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LA CONSAGRACIÓN DE LEÓN FERRARI
Extracto de la revista "D&D Arte"
Nº 4- Mayo 2007
Por Victoria Verlichak
La riqueza temática y estética de su obra invita al espectador a mirar más allá, a pensar, a sentir, a sumergirse en un universo de audaz experimentación y brillante inteligencia de irreverencia, erotismo y fina perspicacia.
Es prodigioso lo que ocurre actualmente con la vibrante y desafiante obra de León Ferrari (Buenos Aires, 1920). Sus obras -collages, tintas, esculturas, heliografías, "brailles", objetos e instalaciones- son reclamadas y celebradas intensamente por críticos y curadores, artistas y público de todo el mundo. El artista se ocupa de la poesía, discurre acerca del espacio y la forma, explora enigmas y metáforas, diseña ciudades imposibles, impugna a las instituciones religiosas y militares que tratan de monopolizar "la verdad revelada".
Ferrari es un artista que utiliza la provocación intelectual, la apelación a la reflexión política, cultural, social y los juegos visuales con productos de consumo para realizar una obra que participa de la ampliación del concepto de arte. El filósofo Arthur Danta argumenta que "hoy ser un artista es filosofar a través de medios visuales".
Iconoclasta, el artista filosofa. Tras sesudas investigaciones en los textos sagrados yenla iconografía de los grandes maestros del arte europeo, el artista exhibe un pensamiento agudo e irónico sobre el autoritarismo y la crueldad de "la civilización occidental y cristiana". Sus obras poéticas, combativas, complejas, corrosivas, juguetonas, se ocupan de todo lo humano y divino.
Multifacético e inquieto, Ferrari también trabaja con la abstracción y con piezas que poseen una entrañable y sensible relación con la música.
EL RECONOCIMIENTO
Ferrari atraviesa un momento artístico espléndido. Aun cuando comienza a trabajar y exhibir a mediados de los años Cincuenta, y realiza un trabajo relevante aquí durante los Sesenta, su obra recién crece sostenidamente en la consideración de muchos siete u ocho años antes de la polvareda que suscita el intento de censura a su retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta (2004). Luego, los coleccionistas también 10 descubren. Pero en Brasil, donde vive cuando parte al exilio en 1976 y hasta 1991, es reconocido tempranamente.
| Retrato de León Ferrari por Paloma Zamorano
Ferrari, c.1990 |
Obstinado y discerniente, no se presta a cualquier juego. Rechaza invitaciones e impone sus condiciones. Sin embargo, actual y simultáneamente, la obra de este ingeniero autodidacta se programa para los encuentros artísticos más notables en los lugares más diversos, como la Bienal de Venecia, la Bienal de Valencia, el Museo de Arte Contemporáneo de Chile (con su obra de la Bienal de San Pablo 2006), Documenta en Kassel, Bienal de Sydney en 2008.
Su individual en el Museo de Arte Moderno de Nueva York es en 2009. Más acá, en arteBA se encuentra representado por su nueva serie de "músicos" de poliuretano en la galería Ruth Benzacar.
 
| "Autopista del sur", 1980. Heliografía 100x100 cm. |
"Sin título", 2003. Caja con escritura sobre vidrios, alambres. 41x50.5x12 cm. |
Cuando el director general de la 52ª Bienal de Venecia (inaugura el 10 de junio), Robert Storr, es invitado a Buenos Aires por Fundación Proa para conocer la escena artística en 2006, el nombre de Ferrari figura al tope de su lista. Luego de visitar al artista, Storr lo invita a la gran muestra internacional "Pensar con los sentidos - Sentir con la mente. Arte en tiempo presente". Así, lo primero que el visitante habrá de ver al ingresar al pabellón de la gran exhibición es un conjunto de "ferraris", que incluye su icónica pieza de 1965 "La civilización occidental y cristiana"; además de varias heliografías y collages de las series "Nunca más" y L Ósservattore Romano", y las recientes "Espectador", "Huesos".
 
| "Saxofón", 2006. Espuma poliuretánica, madera y saxofón,
160x70x50cm. |
"Huesos", 2006. Huesos de poliuretano y alambre.
165 x 80x 70 cm. |
El "León" no se domestica. Sigue pensando, ahora como hace 60 años, que "nuestra tan admirada cultura cimentó patrañas" y es "la madre de la violencia" que se vive. Ferrari se divierte cuando opinan sobre su obra, que ciertamente tiene una dimensión espiritual. "La gente ofrece explicaciones y razones sobre mi trabajo, pero nadie contesta lo que yo digo, (...) señalan que [en el fondol soy un buen católico".
Claramente, el artista disfruta con el reconocimiento que recibe; pero, sonríe y calla sabiamente. Deja que otros especulen sobre el significado profundo del comportamiento del público sencillo o conocedor, de los expertos y teóricos del arte, y del interés del mercado, de los galeristas y coleccionistas, frente a su compleja y diversa obra.
ALGUNAS OBRAS
Con el entusiasmo de un jovencito, a los 87 años Ferrari muestra a D&D sus nuevas obras de poliuretano, encantado con la textura y los vivos colores que resultan al trabajar con esa espuma plástica porosa que se expande y hace crecer sus recientes esculturas de formas impensadas y apariencia orgánica -hongos nucleares, ciudades, personajes-, a las que adosa multiplicidad de objetos: lauchas y gatos, pájaros y palmeras, instrumentos musicales, ojos. La otra serie parece señalar el escándalo de la pobreza y se compone de esqueletos desarticulados, de huesos de poliuretano y alambres, colocados a la manera de las abstracciones que se exhiben en edificios de corporaciones. Ferrari explica que estos poliuretanos vienen de una serie llamada "atados con alambre", el sostén de esas representaciones alucinadas.
 
| "Hombre", 1962 (maqueta).Escultura de acero inoxidable, 70x35x35 cm. |
"Sin título", 1962. Pluma, tinta y témpera sobre papel. 48x 36cm |
Fascinado también con las posibilidades de la plasticola de colores con purpurina, la aplica con espátula para crear relieves o la usa para transcribir descripciones de los "infiernos" según los santos, sobre vidrios y telas. Asimismo, utiliza el recién descubierto (por él) delineador textil con el que traza incomprensibles palabras del evangelio, desdibujadas porque chorrean.
La utilización del alambre y de la escritura viene de larga data. En 1959 inicia sus esculturas en metal, al tiempo que comienza con "dibujos aéreos" con cables de acero o de bronce, también en cajas en donde incluye otro tipo de elementos, dando paso a los más recientes "artefactos para dibujar sonidos", que crean hechos musicales, visuales y táctiles.

Su temprana elección por la escritura -"una disciplina adoptada en 1962 por invitación de Arturo Schwarz en Milán"- le permite una exquisita experimentación. Son "dibujos escritos ordenados en renglones remedando la escritura tradicional", dice. Sobre papel y tela o soportes inusuales -en Braille sobre dibujos eróticos, fotos o pinturas religiosas de los maestros, vidrios superpuestos-, las movedizas letras y palabras evocan la memoria, critican al militarismo y al cristianismo. Las siluetas de mujeres son también el campo donde dibuja poemas de Borges o de Breton y textos del Deuteronomio o el Cantar de los Cantares.
Ferrari también trabaja en instalaciones y collages con imágenes no consagradas de color religioso. Se apropia de obras de Giotto, el Bosco, Dante Alighieri, Boticelli, Fra Angélico, Miguel Angel, Rafael, Tiziano, y de muñecos de escaso valor comercial y utensilios domésticos para utilizarlos en su cuestionamiento a la interpretación y al uso que se hace de la religión para, en su nombre y con la amenaza del infierno, imponer conductas sociales e individuales.
En este sentido se pueden leer sus ilustraciones de los fascículos del Nunca más (Página 112, 1996), donde utiliza el collage -material de prensa, fotos e imágenes de la pintura universal para denunciar a la última dictadura (1976-1983) y profundizar en la perversidad y el abismo que significa el terrorismo de Estado en la vida de todos.
| "La civilización occidental y cristiana", 1965. Plástico óleo y yeso, 200x120x60 cm. Fotografía: Ramiro Larraín |
A partir de 1979, en San Pablo, Ferrari imagina un delirante paisaje que subraya la neurosis de la ciudad moderna. Son, mayormente, heliografías sobre papel de plano en donde obsesiva y artesanalmente, el artista utiliza sellos (autos e inodoros) y letraset (letras y animales) para componer plantas de habitaciones y una ciudad absurda e irracional.

Más allá de lo artístico, el infierno y los indecibles padecimientos que allí se prometen son un motivo de preocupación para el artista, que desde hace años realiza una campaña dirigida al Vaticano, para darlos por abolidos.
Hombre de familia, siempre acompañado por su esposa Alicia, el generoso artista se ocupa de su descendencia pero también de difundir la vasta obra de su padre, Augusto C. Ferrari, apreciado arquitecto y pintor de panoramas y de iglesias. Entre otras obras, es autor de la remodelación de la iglesia San Miguel en Buenos Aires (ahora muy deteriorada) y de más de 100 pinturas destinadas allí. En una de ellas, "Las bodas de Caná", se distingue al propio Augusto y a su mujer Susana, posando.
Las fotografías cuyo crédito no figura en el epígrafe pertenecen a Gustavo Lowry y Adrián Rocha
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