió en Berlín con su familia hasta los catorce años. Su padre, que era concertista de violín, se vio obligado a marchar al frente durante la Primera Guerra Mundial.

Cuando en 1926 la familia Heinrich decidió dejar Alemania, anticipando que se desencadenaría un nuevo conflicto bélico, emigró a la Argentina. Así, Armemarie, su padre, su madre y su hermana Úrsula se instalaron en Larroque, Entre Ríos, donde estaban radicados familiares suyos de origen holandés; allí vivieron en el medio del campo, en una casa con piso de tierra y con las pocas cosas que pudieron traer desde Europa -entre ellas, un piano de cola-. En el campo, el tío de Annemaire se ganaba la vida como fotógrafo, viajando en sulky a veces varios días para llegar a un bautismo, cumpleaños o casamiento. Ella decidió acompañado para aprender un oficio, y porque para desarrollar esa tarea no resultaba un impedimento su desconocimiento del idioma español.

A los pocos meses de llegar a Entre Ríos, el padre de Heinrich entendió que debía probar suerte en Buenos Aires. Y así, mientras estudiaba nuestro idioma, Annemarie comenzó a trabajar como aprendiz en varios estudios fotográficos de la ciudad, cuyos propietarios eran alemanes, holandeses y austríacos.

Durante aquellos pasos iniciales Annemaire aprendió a ordenar archivos, limpiar el estudio y preparar los químicos, pero también comenzó a interiorizurse en las técnicas del retoque y el copiado. En 1930 instaló su primer estudio y laboratorio en un cuarto de su casa. Comenzó retratando a vecinos y haciendo fotos carnet, pero como en ese entonces sólo le pagaban quienes quedaban conformes al ver la foto final, eran tiempos difíciles en lo económico. Muchas veces, después de hacer las tomas para un encargo, Annemarie debía empeñar su cámara para poder comprar los químicos y papeles necesarios para el revelado. Luego, al cobrar las fotos, la rescataba del empeño y seguía trabajando.

El mundo de las estrellas

A los pocos años de comenzar a trabajar en forma independiente, pudo montar su primer estudio en un lugar propio, en el centro porteño. Uno de sus maestros, Sivul Wilensky, la recomendó para trabajar en la revista Mundo Social, en donde retrató a los personajes más encumbrados y aristocráticos de la sociedad de aquella época.

De las páginas de esa publicación pasó luego a trabajar para otros medios gráficos, iniciando así su vínculo con las estrellas del espectáculo.

En 1934, al ganar cada vez más reconocimiento en el ambiente artístico, comenzó a fotografiar a las bailarinas del Teatro Colón para la revista El Hogar, y poco tiempo después a figuras del tango. Un año más tarde, el editor de esa revistta lanzó otra que se convertiría en la más famosa del mundo del espectáculo: Radiolandia. Allí, dueña ya de un estilo propio, Annemaire realizó las fotos de tapa desde el primer número y por más de cuarenta años.

Más que fotógrafa, una artista apasionada

Annemaríe Heinrich se fue transformando de este modo en la creadora de un género nuevo en Argentina, que, al igual que en otros países, fue creciendo en forma paralela al desarrollo de la industria del cine y de la radio. Además, articuló en su trabajo los conocimientos que había adquirido debido al interés que sentía por la escenografía, las artes plásticas, el teatro y la danza.

Junto a la pasión que expresaba en cada una de sus fotografías, se destacó también por la técnica empleada, ya que experimentaba y utilizaba con sorprendentes resultados distintas e innovadoras formas de iluminación, ángulos y tomas, que le permitieron una mayor libertad expresiva. Pero, el gran secreto en la obra de esta genial artista residía en la especial sensibilidad que tenía para conectarse con el personaje que debía retratar. Mediante esa cualidad podía descubrir su esencia en un instante en un brillo de sus ojos, un movimiento de las manos o un fugaz gesto.

En 1937 fue convocada por el fundador de la compañía cinematográfica Argentina Sono Film para realizar las imágenes publicitarias de sus películas, tarea que llevó a cabo durante la época de oro del cine argentino. En aquella época, destacar en una foto la tersura de la piel, la sensualidad de los labios, disimular defectos o arrugas y hasta modificar el brillo de los ojos era una tarea sumamente complicada. También en el arte del retoque, Annemarie Heinrich brilló con luz propia.

Así como se destacó fotografiando a las divas y figuras del espectáculo, Heinrich también se adentró con extraordinarios resultados en otros campos, como en la fotografia de moda.

El desnudo fue otro de los géneros en los que incursionó, siempre dentro de su constante búsqueda de la armonía y la belleza, lo que la llevó a tener que luchar contra algunos preconceptos culturales. Pero sin duda, una de las grandes pasiones de Annemmie fue la fotografia de danza, a la que siempre, desde sus comienzos, le dedicó parte de su tiempo.

A lo largo de su vida recibió una enorme cantidad de premios por su trabajo, como así también distinciones y diversos homenajes. Hacia 1996 se retiró oficialmente y dejó de fotografiar, aunque siguió activa hasta 2001 con distintas ocupaciones. Falleció en septiembre de 2005, a los noventa y tres años. Annemmie Heimich fue mucho más que una pionera, creadora de un género y un estilo personales, maestra de discípulos y extraordinaria artista, por eso, como hizo con sus más logradas obras, su imagen aún hoy sigue viva.